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El narco Sebastián Marset jugó seis partidos en Deportivo Capiatá de Paraguay e invirtió allí "mucho dinero"

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Marset, el narco uruguayo que pagó US$ 10 mil por usar la 10 de Capiatá y simuló ser músico de Jaime Roos

Informe reservado lo ubica como cerebro de una sofisticada organización delictiva y exhibe sus maniobras en el ambiente del fútbol y el espectáculo

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13 de agosto de 2022 a las 05:02

Sebastián Enrique Marset Cabrera tuvo mil caras en los últimos cuatro años. Fue futbolista profesional, contratista de jugadores, productor de espectáculos, dueño de un taller de autos de alta gama y productor agropecuario, todos rubros con los que pretendió esconder su verdadera identidad: la de narcotraficante

Pero en los últimos meses, la cara real de Marset empezó a ocupar cada vez más espacio en las noticias y las causas judiciales.

Con 31 años cumplidos al 10 de abril, este joven uruguayo está prófugo de la justicia paraguaya, que lo considera el “principal ideólogo, organizador y supervisor” de una red internacional dedicada al tráfico de drogas cuya base de operaciones está en Paraguay y Bolivia pero alcanza a Uruguay y Argentina, países en los que los contenedores con cocaína hacen escala antes de salir rumbo a África y Europa.

Marset –sobre quien pesa una alerta roja y una orden de captura emitida por Interpol desde el 7 de marzo– también está siendo investigado en Colombia por ser el presunto cerebro detrás del asesinato de Marcelo Pecci, un fiscal antidrogas paraguayo que encabezó la operación “A Ultranza”, el mayor operativo contra el crimen organizado y lavado de dinero en la historia de Paraguay.

El Observador accedió a la investigación reservada de más de 500 páginas realizada durante más de tres años por la Secretaría Nacional Antidrogas de ese país que permitió hacer la operación.

Los documentos contienen un seguimiento a Marset desde el 6 de noviembre de 2019 hasta febrero de 2022, conversaciones telefónicas –incluidas charlas desde Dubái donde estuvo detenido por querer ingresar con un pasaporte falso y fue liberado gracias a la obtención de un pasaporte uruguayo–, sus movimientos migratorios y los esquemas montados para traficar drogas y blanquear el dinero.

Marset se presentó como productor de espectáculos

En Uruguay, este joven es un viejo objetivo de la brigada antidrogas, de acuerdo con fuentes policiales. Los investigadores presumen que estuvo detrás del cargamento con 347 kilos de pasta base y 206 kilos de cocaína que fueron incautados en 2020 en la operación Bagdad-Bangui y los 606 kilos hallados en la operación Árabe, entre otros. 

La fiscalía investiga su participación en dos hechos ocurridos en 2020: la amenaza a la fiscal de estupefacientes, Mónica Ferrero, y el atentado con una granada a la brigada antidrogas. Ambos fueron atribuidos al grupo denominado Primer Cartel Uruguayo (PCU).

En Uruguay, Marset fue procesado con prisión en 2013 por narcotráfico en una serie de operativos en los que también cayó Juan Domingo “Papacho” Vivero Cartes (tío del expresidente paraguayo Horacio Cartes). Tras obtener la libertad, nuevamente fue imputado en 2018 por un homicidio en Atlántida aunque la investigación terminó siendo archivada por falta de pruebas. 

Los registros migratorios muestran que ese año viajó por primera vez a Paraguay. Fue el 8 de abril y aterrizó con su cédula uruguaya en el aeropuerto Silvio Pettirossi de Asunción.

Hasta agosto de 2019, viajó al menos tres veces a Bolivia, cuatro a Uruguay y una a Argentina. En esa fecha empezó a utilizar un pasaporte boliviano –emitido el 25 de abril de ese año– con una identidad falsa bajo el nombre de Gabriel de Souza Beumer. Antes, en enero de 2019 había intentado obtener un pasaporte uruguayo a través del consulado en Santa Cruz de la Sierra, pero le fue denegado debido a que tenía dos causas penales abiertas en Montevideo. Dos años después, retenido en Dubái por portar un documento paraguayo falso, Marset sí obtuvo el pasaporte uruguayo debido a que las causas habían sido cerradas y las requisitorias ya habían vencido.  

