El tren en Uruguay está en boca de cualquier gobernante (o aspirante a serlo), pero de allí a transformarse en hechos hay mucha distancia. AFE, la empresa ferroviaria del Estado, sufre desde hace muchos años la desidia del Poder Ejecutivo, que de forma sistemática posterga inversiones necesarias para recuperear la red vial. En el plano teórico, José Mujica se ha comprometido a levantar el tren. Pero a pocos meses de dejar el gobierno tiene pocas cosas para mostrar en esta materia.
Ese olvido provocó en AFE un escenario de manejo extraño y en ocasiones desprolijo. El domingo El Observador publicó documentos que comprueban la maniobra del director blanco Mauricio Cusano, quien en 2011 almorzó junto a otras dos personas en la parrillada de su esposa, en Barros Blancos, con dinero de AFE. A esa altura el presidente era Alejandro Orellano, un dirigente del Nuevo Espacio (Frente Amplio), y el vicepresidente Juan Silveira, un exdirigente gremial que responde al ala garganista del Partido Socialista. Funcionarios actuales y en retiro de AFE contaron a El Observador que en esa época la gestión se prestaba para distintos tipos de gastos y manejos. Orellano, por ejemplo, utilizó dinero de AFE para comprarse un estuche para el celular, y Silveira, en tanto, hizo pagar al ente $ 27.000 en el arreglo de un auto alquilado que él mismo chocó en una salida al interior. Incluso hay una resolución de la gerencia de finanzas de AFE del 2 de agosto de 2011, en poder de El Observador, donde la contadora Graciela Mauri informa que las facturas presentadas por el presidente Orellano de un viaje al interior "no fueron consideradas" a los efectos contables y fiscales.
Gerentes y trabajadores de AFE señalan el momento de la llegada a la Presidencia de AFE de Jorge Setelich como un punto de inflexión para terminar con esos gastos y prácticas por parte de los directores.
Contratos al filo de la legalidad
El directorio de AFE abrió a fin de año un llamado para incorporar a casi 100 funcionarios, entre operarios y distintos tipos de profesionales. Uno de los cargos era para cubir la vacante de médico laboralista. Al llamado se presentaron dos personas, una de las cuales lo hizo por internet, ya que residía en Madrid (España). Esa médica fue quien ganó el concurso finalmente, luego de participar vía Skype (videollamadas por internet). Sin embargo lo que llamó la atención fue la reserva del cargo hasta que la profesional volviera a Uruguay para instalarse de forma definitiva. El directorio de AFE resolvió esperarla cinco meses, y mientras tanto contaba con el pase en comisión de otro médico. En el último tramo antes que llegue la nueva médica, sin embargo, AFE tuvo que contratar durante 15 días a la Unidad Coronaria Móvil (UCM). A mediados de julio llegó la profesional desde España y asumió el cargo, algo que en los hechos rozó la ilegalidad, porque un reciente decreto del gobierno obliga a tener un servicio de salud laboral con personal propio a empresas pública como AFE. Otro contrato que llamó la atención a varios en la interna del ente ferroviario fue el de una escribana. Ella, junto a otros cuatro, se presentaron al llamado, y lo ganó. A los días, AFE le rescindió el contrato de confianza adjunto a la presidenta Carmen Melo, que había firmado dos meses atrás.
Premios y convenios con el sindicato
La actual presidenta de AFE, Carmen Melo (Movimiento de Participación Popular), es una funcionaria de carrera del ente ferroviario. Junto a otros compañeros, fundó el gremio ferroviario. Sin embargo, desde hacía más de 20 años desempeñaba su carrera en el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU). Allí, incluso, logró ascender hasta la dirección general. Cuando renunció Jorge Setelich tras duras discusiones con jerarcas del gobierno, José Mujica la nombró el frente de AFE, su lugar de origen. Esa vínculo con el sindicato, ahora como jefa, no lo rompió. Al poco tiempo de llegar, tuvo que implementar un programa de retiros incentivados ya previsto, lo que generó descensos importantes de personal en áreas clave de la plantilla. Apelando a esa relación histórica con los trabajadores, Melo pagó en tres cuotas la suma de $ 9.000 extra al sueldo a quienes aceptaron postergar su retiro, ya que la merma de personal afectaba el funcionamiento de la empresa. Por otra parte, Melo acordó contratos de trabajo extra con el sindicato, ya sea para realizar tareas de mantenimiento a locomotoras o para construir puentes. Esos acuerdos consisten en pagar salarios por encima de lo establecido para las horas extra. Algunos se firmaron y otros todavía están en modo borrador.
Operadora, chinos y proyectos encajonados
El gobierno discutió hasta el cansancio el nuevo modelo institucional para el ferrocarril. La idea desde el inicio fue darle un marco moderno y con reglas privadas para que todo sea más ágil. El asunto se dilató más de lo previsto, un poco por indecisiones del gobierno y otro poco por palos en la rueda que puso el sindicato de forma sistemática. Al final, se creó una operadora de propiedad pública para operar bajo del derecho privado (Servicios Logísticos Ferroviarios), pero los trabajadores continuarían prestando sus servicios para AFE, que a su vez sería contratada por SLF. Todo ese proceso generó desequilibrios en personal y facturación del ente. Para muestra está la permanente caída en el transporte de carga, la única actividad que le genera ingresos a la empresa. En 2014 se registran ya descensos de US$ 550 mil en facturación por carga. Mientras tanto la mitad de las vías férreas del país siguen inactivas (1.500 kilómetros, aproximadamente), a la espera de obras de rehabilitación. Para ello se recibieron varias ofertas, entre las que se destacan tres empresas chinas. Fueron y vinieron. Se habló de la “recuperación” del ferrocarril, pero en concreto se proyectó reactivar 140 kilómetros en el litoral oeste, en Río Negro. Pasaron cinco años y no se hizo. La Corporación Nacional para el Desarrollo y la Oficina de Presupuesto y Planificación (OPP) contrataron estudios para abrir un llamado, que espera guardado en un cajón.