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27 de marzo 2023 - 5:00hs

Nicolás Saldías nació en Uruguay pero vivió la mayor parte de su vida en Canadá y desde hace algunos años lo hace en Washington D.C. Es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Toronto y desde noviembre de 2020 trabaja en el Economist Intelligence Unit (Unidad de Inteligencia Económica). En los últimos dos años ha sido gerente del Índice de Democracia de The Economist para América Latina y el Caribe. En este momento se dedica a seguir los casos de Argentina, Chile y Uruguay.

Durante su estadía en Uruguay, adonde viajó para dar conferencias organizadas por el think tank Cescos y para participar en un evento, Saldías conversó con El Observador sobre la forma en la que se confecciona el Índice de Democracias, los resultados 2022 que situaron a Uruguay en el puesto 11 de 167 países y al tope de las Américas, y sobre los efectos de la pandemia del covid-19 sobre las democracias a nivel global.

A continuación, un resumen de la entrevista con Saldías.

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¿Por qué hacer un índice sobre democracias? ¿Por qué The Economist usa recursos para medir el estado de las democracias a nivel global?

Tenemos datos sobre muchas cosas. Pero en el pasado no hemos tenido datos sobre la calidad de la democracia, lo cual es importante por varias razones. Primero, es importante para las personas que quieren invertir en un país. Una democracia plena como Uruguay da mucha imagen y reputación a los inversores. Transmite que este país tiene reglas claras, que hay democracia y libertades para inversores y trabajadores. 

También es importante para académicos y gobiernos. Hay varios índices más, está por ejemplo Freedom House o Polity. Lo bueno es poder observar y tener conocimiento de cómo cambia la democracia a lo largo del tiempo y por qué cambia. Es relevante tener esos datos para los tomadores de decisiones, los hacedores de política y los ciudadanos. Si vivís en un país como Nicaragua o México tiene mucho impacto político: “Mira, el mundo está reconociendo que nuestro país es menos democrático con el tiempo”. Entonces ayuda a personas que son dañadas por una democracia más débil. 

El índice categoriza cuatro tipo de regímenes: democracias plenas, democracias defectuosas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios. Es entendible qué es una democracia plena, una defectuosa y un régimen autoritario. ¿Pero qué es un régimen híbrido?

El régimen híbrido tiene características democráticas y autoritarias. Es como una categoría de transición: un país que está transitando hacia el autoritarismo o saliendo del autoritarismo. Entonces hay elementos de los dos regímenes en esa categoría. Un ejemplo de ahora es México, que está en un proceso creciente de autoritarismo. Y lo vemos con los datos. Es una democracia pero más que débil: con riesgo de caer en una autocracia. Y después hay otros países que salen de la autocracia pero aún no son democracias reales, tienen muchos problemas. 

Hay cinco indicadores que miran para puntuar y clasificar a los estados: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles. ¿Qué comprende la cultura política y cómo hacen para medirla?

Mayoritariamente nos basamos en encuestas que recogen lo que la gente cree y sus percepciones sobre la democracia. Tenemos umbrales que van categorizando el tipo de cultura democrática de cada uno de los países. Entonces vemos las nociones y la visión que la población tiene sobre la democracia y sus alternativas. En esta categoría América Latina tiene un puntaje muy bajo en comparación con otras regiones. 

Uruguay es una de las 24 democracias plenas que diagnosticó el índice en 2022. Si uno ve la evolución de Uruguay desde que se hace este índice, en 2006, hay siempre una mejora de su performance. Pero entre 2020 y 2022 hubo saltos anuales que lo llevaron a su máxima puntuación. Es decir, durante este periodo de gobierno mejoró la calidad democrática desde que The Economist mide. ¿Qué cosas visualiza que ha hecho este gobierno para acentuar y mejorar la plenitud de la democracia uruguaya?

No es solamente el gobierno. Está basado en las encuestas que muestran que los uruguayos están más democráticos. Otra cosa es que durante la pandemia este gobierno no impulsó políticas tan restrictivas como en otros países. Eso ayudó mucho a Uruguay. Pero al mismo tiempo en el último año Uruguay mejoró porque las restricciones que sí existían se terminaron y eso hizo aumentar el puntaje. Vemos que aquí la participación es alta, que el apoyo a la democracia es muy alto, el más alto en las Américas. Más alto que en Canadá. Las encuestas muestran que los uruguayos tienen una cultura democrática fuerte. Tiene 10 en 10 en proceso electoral, 8,9 en funcionamiento del gobierno, 7,7 en participación política; 8,1 en cultura política y 9,7 en libertades civiles.   

¿A qué se debe ese 7,7 en participación política y cómo podría mejorar?

