26 de diciembre de 2023 5:04 hs

Francisco "Pancho" Ravecca festejó en diciembre que desde hace un año, la vida le dio una nueva oportunidad. Es que tras un accidente en moto en las sierras de Córdoba, estuvo a cuatro minutos de morir desangrado. Pero no sucedió y hoy el emprendedor que estuvo al frente de Aguada Park, y que además es responsable de la instalación de Kinko, enfrenta la vida de otra manera.

“Choqué en las sierras, en un accidente en moto, fue 100 por ciento mi culpa, cuando levanté la vista tenía una camioneta de frente, volé por el aire y aterricé en la ruta”, comenzó contando Ravecca en una entrevista que cedió a El Observador, solo con la idea de poder ayudar a alguien con su historia.

A principios de diciembre hizo una  fiesta para celebrar un nuevo renacer e invitó a la pareja de paramédicos que le salvó la vida.

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El accidente

 

Fue en su casa y ya sin bastón que los paramédicos le contaron cómo entraron en su vida: estaban de luna de miel y se desviaron para acercar a un señor mayor que les pidió un aventón. Antes de bajarse les dijo “la gente se conoce por algo, no es por casualidad" y tomaron la ruta que los llevó a encontrar a Ravecca.

“Bajaron del auto le pidieron una navaja a uno de mis amigos y cuando abrieron cayó un coágulo de sangre del tamaño de un hígado, porque se me había roto una arteria. Estuve literalmente a cuatro minutos de morir. Tuve fractura expuesta de tibia y peroné triple en cada pierna”, recuerda y agrega: “La verdad es que le debo mi vida a esa pareja”.

“Yo lo tomo como una segunda oportunidad”, afirmó Ravecca, que siempre defendió los espacios familiares y el tiempo libre. Pero esto “fue un golpe que me llevó a poder dimensionar las cosas y fijar prioridades. Antes era un tipo muy calentón, que me hacía mala sangre por todo y sinceramente puse las cosas en su lugar y cuando me pasa algo y veo que me va a saltar la térmica, me freno”.

“Lo primero que hago es como que me despego y miro el bosque y no los árboles. Veo qué pasó y me fijo si es un problema que tiene solución. Si la tiene, la busco, si no la tiene no puedo hacer nada”, esa es la forma que ahora encara los problemas, con otras premisas que incluyen priorizar a la familia a  los amigos y “no decir que sí a todo”.

 

La operación y después

Pero no termina allí, en el centro asistencial de Mina Clavero le realizaron 20 transfusiones de sangre y cuando lograron estabilizarlo debía trasladarse a un sanatorio de Córdoba, que “terminó siendo uno de los mejores hospitales para traumatología de Argentina”.

Uno de los primeros médicos que lo atendió manejó la posibilidad de amputar la pierna, a lo que Pancho se opuso por lo menos hasta hablar con su primo, Santiago Lasa. Y allí se desencadenaron otras coincidencias, como por ejemplo que el dueño del Sanatorio Allende de Córdoba estaba en Montevideo en una conferencia donde estaba Alejandro Lasa, hermano de Santiago y también médico. El contacto con Allende permitió acelerar los procesos y Ravecca permaneció seis días en CTI con los tutores en las piernas.

El sexto día le comunican que hay que realizar otra operación para poner unas placas que inventó un uruguayo que opera en Montevideo, por lo cual deciden el traslado en un avión sanitario.

“Me internaron el 1 de diciembre y quedé internado hasta el 17 de enero. Fue divino y espantoso: divino porque esos 47 días me acerqué muchísimo con mi mujer y también porque vi toda la gente que me quiere y horrible porque no me podía levantar ni para ir al baño”, cuenta Ravecca quien nunca perdió su espíritu optimista. 

E insiste acerca de que debe agradecer estar vivo: “A mi mujer le pedía que por favor no se quedara de noche en el hospital, pero cuando se iba me largaba a llorar. Pero era un llanto raro, con mezcla de felicidad y agradecimiento. Yo soy cristiano, no soy católico practicante y ahora todas las noches cuando me voy a dormir rezo y agradezco, porque la verdad que es un milagro”.

Pancho Ravecca y familia

 

La recuperación


“La primera vez que me pude volver a bañar y sentir el agua caliente en la cabeza, revaloré el disfrutar las cosas de la vida. Siempre tuve un cuadro en casa que decía "disfrutá las cosas chicas de la vida porque un día te vas a dar cuenta que son las cosas grandes", y es así”, relató Ravecca.

En la casa hubo que armar un cuarto entero en la planta baja y “estuve hasta el 20 de mayo sin poder subir a mi cuarto”. Eso no impidió que siguiera trabajando: “eso me ayudó a seguir con la cabeza funcionando”, contó.

Tras el accidente y por recomendación de su reikista, Pancho empezó a hacer terapia: “Siempre fui muy estructurado, de imponerme disciplina, muy estricto y muy poco flexible”. Ahora: “sigo siendo estricto, me considero muy responsable, soy un histérico de la puntualidad, si me comprometo a algo lo cumplo, pero no me amargo más”.

Y así se los planteó a los inversores del proyecto en el que trabaja actualmente: “Fui uno de los fundadores de Aguada Park, en agosto de 2020 se terminó mi vínculo y me puse a trabajar en esta idea que era replicar el modelo pero en Colonia, a una hora de Buenos Aires. Vamos a empezar a construir ahora un edificio de madera sustentable. Pero desde el primer día les dije que no iba a ser ejecutivo. No quiero ser el tipo más rico del cementerio. ¿Para qué?”.

“A todos los empresarios nos gusta hacer plata, pero esto lo hago más como un desafío y como un ejemplo para mis hijos de que un tropezón no es caída. Mi salida de Aguada Park fue acordada por las dos partes, pero fue por un hecho puntual y se decidió en una reunión de directorio, en plena pandemia y enseguida me puse a trabajar en esto. Un día vino mi hijo mayor  me dice "gracias, papá, por todo lo que hacés". Y de eso se trata todo, además de predicar con el ejemplo. Me caí y me levanté. Igual que con Kibón, que fue el peor negocio de mi vida. ¿Pero qué iba a hacer? Cuando fui a la India tuve una reunión con Ratan Tata, el número uno del grupo Tata, fuimos con Endeavor y nos dijo: "la vida es como un electrocardiograma, tiene picos y valles, subidas y bajadas, si es una línea recta estás muerto".  Y hay un libro que se llama “Picos y valles”, que dice eso. Hay que aprender qué te llevó al valle, aprender qué te saca del valle lo más rápido posible y permanecer en el pico lo más que puedas”. 

“Si paso raya, es muchísimo más lo positivo que lo negativo que saqué de esto y si hay algo que también me sirvió es para ver que sos minúsculo en el universo”, sentenció.

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