José Miguel Onaindia estaba terminando el liceo cuando la Comedia Nacional se presentó en el teatro Cervantes de Buenos Aires. El joven argentino se deslumbró y hoy, a los 60 años, aún recuerda la actuación de Estela Medina en Tartufo de Molière. “Fue uno de los momentos teatrales que me marcaron”, comenta desde su coqueto apartamento situado frente a la plaza Zabala, en compañía de sus dos gatos, Pavarotti y Lupe.
Con Uruguay tengo una relación desde mi adolescencia. También vine en 1999 como corresponsal de un programa de radio para cubrir el balotaje entre (Jorge) Batlle y Tabaré (Vázquez). Siempre fue un país en el que me sentí muy cómodo y al que le tengo una gran admiración por su organización política y social y su grado de libertad y de respeto. Creí que era un ambiente más propicio vivir aquí que en Buenos Aires, donde no tengo rotos los vínculos porque sigo dando clases en la UBA y atendiendo mi estudio de abogados. Voy cada 15 días.
¿Estaba cansado del ritmo de Buenos Aires?
Sí, del ritmo y en particular del clima muy ríspido social y político. Pensé que era mejor (mudarme) porque no está en mi espíritu la confrontación permanente, me gusta más dialogar y consensuar y discrepar si hay que discrepar con civilidad y respeto. Me parece que esos lazos nunca fueron muy sólidos en Argentina, que es un país con un componente autoritario mucho más fuerte que Uruguay. En realidad, Uruguay es una perla dentro de Latinoamérica. Argentina tiene una tradición de poca tolerancia al pensamiento contrario y esto se ha acentuado en los últimos tiempos.
¿Se sintió mucho en el ámbito de la cultura?
Se sintió especialmente en la división entre las personas que adhieren y las que no adherimos al gobierno. Vine a Uruguay por razones ecológicas, pero no por razones de ecología natural sino social.
Sin embargo hay muchos actores que se alinean abiertamente con el kirchnerismo. ¿Por qué cree que es así?
Hay una necesidad de manifestar una adhesión que no es necesaria y al estar casi todas las instituciones culturales tan dependientes del gobierno, la no militancia o adhesión despierta alguna sospecha de represalia, aunque no digo que las haya. Y en determinados núcleos el no ser ferviente adherente al gobierno es visto como una situación denigrante.
¿Cuáles han sido los cambios en la programación desde que usted está en el Solís?
Lo que más me interesa es lograr una mayor proyección internacional del teatro, una mayor integración de artistas uruguayos con extranjeros, por eso me interesó mucho el proyecto Dos Orillas, que fue esta propuesta de teatro español que dio como primer espectáculo Tirano banderas, que implicó la participación del Solís en una coproducción internacional de muchos teatros iberoamericanos. La performance de Fernando Rubio también es una propuesta de un director extranjero pero que se concreta con artistas uruguayos. La piedra oscura –que se estrena hoy (ver recuadro)– es un texto de un joven dramaturgo español, pero estrenado por primera vez en Montevideo. El camino de las artes escénicas en el siglo XXI es un camino de integración.
¿En qué lugar ubicaría al Solís en comparación con otros teatros de América Latina?
Yo creo que el Solís, y esto lo digo con la libertad que me da que no se pueda confundir con un exceso de nacionalismo, es una institución privilegiada y atípica. Es un teatro que funciona y esto lo dicen todos los elencos que pasan de Europa y América. Es un orgullo para Uruguay y la región. Dicho esto creo que hay que pensar en hacer un plan de renovación tecnológica y de mantenimiento de la infraestructura y ver qué hay que mejorar. También creo que es un enorme valor el contar con la Orquesta Filarmónica y la Comedia Nacional.
¿Lo de la Comedia Nacional no es común en el mundo?
La Comedia Nacional es prácticamente el único elenco estable que hay en la zona. Argentina disolvió la Comedia Nacional y el elenco estable del teatro San Martín. El valor que tiene un elenco que pueda pasar de Lope de Vega a Florencio Sánchez es un valor único. ¿Cómo ve el teatro en relación con el público?
Hay un muy alto nivel de ocupación de salas. No solo en el Solís. Me parece que sería muy bueno desarrollar un sistema de observatorio cultural. Y Montevideo tiene lo que muchas ciudades no, que son los planes de promoción y accesibilidad. Me dan profundo placer las funciones donde hay 100 o 200 alumnos de la escuela Secundaria, es una forma de crear espectadores.
¿Qué opina del Plan Nacional de Cultura?
Indica que la dirigencia política ve que la cultura es una cuestión de Estado.
¿Qué ha visto últimamente que pueda recomendar?
En Buenos Aires hay un trabajo muy interesante de Ana Katz , Pangea, y después hay un espectáculo de un texto de Paco Urondo, que se llama Muchas felicidades. En Uruguay vi un trabajo que me pareció una puesta de gran rigor: Demonios, de Marianella Morena. Y lo de Mariana Percovich, Proyecto Felisberto, fue un espectáculo extraordinario.
Teatro en el Solís
Hoy a la hora 20.30 se estrena en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís La piedra oscura, del español Alberto Conejero y con dirección del uruguayo Alberto Zimberg. La obra está Inspirada en la vida de Rafael Rodríguez Rapún, compañero de García Lorca en sus últimos años. Se exhibirá los días 13, 16, 17, 18, 19 y 20 a la hora 20.30. Precio: $ 300. Este jueves de Semana Santa se estrena La visita de Friedrich Dürrenmatt, por la Comedia Nacional, con dirección de Sergio Renán.