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Almada, de dirigir a Pirlo, Ronaldinho y Kaká a la pesadilla del terremoto

En 2016 dirigió a Ronaldinho y meses después se le abría el piso y la casa se movía por un terremoto

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28 de enero de 2019 a las 05:04

Aquella parecía una historia salida de un cuento. Guillermo Almada entró al vestuario y ahí estaba uno de los mejores del mundo. La eterna sonrisa que hace inconfundible su rostro. El pelo revuelto. No lo podía creer. Guillermo tendría que dar una charla técnica a sus dirigidos, entre los que se encontraba nada más ni nada menos que Ronaldinho.

Jamás imaginó Guillermo que meses después le tocaría vivir una especie de película de terror. Una pesadilla hecha realidad donde el piso se rajaba y las casas se movían de lado a lado. El 16 de abril de 2016 la naturaleza se enfureció con Ecuador y sacudió el país con un terremoto de 7.8 de magnitud.

Guillermo Almada lleva cuatro años en Ecuador. Y se ganó un lugar a fuerza de trabajo y conquistas. En Barcelona de Guayaquil le tocó vivir la denominada “Noche Amarilla”, una fiesta donde se presenta al plantel. Pero con un agregado: desde 2016 el club contrata a una estrella de magnitud mundial. De esa forma se dio el lujo de dirigir a Ronaldinho, Diego Forlán, Kaká y el sábado dirigió nada menos que a Andrea Pirlo.

No fueron todas rosas para Almada. Barcelona es un cuadro grande en Ecuador. Sin embargo, cuando el técnico uruguayo desembarcó, reinaba el desorden. 
Almada llegó mediados de 2015 a Ecuador y meses después le tocó vivir la primera noche amarilla. El club contrató a Ronaldinho.

Con el crack

“Ronaldinho llegó dos días antes. Lo primero que me sorprendió tanto de él como de Kaká fue la humildad que tienen. Se pusieron a disposición nuestra, entrenaron a la par con nosotros”, comenzó diciendo Almada.

Agregó: “Se pusieron a la orden de jugar donde sea. La idea fue dejarlo liberado. ¡No le iba a pedir a Ronaldinho que marcara!”.
Almada se topó con un tema al que no estaba acostumbrado. Lidiar con una estrella de esa magnitud entre la gente.

“La cantidad de gente que lo molestaba fue brutal y se tomaban esos segundos para la foto o firmar. Fue increíble, porque el contrato no es solo el partido. Luego hay una cena amarilla que tienen que participar, se cobra un ticket muy alto, se tienen que tomar fotos con la gente”. 
Almada destacó de Forlán. “Diego también, tiene una humildad muy grande. Generalmente los saco 15 minutos antes que termine para que la gente los aplauda y para que puedan salir del estadio. Nos dieron un abrazo grande. Ronaldinho sigue participando en las redes sociales del club”.

Del sueño al terror

Apenas unos meses después de llegar, Almada jamás imaginó lo que le tenía deparado el destino. Inesperadamente el piso se empezó a mover. La tierra se agrietaba. Las casas se sacudían. Gritos de desesperación. Temor e incertidumbre. En abril de 2016 Ecuador fue sacudido por un terremoto. Almada no lo olvida.

“Fue lo más difícil que me tocó vivir. Fue sorprendente. Estaba en mi casa y disparé para el fondo, la duración fue un minuto moviendo todo. La casa se tocaba con la otra que tenía al lado, el piso parecía que se hundía. Viví varios temblores en Guatemala, y otros lugares pero como este jamás. Estaba solo. Gracias a Dios estaba solo. Fue una experiencia que no se la deseo a nadie. Salí al fondo, me prendí de la verja, él piso se movía, la gente gritaba. Y cuando paró se fue la luz. ¡Apagón! Cuando salí todo el mundo estaba en la calle. Un caos. La gente gritaba desesperada. Fue muy grande, murió mucha gente, sobre todo en las construcciones más pobres”.

Pero nada lo movió a Almada de Barcelona donde batió varios récords y su popularidad trepó a límites insospechados al extremo de no poder salir a un shopping. 

Llegó y no había luz

Guillermo Almada contó a Referí lo que encontró cuando llegó a Barcelona. “La desorganización que había era increíble. Desde todo punto de vista, plantel sin jerarquía, pocos jugadores de formativas, no tenían gerente deportivo, no tenía tecnología aplicada al deporte, muchas cosas que tuvimos que implementar provocaron una mejora desde todo punto de vista. Hubo días donde no se entrenó por falta de pago a los funcionarios o los jugadores. El día que llegamos no había luz en el estadio. La habían cortado. Nos bañamos con agua fría. Era un gigante dormido y lo despertamos, es la realidad”.
 

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