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23 de junio de 2011 1:36 hs

Arquitectónicamente tiene su encanto y la historia le reservó algunos renglones especiales en el Mundial de 1950, pero al Pacaembú, el estadio municipal construido en 1940, que es orgullo de los paulistas, le quedó muy grande la final de la Copa Santander Libertadores, con el aval de la Confederación Sudamericana de Fútbol que debe hacerse cargo de las decisiones que adoptó.

El escenario que recibió el partido Santos-Peñarol tiene capacidad para menos de 40.000 espectadores y fue reservado para el partido más importante del torneo, cuando salvo por compromisos políticos no cumple las exigencias mínimas para recibir al último partido de la Copa.

“Aquí hay razones políticas, la Confederación Brasileña está enfrentada a Sao Paulo y no aceptó jugar el partido en el Morumbí, que es de Sao Paulo. Así como tampoco le dará la sede del Mundial”, explicó el periodista Valdomiro Ferreira Neto, editor de la web de Lance!.
El Pacaembú tuvo su mejor noche de fútbol en 2011, a estadio lleno pero sin tribunas colmadas, en el partido Santos-Deportivo Táchira por la primera fase de la Copa. Vendieron 36.091 entradas y no se agotaron los boletos.

Santos también jugó de local por la Libertadores ante Once Caldas y las semifinales con Cerro Porteño. El encuentro de anoche ante Peñarol fue el cuarto. Los otros tres de esta competencia los disputó en el Vila Belmiro.

Lo curioso del Pacaembú es que tuvo que llegar Peñarol para llenarlo, porque en este 2011 nunca se agotaron las entradas, nunca lució completo. La noche que estuvo más cerca fue en Santos-Deportivo Táchira y la segunda final entre Santos-Corinthians, con 34 mil entradas.

Pase, pase
Por razones políticas, porque no existe otro argumento para fijar el estadio municipal de San Pablo para la final, en Pacaembú se vivió el emporio de la desorganización y la desidia, al extremo de que el periodista de El Observador ingresó al estadio sin mostrar ningún documento que acreditara su condición. Apenas expresó que venía de Montevideo y lo guiaron, junto a otros colegas uruguayos, hasta un sector en el que podía trabajar la prensa escrita y allí los dejaron sin chance de ir a vestuarios y a otros sectores del escenario.
Afuera quedaron periodistas de la televisión uruguaya y de las radios con el argumento de que debían esperar un rato más. A esa altura era la hora 17, faltaban casi cinco horas para el encuentro y ya se comenzaba a olfatear que el orden iba a quedar para una mejor ocasión.
El estadio todavía estaba a oscuras, cuando el reloj marcaba las 19, se abrieron las puertas para el ingreso de los hinchas y los cortes de energía eléctrica sorprendieron a todos los periodistas que trabajan en sus computadoras portátiles. “¿Esto pasa en Uruguay?”, pregunta el periodista de R7, que comparte pupitre con El Observador, en alusión a los cortes de luz. “Acá no es normal, pero se ve que hoy hay problemas”, agrega.

Las tribunas lentamente comenzaban a poblarse y a cumplir con el pedido de Santos de que fueran un mar blanco. En la cancha terminaban de inflar dos mangas del Banco Santander y otras con promoción de espónsores del torneo continental. Los fuegos artificiales explotaban en el aire cada cuestión de dos o tres minutos y el estadio iba tomando color.

Los problemas de organización en esta final no solo quedaron reducidos a la prensa, también a los horarios de entrenamiento de Peñarol y sus comodidades. El martes, cuando hizo el reconocimiento del estadio, tuvo que esperar 15 minutos para salir a la cancha a entrenar porque los hinchas habían ingresado a la zona de vestuarios y no encontraban la forma de volver a organizar el caos.

Va quedando todo pronto. El fútbol disimula la desorganización y la falta de previsión de la Confederación Sudamericana de ponerle a la final un estadio adecuado. ¡Y pensar que a Defensor Sporting no le dejan jugar la primera fase de la Copa en el Franzini, y en el Pacaembú, con capacidad para menos de 40 mil espectadores, juegan una final! ¿Tampoco se ruborizan los dirigentes en la Confederación cuando suceden episodios como el de Pacaembú?

La pelota sigue rodando, la Copa tiene campeón y el Pacaembú queda en la historia como el anfitrión de la final 2011. Pero se impone una reflexión y un gran interrogante acerca del futuro. ¿Brasil será capaz de organizar el Mundial de 2014?

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