La inteligencia paraguaya señala que se radicó de forma permanente en Asunción en 2020 junto a su pareja y madre de sus dos hijos, la también uruguaya Gianina García, de 29 años. Pese a esto, se casó con una mujer de 45 años que vive en Capiatá. “Se presume que habría contraído matrimonio con el objetivo de obtener su cédula de identidad paraguaya con mayor celeridad”, dice el informe.

Se instaló en un lujoso departamento en el piso 15 del Palacio de los Patos en Asunción y solía moverse en al menos tres vehículos: una Mercedes Benz GLE 350D roja, una Toyota Land Cruiser TDI blanca que además es blindada, y en una BMW X6 también blanca.

Desde Paraguay, Marset se alió con Miguel Insfran (también conocido como Tío Rico y líder de otra organización del tráfico y lavado paraguayo) y se convirtieron en cabecillas de un grupo internacional dedicado al tráfico de drogas y lavado de dinero, acciones en las que involucraron a gran parte de sus familias y las de sus parejas.

Lavado

Confiado de que la exposición pública lo resguardaría de las sospechas, Marset Cabrera primero quiso mostrarse como un empresario reconocido en la organización de espectáculos y eventos.

A fines de 2019, cuando todavía saltaba por varios países –aunque permanecía mayormente en Bolivia–, dos testaferros suyos abrieron en Paraguay la empresa Mastian Productions, dedicada a la producción de eventos, según el informe de Inteligencia. El Observador constató que esa productora organizó conciertos en Santa Cruz de la Sierra con artistas como Rombai, Romeo Santos y Chichi Peralta.

A la vez, Marset comenzó a publicitarse en notas de prensa, principalmente en portales web de Ecuador y Venezuela, como un destacado productor e incluso músico, aunque decía que Mastian Productions había sido abierta en Uruguay.

Esquema de lavado de activos

Una de esas notas señala falsamente que Marset fue parte de la banda de Jaime Roos y el texto luego copia palabra por palabra una entrevista que dio el músico Nicolás Ibarburu al semanario Brecha.

En 2021, el grupo comenzó a involucrarse en el fútbol y Marset experimentó primero como jugador y luego como contratista, una actividad que se presume que utilizó para lavar activos.

El primer club en el que logró incidir fue el Deportivo Capiatá, que por entonces jugaba en la B del fútbol paraguayo y había sido fundado en el año 2008. Aquí invirtió “mucho dinero”, según le dijo Merchi, una de sus operadoras, a otra mujer en una conversación telefónica interceptada por la policía. 

Marset le regaló dos yates, una quinta y una casa al entrenador de la época, estableció contactos con toda la directiva de la institución y durante un par de meses logró ser jugador profesional. 

Disputó seis partidos, en uno de ellos pateó un penal y lo erró, y llegó a lucir la camiseta número 10, por la que le pagó US$ 10 mil al futbolista Julio Irrazabal para que se la cediera. Con ese dinero, Irrazabal “salió de fiestas” junto a otros jugadores. 

Llegó a ir a entrenar en un Lamborghini Huracán, lo que llamó la atención de sus compañeros, que meses después, cuando cayó en Dubái, seguían sin saber qué había detrás del misterioso joven conocido como “el uruguayo”.

Una vez realizada la operación A Ultranza, el vicepresidente del Deportivo Capiatá, Óscar Barreto, negó que tuvieran algún vínculo con Marset, aseguró que jamás recibieron dinero y dijo que los balances demostraban que no había movimientos extraños.

Pero si bien la de Capiatá fue la única camiseta que vistió el narcotraficante, sus vínculos con el fútbol no terminaron ahí. En junio, Marset se vinculó a Rubio Ñu, donde también llevó al técnico y se inició como contratista. En este club hizo inversiones para remodelar el estadio y una de sus empresas se transformó en sponsor del cuadro, algo que también hizo en River Plate de Paraguay. Al mismo tiempo, cuatro jóvenes que había llevado al equipo lograron ser vendidos al Trikala, un club de la B de Grecia
En base a la evidencia recolectada, los investigadores señalan que esas ventas  probablemente articularon operaciones de lavado, mediante un método ideado por otro uruguayo, Federico Ezequiel Santoro Vasallo, un hombre de su confianza y caracterizado por la inteligencia paraguaya como el cerebro del blanqueo de dinero de la organización.

