Las hermanas Andrea y Laura Roth hablan con entusiasmo y solidez acerca de Laboratorio Apiter, la empresa de procesamiento y comercialización de extractos de propóleos y de productos farmacéuticos de origen natural en la cual ambas son directoras.
Junto a su hermano Germán conforman la segunda generación de la firma, fundada por sus padres –el ingeniero químico Andrés Roth y la química farmacéutica Elba Cárdenas– en los años de 1970. De hecho, la relación de la familia con el mundo de las abejas viene de más atrás en el tiempo: el padre de Andrés Roth era productor apícola en el departamento de Colonia.
De acuerdo a los responsables de Apiter, el propóleos tiene varias bondades, entre las que está ser antiinfeccioso, antiinflamatorio, inmunoestimulante, antioxidante y cicatrizante.
Materia prima y productos
Actualmente, Apiter tiene dos grandes líneas de negocios. Por un lado, el extracto de propóleos (que se comercializa como materia prima para que terceros elaboren otros productos). Por el otro, productos farmacéuticos terminados, que la firma uruguaya viene desarrollando desde la década de 1980. Dentro de su cartera de productos hay apósitos, lociones, ungüentos, cremas y jarabes, entre otros.
Desde hace más de 35 años la primera línea de negocios se exporta a países como Nueva Zelanda, Alemania, España y Canadá. En cambio, la distribución de los productos farmacéuticos estaba más reducida a la plaza local.
Pero ahora los Roth buscan cambiar eso.
Fue con la internacionalización de sus productos farmacéuticos en mente que, años atrás, comenzaron a idear una nueva planta que les permitiera aumentar su producción y, de esta manera, lograr acuerdos comerciales para alcanzar más destinos.
Luego de un “momento difícil” en 2006 –cuando momentáneamente se tuvo que detener la producción–, las hermanas Roth se pusieron al hombro un proyecto para modernizar y profesionalizar la empresa familiar. En retrospectiva, dijeron que lograron resurgir de las cenizas “Hoy ya pasamos la hoja”, sostuvieron.
Ese proyecto contempló la construcción de esta nueva planta, que hoy está tomando forma a la altura del kilómetro 27,5 sobre la ruta 101, en Canelones. Se espera que antes de que termine 2014 la planta ya esté en fase de producción.
Esta obra demandó una inversión de US$ 6 millones, financiados en parte con capital propio y en parte por el Banco República, a través de la licitación de proyectos de inversión.
“La nueva planta es una consecuencia directa de nuestro crecimiento actual y del desarrollo a mediano y largo plazo focalizado en la exportación, aumentando la capacidad productiva y el cumplimiento con los estándares más exigentes a nivel internacional”, señaló Andrea Roth.
Latinoamérica es la primera parada a la cual Apiter quiere llegar con sus productos. Ya tienen presencia en Argentina, Chile, Ecuador y Paraguay, y están en negociaciones para ingresar también al mercado guatemalteco y al venezolano. Desembarcar en mercados extranjeros con productos farmacéuticos, dijeron, lleva tiempo y paciencia para obtener, entre otros, los permisos sanitarios necesarios.
La nueva planta farmacéutica de Apiter cuadriplicará la actual capacidad productiva del laboratorio, tendrá 2.000 metros cuadrados construidos y dará empleo a alrededor de 20 personas, en un principio, afirmó Laura Roth.
En el futuro, y con sucesivas obras, la empresa planea centralizar toda su operativa en esa zona del departamento canario.
Alianza apícola
Para obtener la materia prima para sus productos, Apiter tiene que trabajar de manera muy cercana con los apicultores. El primer desafío es convencerlos de que, además de la miel y otros derivados más tradicionales, también es un buen negocio extraer y luego vender el propóleos.
Hoy son alrededor de 350 los productores apícolas proveedores de Apiter en Uruguay.
En general, los productores retiran de las colmenas los propóleos cuando termina la zafra de la miel, que va de setiembre a abril.
Como el origen es geográficamente diverso, es tarea de la empresa trabajar en su homogeneización, como paso previo a que se lo utilice como materia prima para elaborar cualquier producto.
Presencia en Argentina
Además de su operativa en Uruguay, desde la década de 1980 Apiter tiene presencia en Argentina, donde en una planta en la provincia de Entre Ríos fabrica productos alimenticios, como caramelos de propóleos, y también cosméticos, como la conocida crema de ordeñe.