11 de abril 2021 - 16:11hs

El 1 de abril murieron 31 personas por covid 19.

El 2 de abril, 32

El 3, 30.

El 4, 30

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El 5 escalamos a 45.

El 6, 45

El 7, 40

El 8, 44

El 9, 52 y se sumaron 36 fallecimientos no reportados en días anteriores.

El 10, 51.

El mes recién comienza y la escalada no se detiene. Uno puede hacer la cuenta, porque es sencilla. Si tenemos 50 muertes por día como promedio, a fin de mes, la pandemia se habrá cobrado 1.500 vidas.

La campaña de vacunación avanza rápido, pero las vacunas necesitan 15 días después de la segunda dosis para alcanzar su mayor nivel de protección. Todavía falta.

El miércoles 7 el presidente Luis Lacalle Pou dio una conferencia de prensa donde este tema se trató en forma marginal. “El gobierno –dijo el presidente- no quiere dejar pasar este momento para mandarle un apretado abrazo a aquellas personas que han perdido sus familiares en estos días, y que lamentablemente las muertes han aumentado sensiblemente”.

Eso fue todo. No se entró en cifras concretas, ni en posibles razones y ni en modos de combatir el aumento de muertes.

Tras la breve presentación presidencial, el primer periodista que tuvo la oportunidad, le hizo seis o siete preguntas simultáneas al presidente. Una de ellas fue a qué se atribuye el incremento de las muertes de los últimos días. Pero el presidente eligió responder otras de las interrogantes planteadas y no se refirió a los fallecimientos. No se volvió sobre el tema en el resto de la conferencia. Sobre el final Lacalle habló de gente que está encerrada, no ve a sus padres, está perdiendo el trabajo. Pero de que cada día que pasa es como si un ómnibus repleto de uruguayos chocara de frente y no hubiera sobrevivientes, no dijo nada. Fue como si un elefante estuviera parado en medio de la sala de prensa de la Torre Ejecutiva y nadie quisiera verlo.

Desde la noche de la conferencia, los fallecimientos han seguido aumentando y ahora ya hemos pasado la barrera de 50 muertes diarias.

Esa es la gran pregunta que los uruguayos tenemos que hacernos hoy, los gobernantes y los ciudadanos.

Los individuos, ¿están dispuestos a tolerar un nivel de 50 muertes todos los días, 1.500 muertes cada mes, con tal de poder seguir reuniéndose con familiares y amigos? ¿Estamos dispuestos a pagar un precio de 50 muertes diarias con tal de no suspender la salida, la juntada, el asadito?

Y no solo asados, es evidente que algunos han organizado fiestas para cientos de personas, o marchas y manifestaciones de miles. ¿Están dispuestos a tener 50 muertos cada día, todos los días, para seguir dándose el gusto festivo o militante?

Pero la pregunta también hay que hacérsela al gobierno y al presidente.

¿Se está dispuesto a aceptar un nivel de 50 muertes todos los días con tal de no profundizar el déficit fiscal del país, no afectar aún más las cuentas públicas, no generarle más deuda externa al Uruguay?

No se puede negar que afectar la economía, aumentar la pobreza, tiene un costo social gigante, que puede tardar años en ser repechado. Las medidas restrictivas de la circulación que se le piden al gobierno, necesariamente pasan por cerrar o restringir algunas actividades económicas. El gobierno debería compensar a los perjudicados, sostenerlos, transferirles recursos.

¿El costo de tomar esas medidas es peor que el de tener 50 muertos diarios?

Si se estima que sí, debería explicitarse.

Y si la respuesta es sí, ¿cuál sería el nivel máximo de muertos diarios que estaríamos dispuestos a tolerar? ¿Más de 60, 70, 80, 100?

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

Si el presidente hubiera hablado con claridad de estos temas –cualquiera fuera la opción que hubiera defendido- por lo menos habría logrado trasmitir al país lo terriblemente dramático que es el momento que estamos viviendo.

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