Hay una razón técnica para ella porque en nuestro índice si hay una elección obligatoria es negativo, es cero. Porque nosotros pensamos que debe ser una libre elección si quieres votar o no. Entonces Uruguay pierde mucho en eso. Pero no creo que los uruguayos quieran cambiarlo. También hay preguntas vinculadas a la participación de las mujeres en política. En el gabinete de Lacalle Pou hay pocas mujeres.  

Hablaba recién del comportamiento del gobierno uruguayo durante la pandemia y cómo eso contribuyó a mantener la calidad democrática. Más allá de las restricciones de movimiento, ¿de qué otra forma la pandemia afectó a la democracia?

Si hay restricciones entonces hay restricciones de los derechos y libertades civiles. En algunos países el puntaje bajó por eso. En 2022 muchos países sacaron esas restricciones y mejoraron la performance. El caso típico es Chile: era una democracia plena, pasó a ser una defectuosa y volvió a ser plena. Y eso es porque sacó las restricciones. Pensábamos inicialmente que esto iba a pasar en todo el mundo. Pero las huellas de la pandemia aún existen y una de ella es un bajo nivel de confianza en la democracia en muchos países, especialmente en América Latina. 

El caso emblemático es Perú. La pandemia golpeó muy fuerte y, por supuesto, la confianza disminuyó porque ven que la pandemia no ha sido capaz de solucionar problemas para la gente. La pandemia fue un golpe más porque demostró que después de 30 años de democracia todavía no tenemos un sistema de salud adecuado o un estado presente, por ejemplo. Pero varía mucho en la región. La manera en que Uruguay manejó la pandemia fue mejor que otros países y eso es una ventaja: hay un estado presente que existe y que puede brindar servicios para evitar el tipo de crisis que sucedió en Ecuador, Perú y Brasil.  

En América Latina hay tres democracias plenas (Uruguay, Costa Rica y Chile) y cuatro regímenes autoritarios (Venezuela, Cuba, Haití y Nicaragua). Al partido que dirigió a la democracia plena uruguaya durante 15 años le ha costado decir que Venezuela es un régimen autoritario. ¿Cree que eso dice algo de la cultura política uruguaya?

No, no creo. Hay internas en el Frente Amplio que son ajenas a la calidad de la democracia uruguaya. Creo que dentro del Frente Amplio seguramente hay personas que piensan que Venezuela es una dictadura. Pero hay internas y algunas cosas no pueden decir. Y eso pasa en todos los países, no solo en Uruguay. En la política hay líneas rojas que no cruzás y esta puede ser una del Frente Amplio; la extrema izquierda no va a apoyar a nadie que diga eso. Sería otra cosa si alguno de ellos dijera: “Y nosotros queremos el mismo modelo acá”. 

Al ver el índice, una de las cosas que llama la atención es una involución sostenida de EEUU: desde hace años que califica como una democracia defectuosa. Eso es interesante siendo que es un estado que por lo menos, a nivel de retórica política, ha defendido un orden liberal (con la excepción de Trump) y ha utilizado la defensa de la democracia a nivel internacional como una herramienta de política exterior. ¿Qué pasa con la democracia estadounidense?

Estados Unidos es un país muy polarizado. Muy polarizado. Casi existen dos países en Estados Unidos: uno rojo y otro azul. Culturalmente no son lo mismo, ven la política totalmente diferente, dos mundos totalmente diferentes. Hay personas que viven en uno de esos mundos e ignoran lo que pasa en el otro, ni saben. Toda la información que ellos tienen vienen de las redes sociales y entonces nunca escuchan a la oposición. Hay una fragmentación social, un uso excesivo de las redes sociales y falta de educación sobre la información verdadera y falsa. Ha sido una democracia defectuosa por varios años y eso es muy dañino para la reputación de Estados Unidos.

Dos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad aparecen como regímenes autoritarios: Rusia y China. En el caso de China, seguramente el país con más incidencia económica en el presente, aparece con un rojo fuerte al igual que países como República Democrática del Congo, Siria, Corea del Norte y Afganistán. Pero parecería que nadie se fija en ello a la hora de comerciar con ellos ¿no?

Esto es solamente una hipótesis. El tema de China es interesante porque China tuvo el aval de Estados Unidos por muchas décadas. Y también hubo un discurso en los 90 y 2000 que decía que si integraba a China al mundo capitalista se transformaría en una democracia o al menos provocaría más libertades. Y eso era una utopía liberal que no tomó en cuenta la organización política y la cultura política China. Puede ser que antes de la pandemia China se hubiera abierto un poco más. Pero el mercado no cambió a China. De hecho, ha sido lo inverso: China cambió al mercado. Todo el mundo ahora es más autoritario de lo que era. China exporta tecnologías autoritarias para controlar a su gente, como en Venezuela y Nicaragua. China es un modelo que desafía a las democracias en todo el mundo y las está cambiando. Imaginar que eso no va a tener impacto en la gobernanza de nuestros países es absurdo. China nos cambió a nosotros mucho más de lo que nosotros lo hemos cambiado a ellos. 

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