Pienso en Bowie y su figura me lleva a Joseph Campbell: el héroe de las mil caras; por un día y por varias décadas. Fue particular la madrugada del 11 de enero pasado. Un amigo, por estos días de vacaciones en Islandia (vaya isla particular) y con varias horas de ventaja en el día, se sorprendía de la cantidad de uruguayos despiertos el lunes pasado entre las 6 y las 7 de mañana, llorando digitalmente a Bowie en las redes sociales. El hombre murió, pero sus mil caras siguen flameando. Y seguirán, cada una representando las etapas de una vida tan cambiante como el reflejo del océano desde un avión. Cada trozo de agua es diferente, pero el todo forma el conjunto coherente.
Absolutos principiantes
Las canciones de Bowie tienen la cualidad de desnudar, de empezar de nuevo, de sonar como si fuera la primera vez, como si su muerte no hubiese sucedido