22 de junio de 2011 19:55 hs

Una vez más los especialistas se enfrentan a las polémicas decisiones sobre el patrimonio nacional. Este miércoles por la tarde se analizó la lista de nuevos bienes, realizada por el Instituto de Historia de la Arquitectura de la Facultad y difundida a partir del día de hoy. En total suman 115, e incluyen viviendas particulares, edificios, comercios, escuelas, hoteles, iglesias, un panteón y hasta una farmacia y un quiosco policial. El propósito de incluirlos en la lista es aumentar su protección, que se lleva a cabo en distintos grados (del 1 al 4, según se proteja el bien en su totalidad o sólo una parte). Se encargan de ello las intendencias o la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación.

Legislación dura
El profesor Jorge Nudelman fue uno de los que se reunieron ayer. Integra el Instituto de Historia de la Arquitectura y explicó a El Observador los pormenores del proceso por el cual se decide que algo comience a ser catalogado como patrimonio. Según Nudelman, la legislación en torno al patrimonio generó algunos problemas por su radicalidad. Es de los años 70, y por momentos parece “muy dura”. Como las normas muestran cierta debilidad al no poder amparar algunos casos, es necesario volver a recordar a los organismos el valor arquitectónico o histórico de piezas que se encuentran a lo largo y ancho del territorio nacional.

Algunos de la lista

Hotel Nirvana
Liceo Zorrilla
Club Nacional de Fútbol
Comercio Pablo Ferrando
Edificio Campanille
Sanatorio Americano
Viviendas Carve
Colegio Lamennais

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En principio, todos los ciudadanos tienen derecho a nombrar un bien como monumento histórico nacional, aunque naturalmente prevalecen las propuestas de los más entendidos en el tema. La sugerencia se direcciona a la Comisión del Patrimonio Cultural y ésta la delega en un representante de la Universidad de la República.

Polémica
Hace pocos días un grupo de estudiantes y docentes de la Facultad de Arquitectura protestó por la destrucción de dos casas en el cruce de las calles Ponce y Palmar, diseñadas por Román Fresnedo en 1946. Llamaron a su iniciativa "El último croquis", y dibujaron las viviendas poco antes de que fueran demolidas. A la queja se sumó el profesor y arquitecto Conrado Pintos a través de una carta. Aunque careció de gran repercusión, el caso reavivó la toma de conciencia sobre la vulnerabilidad legal de ciertos edificios valiosos, como la casa Martirena-Dighiero o Solana del Mar, hoy alterados e incluso en proceso de demolición, o el caso reciente del edificio del arquitecto Crespi en la calle Patria, en el barrio del Golf.

No obstante, el asunto tiene múltiples aristas, porque por otro lado algunos se quejan en sentido contrario. Vivir en un hogar declarado patrimonio nacional no es sencillo, ya que supone estar de manos atadas a la hora de efectuar las reformas necesarias.

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