21 de diciembre de 2014 21:01 hs

l poeta, escritor y compositor uruguayo nacionalizado argentino, Horacio Ferrer, falleció ayer debido a una complicación cardíaca. Este tanguero y murguero de 81 años de edad, estaba internado desde hacía varios días en el sanatorio Güemes de Buenos Aires.

Ferrer, nacido en Montevideo el 2 de junio de 1933, fue director de programas radiales en el Sodre y trabajó en revistas y publicaciones relacionadas al tango. Hasta la actualidad presidió la Academia Nacional de Tango que él mismo creó en 1990. Según explica el sitio Infobae, “Romancero canyengue” fue el primer libro de Ferrer, publicado en 1967. El libro resultó ser un éxito y recibió elogiosos comentarios tanto en Montevideo como en Buenos Aires, explicó La Nación. Troilo, Piazzola, Mario Benedetti, Cátulo Castillo, Homero Espósito, alabaron la obra de Ferrer. La publicación, aseguraban, entablaba un nuevo lenguaje en el tango.

Desde entonces, Piazzolla lo invitó a trabajar con él en Buenos Aires y compusieron temas como, María de Buenos Aires, Balada para un loco o Chiquilín de Bachín, hechos que lo llevaron a ser muy reconocido en Argentina.

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Entre sus actividades de este año, Ferrer estrenó la obra Dandy, el príncipe de las murgas, que mezcló Hamlet de William Shakespeare con el carnaval montevideano, que se presentó entre enero y febrero pasados en el auditorio del Sodre. La obra, escrita por Ferrer y con música de Alberto Magnone, contó con un nutrido elenco encabezado por Pinocho Routin, Ruben Rada, Tabaré Rivero, Martín Inthamoussu, Andrea Salazar y Tabaré Leyton.

En entrevista con El Observador a principios de 2014, Ferrer relató su acercamiento al tango, algo que le resultó accesible al provenir de una familia de tangueros. “Tenía un tío ingeniero que era muy de los cabarets, era un hombre espléndido y muy ilustrado, aprendí mucho con él. También en mi casa papá cantaba mientras se afeitaba y teníamos un tío porteño, hermano de mi madre, que cuando no escuchaba las óperas del Colón por la radio del Sodre, sacaba la guitarra y cantaba tangos. Yo me fui enfermando con el tango desde chico. Me encantaba el lunfardo que aparecía en los tangos y me gustaban las melodías”, aseguró Ferrer.

También contó que poco a poco se fue acercando a los cafés hasta conocer a los “grandes tangueros” que lo adoptaron, como Troilo Piazzolla. “Después me puse a estudiar el tango y fundé una institución que se llamaba El Club de la Guardia Nueva. Era en Soriano casi Minas. Piazzolla decía que debíamos decir Señoritas, no Minas; Soriano y Señoritas... Estaba con las cumbres del tango, era amigo de Roberto Goyeneche y de otros tanguistas. Mientras, estudiaba mi carrera de arquitecto”, carrera que al final no concluyó.

Al ser consultado por Piazzolla, manifestó su admiración, la que al final resultó ser mutua: “Me gustaba mucho la música de él y a él le fascinó mi poesía”. Agregó que, pese a la edad y los achaques de salud, continuaba escribiendo. “Escribo casi de memoria. Creo que el escribir es una sinfonía de muchos movimientos que no se termina nunca”.

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