Entre 670 y 1.350 millones de adolescentes y adultos jóvenes están en riesgo de perder audición por exponerse a prácticas de escucha inseguras.

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Alarmante informe de la OMS: la edad promedio de la sordera bajó 10 años

Para el 2050, uno de cada cuatro habitantes del planeta tendrá algún problema de audición
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22 de noviembre de 2023 a las 05:00

El daño auditivo suele ser gradual y es común que este cambio pase desapercibido, advierten los especialistas. Primero se hace difícil escuchar una conversación en un entorno muy ruidoso y esa pérdida auditiva se puede convertir en sordera. Es decir, un daño total e irreversible.

En la mayoría de los casos, la causa es la edad: el 12,7% de la población mundial con más de 60 años tiene una pérdida auditiva de grado moderado, un porcentaje que sube hasta el 60% a los 90 años, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sin embargo, gente cada vez más joven tiene dificultades auditivas. La edad media baja unos 10 años. La hipoacusia y sordera de estos pacientes no tiene nada que ver con el natural envejecimiento del oído interno sino que depende de la exposición prolongada al ruido.

La polución auditiva es multicausal: el tráfico, el cine, los conciertos y las discotecas. También el uso de cascos y otros auriculares, cuyo uso es cada vez más extendido. La OMS prevé que para el 2050, unos 2.500 millones de personas en el mundo tengan algún problema de audición. Se trata de uno de cada cuatro habitantes.

Las cifras en aumento se deben principalmente a los cambios demográficos, como el crecimiento mundial de la población en edad avanzada. Pero también por el ruido excesivo.

“Desafortunadamente, carecemos de datos objetivos, porque aún no se han llevado a cabo estudios exhaustivos sobre este tema”, reconoce el otorrino Miquel Quer, del hospital Sant Pau de Barcelona en diálogo con El País de Madrid. “Pero es evidente que vivimos en una sociedad donde hay mucho ruido y sabemos, desde hace muchos años, que el ruido adelanta la presbiacusia. No sorprende que los pacientes empiecen a ser cada vez más jóvenes”.

Por lo común, someterse a una intensidad sonora de más de 80 decibeles durante períodos superiores a 40 horas a la semana puede dañar irremediablemente las células sensoriales del oído interno. El tráfico en una avenida de una grande ciudad puede alcanzar los 60 decibeles; un restaurante lleno llega a los 80; el ruido de una motocicleta a los 90 y la música en una discoteca a 100.

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud del Trabajo estima que entre el 25% y el 33% de los trabajadores en Europa están expuestos a un alto nivel de ruido durante una cuarta parte de su jornada laboral.

Además, pesa mucho la escucha prolongada y a gran volumen de música a través de dispositivos personales, como los cascos y auriculares. Un artículo publicado en noviembre por la revista British Medical Journal Global Health calcula que entre 670 y 1.350 millones de adolescentes y adultos jóvenes en el mundo están en riego de perder audición por exponerse a prácticas de escucha inseguras.

El problema de los auriculares reside en dos factores: el uso prolongado en entornos ruidosos y la falta de distancia entre el emisor y el canal auditivo. “Los auriculares serán sin lugar a duda el problema de las próximas generaciones, de los pacientes que dentro de 10 o 20 años empezarán a darse cuenta de que van perdiendo la capacidad auditiva”, explica Jacinto García Lorenzo, jefe de servicio del hospital del Mar de Barcelona.

Esa patología se llama presbiacusia. “No sería exagerado decir que la edad media ha empezado a tirar para abajo. Ya no son solamente nuestros abuelos los que se quedaban sordos por los ruidos en el trabajo. Hay toda una generación que está llegando ahora a la tercera edad y que ya tiene problemas serios con el oído. La prevalencia de hipoacusia está aumentando”, afirma García Lorenzo.

Entre los pacientes oncológicos la incidencia de sordera empieza a ser más elevada, a causa de los medicamentos que se usan en la quimioterapia y que pueden ser perjudiciales para la audición. “Se trata de tratamientos que hoy en día son fundamentales para curarse, pero que hace unos años no estaban tan difundidos en la población”, indica el médico.

Uno de los problemas principales es la falta de datos de cuántos pacientes en la media de los 50 años tienen algún tipo de deterioro auditivo. La gente acude a consulta cuando ya es tarde, cuando tiene problemas serios y no cuando está empezando a darse cuenta de que algo no funciona como debería. Cuando finalmente recurren a una especialista, son casos de hipoacusia severa o profunda.

(Con información de agencias)

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