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Siete fotógrafos eligen una foto especial de su vida y cuentan por qué

Pantaleón Astiazarán, Magela Ferrero, Ignacio Iturrioz, Matilde Campodónico, Federico Ruiz Santesteban, Tali Kimelman y Erika Bernhardt se sumergieron en su archivo personal en busca de esa imagen ideal

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10 de agosto de 2020 a las 05:05

A veces llega por un golpe de suerte, un cruce de circunstancias fortuitas que se traduce en un instante ideal. También puede que aparezca como fruto de la mirada transformada, esa que en un momento vio las cosas de una manera y ahora, con la experiencia en el ojo, las ve de otra. O incluso puede que suceda por decisión propia, por la necesidad de conseguir ese resultado, un retazo de tiempo congelado determinado. Sea como sea, se tomen los caminos que se tomen, hay veces en que los fotógrafos se topan con esa imagen. Con la imagen. Quizá no la estaban buscando, quizá sí, pero de inmediato saben que ese disparo es especial. Es un momento en que el obturador procesa el mundo real, lo traduce al plano y lo incrusta en el corazón del autor. Es un momento visceral, que recorre las entrañas y sacude las raíces de la fotografía. Es un momento que todos estos artistas vivieron, aunque sea una vez en su vida.

Lo que se les pidió a estos seis fotógrafos, entonces, fue simple: que eligieran una foto, una imagen entre las miles que tomaron, a la que le tuvieran un cariño especial. Se les pidió, también, que contaran por qué. La idea era repasar las miradas y reflexiones de algunos de los actores uruguayos del circuito fotográfico en un mes que, justamente, celebra eso: agosto, desde hace algunos años, es el mes de la fotografía.

Y aunque la propuesta era simple, está claro que la resolución no lo fue. Todos ellos debieron rascar en sus recuerdos, en sus catálogos y archivos internos, para descubrir aquella imagen que representara un momento crucial. Algunos optaron por experiencias de vida o instantáneas fortuitas con las que se cruzaron en la calle o en el campo; otros, por trabajos y proyectos que hoy significan mucho para ellos. Todos, sin diferencia, se abrieron y dejaron salir eso que a veces nosotros, frente a las imágenes, no podemos percibir en su totalidad: la subjetividad punzante y porfiada que marca que para ellos, y sus razones tienen, estas son algunas de las imágenes que salvarían de las garras de un incendio.

Pantaleón Astiazarán

(1949) Trabajó en El País, AFP y revista Tres, entre otros medios; ganó el premio Morosoli por su obra en 1999

Esta foto la tomé en 1974, unos cuatro años después de haber comenzado a hacer fotografía "en serio". La utilicé para la invitación de mi primera exposición personal, en 1975, y para la tapa de mi libro de 1980 Como água entre as maos. Treinta y cinco años después escribí el texto que sigue para publicarla en mi blog, creo que resume una parte de mi obra de estos 50 años, expresada en mi serie Tempus fugit:

“Pasaba frente a un café algo apartado del centro de Castillos, en Rocha, cuando vi la mano, posada como un pájaro sobre la mesa junto a la ventana. Era una mano de anciano, gastada y encogida por los años y que parecía querer aferrarse a la pulida superficie sobre la cual descansaba. Y a su lado, a pocos centímetros, tenía al enemigo, con las fauces abiertas como una cobra real pronta para dar el salto final.
Ambos rivales, la mano que trabajó, que pudo haber golpeado a alguien con furia, que seguramente acarició, al menos alguna vez, un suave pecho de mujer, la cabeza de un niño, y el representante del tiempo, ‘esa otra daga’, como dijo Borges, se medían en silencio.

Yo tenía entonces –fue allá por 1974– 26 años y ya había leído mi buena dosis de obras del bardo de Barrio Norte y por otra parte, como todo fotógrafo, tenía siempre presente el carácter volátil del tiempo, así que sin perder ni un instante en medir la luz siquiera, disparé varias veces la cámara antes de que la escena se desvaneciera.

Cuando revelé la imagen y amplié el negativo, noté algo que se me había escapado en el momento de la toma: un poco más arriba del reloj, también posada sobre la mesa y quizás también al acecho, había una mosca.

Esa mosca modifica la escena, pues en lugar de ser una suerte de representación poética de la épica (aunque inexorablemente perdida de antemano) batalla entre la mano –o mejor dicho, entre su dueño, él, nosotros todos– y el tiempo-daga asesino, la presencia del insecto le confiere al conjunto un leve toque macabro, hasta morboso si se quiere, maldita mosca.”

Magela Ferrero

(1966) Trabajó en El Observador, revista Tres y Riesgopaís; en 2011 expuso en la Bienal de Venecia

La fotografía para mí es una herramienta, un lenguaje, una traducción. Con esas capacidades ha salvado mi espíritu, en momentos de afilada oscuridad. Esta foto resume para mí esa compañía. Agradezco pues a la luz, el manantial de su proceso. 

La posibilidad de volver sobre mis pasos, la reconstrucción de la memoria, la invención del tiempo. Enfrentada a la cama donde nacemos, morimos, soñamos y multiplicamos las preguntas, recordé ese día, en ese lugar –y desde entonces, cada vez que lo visito– mi deseo.

Ignacio Iturrioz

(1978) Expuso en Uruguay, Brasil y Alemania; es parte del colectivo alemán de artistas Schmelzofen e.V.; en 2018 ganó el Premio Nacional de Fotografía por su obra Purgatorio

¿Por qué elijo una foto de este edificio? Porque fue mi casa y mi hogar solitario durante siete años, porque fui muy triste y muy feliz en él, porque me enamoré, me desenamoré y me volví a enamorar en este lugar y de este lugar, porque aquí un día la antigua noche una vez comenzó, porque hice fotos en ella hasta el hartazgo y porque en definitiva todo lo que pasó en el Palacio Salvo será siempre en blanco y negro para mí.

