Arquitectónicamente tiene su encanto y la historia le reservó algunos renglones especiales en el Mundial de 1950, pero al Pacaembú, el estadio municipal construido en 1940, que es orgullo de los paulistas, le quedó muy grande la final de la Copa Santander Libertadores, con el aval de la Confederación Sudamericana de Fútbol que debe hacerse cargo de las decisiones que adoptó.
A Pacaembú la final le quedó grande
Entre cuestiones políticas y el peso de ser Brasil, al último encuentro del certamen continental no le dieron el marco adecuado