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Represa hidroeléctrica de Salto Grande
Roberto Cava De Feo

Roberto Cava De Feo

El comportamiento en la vida cotidiana > El comportamiento

A salto en hidroavión

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23 de abril de 2021 a las 14:52

Por Roberto Cava de Feo

Días atrás apareció en EL OBSERVADOR una nota mía acompañada con una fotografía de un hidroavión de Aerolíneas Argentinas. Se titulaba “A Salto en hidroavión”. Me llegaron muchos comentarios negando que en la década del cuarenta no había vuelos que unieran nuestro país con Argentina y, en concreto, con hidroaviones. Agradezco los mensajes tan cordiales que recibí. 

 Bueno, participaremos juntos en un cambio de ideas para no denominar discusión a lo que no lo es. Resulta que, en 1948, mis padres, que estaban radicados en Buenos Aires, pensaron en enviarme a Salto en pleno verano. Eligieron la posibilidad del hidroavión para que fuera a Uruguay a visitar a mi abuela, a mis tíos y a mis primos. Todo se hizo con orden y en el puerto de Buenos Aires fue la despedida. Los pasajeros del “hidro” fuimos trasladados en una lancha rápida. Ascendimos al hidroavión que flotaba orgulloso en aguas del Río de la Plata.  Ubicados en nuestros asientos, escuchamos por los parlantes la bienvenida que nos dio el comandante.

El “hidro” puso en marcha sus cuatro motores y se encaminó a una zona libre de buques. De inmediato sacó fuerzas, correteó y nos elevamos suavemente sobre el Río de la Plata rumbo a Concordia, que está frente a Salto. No olvido el exquisito segundo desayuno.   El comandante   utilizó el reverso de una tarjeta postal.  Había escrito: “Llegaremos a Concordia centro de quince minutos”. Una azafata, muy amable, nos pasó una postal del “hidro”. No había parlantes. 

 El “hidro” fue descendiendo de altura y se posó en las aguas del río. Correteó hasta detener sus motores y se unió a una boya gigantesca. Enseguida vi el puerto de Concordia y una lancha y nos llevó junto con nuestro equipaje a un playón. Enseguida el personal de la compañía aérea reconoció a los que íbamos a Salto.  Nos acompañaron a la oficina de Migraciones. De inmediato nos invitaron a subir a la lancha que nos esperaba y partimos hacia Salto. Enseguida aparecieron el puerto, lanchas y, con gran emoción, distinguí a abuela Emilia entre los familiares que aguardaban a los recién llegados en el vuelo del hidroavión. 

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