el holgado triunfo de Sebastián Piñera en la primera vuelta electoral en
Chile corre riesgo de no repetirse en el balotaje si las dispersas fuerzas de izquierda, desde las moderadas a las radicales, vuelcan masivamente sus votos detrás del candidato oficialista Alejandro Guillier. Todo indica que la definición presidencial el 17 de diciembre será ajustada. La abstención de la mitad del electorado, consecuencia de que el voto no es obligatorio, opera a favor de Piñera ya que muchos chilenos que lo respaldan se quedaron en sus casas al dar por segura la victoria del expresidente el domingo. Este factor incluso puede haber determinado que Piñera votara por debajo del 40% que esperaba como piso su partido Chile Vamos.
En la vereda de enfrente, Guillier tiene la esperanza de descontar los 13 puntos de ventaja que le sacó Piñera en la primera vuelta con el aporte de los votos del Frente Amplio de Beatriz Sánchez y de la
Democracia Cristiana de Carolina Goic. Sánchez fue la gran sorpresa al perder por pequeño margen ante Guillier el segundo puesto, entre ocho candidatos, para ir al balotaje. La presidenta Michelle Bachelet instó de hecho a la izquierda a reconstruir la Concertación que gobernó desde el fin de la era Pinochet, con la única excepción del anterior período de Piñera. Pero es incierto hasta dónde llegará a repararse la fragmentación que divide las fuerzas de izquierda actualmente. Por su parte, Piñera se fortalecerá con el respaldo de partidos menores y una posible mayor concurrencia popular a las urnas.
El resultado del balotaje es impredecible por ahora. Pero es claro que un triunfo de Piñera es lo más ventajoso para Chile, al margen de las etiquetas de derecha o izquierda que marcan la campaña electoral. A diferencia de Guillier, el expresidente, un exitoso empresario de probada competencia de gestión, promete reparar las muchas claudicaciones del segundo período de Bachelet. Chile sigue siendo el país más desarrollado de
América Latina, gracias a sus políticas de irrestricta apertura comercial para generar actividad y empleo, heredadas de la dictadura de Pinochet pero mantenidas por los gobiernos de diferente tono ideológico que la sucedieron.
Pero bajo Bachelet el crecimiento del Producto Interno Bruto ha caído de 4% en 2013 a l,5% este año pese a los altos precios del cobre, principal rubro exportador del país. La presidenta introdujo reformas a la educación, al sistema tributario, al campo laboral y a la seguridad social que generaron resistencias de los estudiantes, los empresarios y otros sectores. Piñera, de buena gestión en su anterior período, ha prometido que si llega al poder corregirá lo que describió como "fallas estructurales" de las reformas tributaria, educativa y laboral. Guillier, en cambio, se ha limitado a convocar a la izquierda a reagruparse, sin precisar propuestas definidas para retomar el alicaído ritmo de desarrollo. El rumbo del futuro chileno, de todos modos, dependerá de cómo evolucione la campaña en los próximos días y no se aclarará hasta que se cuenten los votos del balotaje. l