El colegio “asegurará la continuidad académica de los niños durante la primera semana (del 3 al 7 de julio) a través de las clases virtuales otorgando el receso desde el lunes 10 al viernes 21”. Con estas palabras —o pequeñas modificaciones— algunas instituciones de enseñanza privada les avisaron a las familias que la semana próxima no habrá vacaciones.
Las autoridades educativas habían resuelto que se adelanten para el 3 de julio y extiendan a dos semanas las “vacaciones de invierno”. Valga el entrecomillado porque así lo cita el cambio de calendario acordado este miércoles.
La Asociación de Instituciones de Educación Privada solicitó en una carta la “autonomía de los centros” para ofrecer clases a distancia —y no vacaciones— en la semana del 3 al 7 de julio. En la misiva enviada a los consejeros de la ANEP, los asociados justificaron que “las clases virtuales no implican un riesgo sanitario”.
Hasta la tarde de este jueves, y a menos de 48 horas del inicio del receso oficial, los colegios no recibieron una respuesta formal. Sin embargo, El Observador supo que las instituciones están autorizadas porque lo confirmaron fuentes de Primaria y así lo dispone la ordenanza 14. La misma reza que “cada instituto habilitado tendrá derecho a fijar su calendario anual”, siempre y cuando cumpla con la cantidad de días u horas previstas para el año lectivo.
Los colegios, sin embargo, no están autorizados a dejar de computar las faltas (las inasistencias) aquellos días en los que sí deciden dictar clases. No importa si hay padres que ya fijaron un crucero al Caribe o una escapada a Bariloche. La explicación es esa misma ordenanza 14: si hay clases cuenta como día del calendario y rigen las reglas de juego básicas que garanticen el derecho del niño a la educación.
Los colegios católicos, agrupados en otra asociación, también elevaron una carta a las autoridades educativas pero pidiéndoles que el receso no dure más de dos semanas. Se amparan en la evidencia científica de los pediatras sobre el impacto negativo que tiene el corte de la presencialidad. En esa misma misiva se quejan del “manejo de la información y el acceso a la misma, que generó un estado de incertidumbre tanto en familias como trabajadores del ámbito educativo”.
En la autonomía prevista, hay colegios que darán tres semanas de vacaciones y reducirán asuetos de primavera, otros dictarán clases virtuales y luego dos semanas de receso, otros dos semanas de vacaciones y luego la vuelta a la presencialidad, y otras variantes a la misma lógica.
¿Qué pasa con los trabajadores que ejercen en instituciones públicas y privadas a la vez? Pablo Cayota, director del colegio Santa Elena reconoció que “se complica, pero la complicó la ANEP”.