Por allá hay una escuela. Cerca del agua”. Esa fue la indicación de quien no resultó ser un baquiano, pero sí la única persona que apareció tras un largo trecho buscando la escuela Nº 41 de Rincón de Ramírez. Para el agua, el río Negro, faltaban otros cuatro kilómetros. La modesta escuela de tres ambientes –clase/comedor, cocina y depósito; puesto que el baño está en la casa donde pernocta el maestro– está en el medio, literalmente en el medio, de una masa verde, donde aún no ha llegado la energía eléctrica ni hay expectativa de que lo haga. Pueblo Grecco, el centro poblado más cercano, está a 22 kilómetros y, aunque esa cantidad no parece mucho por sí sola, sí lo es si se tienen que transitar por un camino bastante pedregoso y curvilíneo, en la oscuridad y hasta con ganado que logra pasar los alambrados.
El proyecto se realizará en dos fases: primero se trabajará en 45 escuelas sin energía eléctrica y sin conectividad; y luego en las que ya cuentan con alguna instalación para acceder a internet realizada por el programa Ceibal del Ministerio de Educación y Cultura. En total, el llamado proyecto Luces para Aprender beneficiará a unas 90 escuelas.
El personal de la OEI encontró varios casos de equipos –o baterías– defectuosos en su recorrida por las 45 escuelas de la primera fase. “Tienen las herramientas pero no las pueden usar”, lamentó. Incluso, encontraron escuelas “que no tienen nada” y donde es normal que el maestro, que vive en algún paraje lejano, pernocte allí de lunes a viernes y se lleve las ceibalitas de sus alumnos los fines de semana para cargarlas en su casa.
El objetivo es que para octubre de 2014 “no quede ninguna escuela sin luz”, apuntó Lorenzo.
El panel solar de la escuela Nº 41 tiene al menos 10 años. En ese tiempo tuvo dos actualizaciones: se pasó de 110 a 220 voltios en 2010 y se cambiaron las baterías viejas por las usadas de la escuela de Molles de Porrúa (a 19 kilómetros de Rincón de Ramírez) cuando a esta le llegó la corriente eléctrica en 2012.
En general, el maestro-director Fabricio Pellietti dijo que el panel funciona sin mayores problemas pero siempre y cuando se tengan los siguientes recaudos, o en sus palabras, “se administre bien”: no encender todos los electrodomésticos a la vez (ese “todos” incluye un televisor, un equipo de audio, una licuadora y una picadora) y, si se puede evitar, no utilizar plancha o secadores de pelo, o cualquier otro de mayor potencia. La instalación eléctrica actual no soporta una heladera. La de la escuela es de gas y consume dos garrafas al mes. Otra precaución es prender la luz por ambientes. “Si voy a la cocina, apago la luz de donde esté”, relató Pellietti. Y todo lo demás debe apagarse si sus tres alumnas, Aldana, Victoria y Silvia, tienen que cargar la única XO que tienen en funcionamiento.
En Rincón de Ramírez cada watts vale oro, en especial, en invierno, cuando el peor escenario ocurre tras el tercer día consecutivo nublado. “Hasta ahí hemos resistido”, expresó Pellietti. No obstante, por esas condiciones climáticas, es normal que las niñas no acudan a clase. Ellas viven a cuatro, siete y 10 kilómetros de distancia y sus padres la llevan en moto. En sus casas tienen generadores de energía eléctrica que prenden solo de noche.
En este sentido, la escuela podrá convertirse en un punto de referencia para la zona. Ese es otro objetivo de la OEI. Como los nuevos paneles almacenarán más energía que los actuales, Carla Simeto, directora de Luces para Aprender en Uruguay, aspira a que la comunidad se reúna en la escuela los fines de semana, quizá para ver una película. “La escuela servirá como un punto de reunión como lo fue antes”, dijo.
La principal utilidad que el maestro le ve al cambio de vida que tendrán a partir de octubre es que las niñas –dos de 7 años y una de 8 años– podrán acceder a más libros a través de internet y ser aun mejores estudiantes.
Luces para Aprender consiste en la instalación de un sistema fotovoltaico para cubrir las necesidades de iluminación interna y externa del centro, además de proporcionar energía para equipos tecnológicos y de comunicación. La solución incluye también el acondicionamiento de las instalaciones eléctricas.
La donación incluye el mantenimiento durante dos años por Fundación Elecnor y una capacitación al docente para que pueda solucionar algún imprevisto de fácil reparación. La vida útil de los equipos es 20 a 25 años si, como dijo Lorenzo, “se lo trata bien”.