Santoro Vasallo tiene una fuerte influencia en Ciudad del Este, en la zona de la triple frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil, y logró aceitar un mecanismo por el que lograron ingresar el dinero principalmente por casas de cambio. 

El nombre de este hombre de 43 años –con antecedentes por trata de personas– está arriba de la mesa de los investigadores también en el caso del polémico avión iraní-venezolano detenido en Argentina con sospecha de vínculos con organizaciones terroristas. Santoro fue el contacto y quien estuvo con los tripulantes en los días que estuvieron en Ciudad del Este.

Si bien al principio Marset se fue a vivir junto a su pareja, con el paso de los meses fue haciendo que gran parte de su familia se instalara en Paraguay para ponerse al frente de algunos de los negocios. 

Su pareja Gianina García es la dueña de Total Cars, un taller de reparación de autos de alta gama que abrió en abril de 2021 y que figuró como auspiciante de Rubio Ñu y de River Plate de Paraguay. En la inauguración de esa empresa se exhibieron dos Lamborghini Huracán junto a otras camionetas y autos lujosos. Ahí también trabaja su padre, a quien el informe describe como una persona a quien su hijo no le tiene confianza porque le sacaba dinero para gastarlo en fiestas con prostitutas.

El nombre de la sociedad anónima detrás de Total Cars es Grupo San Jorge, debido a la afición que tiene Marset por este santo católico, de importante influencia en Paraguay. De hecho, en la sala de su vivienda tiene un San Jorge y la estancia que maneja su cuñado y tiene miles de cabezas de ganado está bautizada “23 de abril”, el día de San Jorge.

Tráfico

Con Marset e Insfran a la cabeza, la red maneja todas las etapas de la cadena de narcotráfico desde la producción hasta la comercialización en Europa utilizando diversos grupos instalados en el territorio. Poseen aviones, pilotos rentados, campos, ganado, camiones, depósitos de acopio y lanchas, además de empresarios que les permiten incluir la droga en sus exportaciones.

La ruta comienza en Bolivia, donde a través de un brasileño apodado Beiño –y señalado como presunto integrante del Primer Comando Capital (PCC)– acceden a la cocaína

A partir de registros migratorios, los investigadores sospechan que en 2021 su hermano, Diego Marset, se radicó en Santa Cruz de la Sierra para actuar como nexo con los productores bolivianos

Desde este país, la droga es enviada en avionetas de matrícula boliviana a pistas clandestinas ubicadas en campos en “Alto Paraguay” en la zona del Chaco, muy cerca de la frontera con Bolivia. 

Esquema de tráfico de drogas

El informe de inteligencia consigna que en uno de esos campos, en el que incluso construyeron un hangar y cuentan con iluminación para hacer aterrizajes y despegues nocturnos, realizan un transbordo a aviones de matrícula paraguaya que llevan la droga a al menos otras dos pistas clandestinas ubicadas a un par de horas de Asunción: una en la zona de “25 de Diciembre” y la otra en “Presidente Hayes”. Este último campo había sido allanado en 2013 en el marco del operativo internacional en que cayeron –en Uruguay– Juan Domingo Cartes y Sebastián Marset y se incautaron dos aeronaves de la marca Cessna.

Las pistas en estos campos funcionan como establecimientos ganaderos. Allí la droga es acondicionada en vehículos –principalmente camiones– que cuentan con estructuras de doble fondo que la llevan hasta una serie de depósitos para acopio, resguardo y redistribución, ubicados en la ciudad de Mariano Roque Alonso a orillas del Río Paraguay. 

Luego de que la droga es descargada, pasa a intervenir un cuarto grupo conformado por empresarios que se dedican al comercio internacional quienes envían mercadería –principalmente soja y arroz– en contenedores con cocaína escondida.

Las exportaciones se hacen desde puertos privados y los contenedores transitan toda la hidrovía, muchas veces haciendo escala en Argentina y Uruguay antes de salir rumbo a África y Europa.

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