Matilde Campodónico

(1969) Trabajó en El Observador, AP y ha colaborado con The New York Times y Rolling Stone, entre otros; expuso en Uruguay, Argentina, Holanda y España

Podría elegir cualquier foto para este espacio. Podría traerles una foto hermosa y tendría el sentido de compartir esa belleza. Pero no: hoy elijo una foto casi noticiosa.

Descubrí la fotografía documental trabajando para este diario hace más de 20 años y, luego de un tiempo, esa forma dejó de tener un sentido profundo para mí aunque sigo ganándome la vida aún hoy con ella. Viví parte de ese tiempo en una tensión permanente entre mi persona y mi trabajo. Así que empecé a usarla de otras formas, sobre todo para apoyar ciertos pensamientos acerca de la propia fotografía y su sentido. 

La fotografía, en presencia o en ausencia, es la columna vertebral de mi vida. 

Ese desencanto estuvo presente hasta que me levanté un 14 de marzo, un día después de que se declarara la emergencia sanitaria en Uruguay y salí a la calle y me di cuenta de que el lenguaje documental volvía a tener sentido para mí. El mundo había cambiado. Pero había cambiado de un modo muy especial. El aire era denso, la incertidumbre lo volvía casi sólido. Decidí salir cada día a intentar capturar esa sensación. Volví al documentalismo porque ese es el lenguaje que me parece adecuado para narrar este momento. Así que aquí comparto una foto de mi hija, que estuvo semanas sin salir de casa. La tomé casi sin pensar uno de esos días en que salía a la calle a intentar asir de alguna manera esta sensación de desasosiego colectivo que me trajo de nuevo, al menos por un rato, al mundo documental. 

Federico Ruiz Santesteban

(1980) Expuso en salas de Uruguay, Argentina, Perú, Cuba, Austria, Portugal, EEUU y Angola

Esta pieza, y el proyecto del que forma parte, me resultan de especial importancia porque es donde desembocan caminos de reflexión sobre el entorno en el que habito, junto con nuevas experimentaciones fundadas en el poder fotosensible de plantas catalogadas como malezas, yuyos o invasoras. Su relevancia por estas fechas se redobla, ya que la muestra está viendo la luz por primera vez.

Todas las especies que la integran habitan en las cunetas y baldíos de Ciudad de la Costa. Son plantas tercas y porfiadas que luchan contra la embestida del crecimiento urbano desregulado.

La técnica de revelado está basada en la reacción de la clorofila y otros pigmentos fotosensibles, sin la utilización de tintas ni químicos adicionados. Herbario es una continuación de mis experimentaciones en procesos de revelados alternativos, búsqueda enfocada en técnicas sustentables y de bajo costo.

*La muestra puede visitarse en el Museo Zorrilla hasta el 26 de setiembre, de lunes a viernes de 14 a 19 y los sábados de 11 a 16.

Tali Kimelman

(1978) Publicó en National Geographic, The New York Times, Condé Nast Traveler, Monocle Magazine, Archdaily, entre otros medios internacionales

El día que tomé esta foto nos dirigíamos de Punta Ballena a Villa Serrana con una amiga por la ruta 60. El cielo cargado de nubes parecía indicar una tormenta inminente. Recorrimos casi todo el trayecto con una suerte de apuro para escapar a la lluvia torrencial, pero cuando vimos esta casita sola en medio de las sierras decidimos detenernos a fotografiarla a pesar del cielo gris, que no prometía una gran vista. Apenas terminé de encuadrar y justo antes de tomar la foto, salió el sol y la iluminó, solo a ella. 

He experimentado esta sensación de conexión muchísimas veces en el acto fotográfico. Es como entablar una conversación silenciosa con el paisaje. El momento en que cada cosa está en su justo lugar y todo conspira para revelar una imagen. La imagen que en ese momento se arma mágicamente es capturada en una fracción de segundo pero parece ser la culminación de algo más largo, un reflejo de mi vínculo con la naturaleza.

Erika Bernhardt 

(1983) Co-dirige el estudio de diseño Blende; en 2019 ganó el Premio Nacional de Fotografía por su obra En el fin solo hay flores

Esta foto forma parte de la serie En el fin solo hay flores y es significativa en muchos sentidos. Creo que resume muy bien el clima y la atmósfera del proyecto y sus diferentes etapas. La serie ganó el Premio de Fotografía de Uruguay 2019 y estuvo expuesta en el Centro de Fotografía de Montevideo, actualmente estamos en el proceso de publicación del libro, y elegí esta imagen para la portada.

También fue parte de un trabajo realizado en el workshop que hice en 2017 con el fotógrafo suizo Beat Presser, que posteriormente continué en una experiencia en su estudio en Berlín, donde surgió originalmente el nombre del proyecto: Am ende nur blumen - En el fin solo hay flores.

Agosto fotográfico

Para celebrar el mes de la fotografía, el Centro de Fotografía de Montevideo está haciendo varias actividades relacionadas. Además de que ya se puede visitar nuevamente su sede y las cuatro muestras actuales, a partir del martes 11 comenzará una nueva actividad titulada Foto sobre foto en la que dos integrantes de la comunidad fotográfica uruguaya eligen una de sus influencias y las ponen en conversación. La primera de estas tertulias estará protagonizada por Mariana Greif y Cecilia Vidal, será a las 19.30 y a través de Zoom (el link se encuentra en www.cdf.montevideo.gub.uy).
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