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Apuesta arriesgada: España se italianiza

El nuevo fracaso político refuerza el hartazgo de los españoles con la inoperancia de los partidos,

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22 de septiembre de 2019 a las 05:00

Los excesos electorales de España –cuatro elecciones en cuatro años- no es una demostración democrática para festejar porque, en realidad, es la evidencia viva de la incapacidad de sus partidos para lograr cualquier pacto de gobernabilidad.

Probablemente España sea uno de los casos más extremos de las manifestaciones de ingobernabilidad de Europa; en el polarizado país ibérico ha calado hondo el llamativo pensamiento  –que sostiene desde hace tiempo el abogado y sociólogo Juan Meseguer– “de que el adversario político, no ya sus ideas, carece del derecho a comparecer en el espacio público” y es por ello que los partidos se califican de “indecentes o ilegítimos”.

En el poder desde junio de 2018, el socialista Pedro Sánchez  (Partido Socialista Obrero Español, PSOE)) ganó las elecciones de abril pero necesita alianzas en el Congreso, donde su partido sólo obtuvo 123 diputados de 350, muy lejos de la mayoría absoluta (176).

Por los resultados de las elecciones, Sánchez era el único candidato con opciones de éxito aunque en julio pasado ya perdió dos votaciones en el Congreso para su investidura al no conseguir cerrar un pacto de coalición con Podemos (izquierda radical).

En los últimos meses, Sánchez y Pablo Iglesias, el líder de Podemos, se pelearon por la negativa del presidente a que la izquierda radical ocupe cargos de ministro en un nuevo gobierno de coalición.

Las diferencias entre todos los partidos llevó al rey Felipe VI, el martes 17, a no avanzar en una “propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno”.

“No existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso de los Diputados, en su caso, le otorgue su confianza”, señaló en un comunicado la Casa Real, después de la ronda de consultas del monarca.

El bloqueo llevará así a la disolución del parlamento el próximo lunes 23 y la convocatoria de elecciones el 10 de noviembre sobre las que no hay ninguna garantía de que ayuden a concretar un acuerdo de gobernabilidad.

Serán los cuartos comicios desde 2015, cuando el bipartidismo del PSOE y el conservador Partido Popular (PP) se vio sacudido por la irrupción de Podemos y el centroliberal Ciudadanos. En abril pasado el partido ultranacionalista Vox  ensanchó la fragmentación al conquistar el 10 % de los votos con ideas de extrema derecha como se escuchan en otros países europeos, especialmente contra los migrantes.

https://www.elobservador.com.uy/nota/la-izquierda-no-se-entiende-y-espana-se-encamina-a-nuevas-elecciones-2019917173823

Reproches

El fracaso del monarca no dio paso a la autocrítica, sino a los reproches y a la búsqueda de culpables por la falta de acuerdo, lo que alimentó el clima de crispación política.

Los sermones comenzaron el mismo martes 17, con la oposición acusando a Sánchez del bloqueo y éste recriminándoles no responsabilizarse de la gobernabilidad del país. 

En un debate en el Congreso, en la última sesión, que tuvo tintes de campaña electoral, en la última sesión antes de su disolución,  Sánchez culpabilizó del bloqueo a Podemos, con quien negoció la fracasada coalición, y a los conservadores del Partido Popular y los liberales de Ciudadanos, a quienes pedía abstenerse para permitir la investidura.

“Tenemos la sospecha de que Pedro Sánchez no quería formar gobierno, que desde el principio quería elecciones”, lanzó Pablo Casado, líder del PP.

No hay explicaciones en una sola dirección para entender lo que significa un nuevo fracaso político que refuerza el hartazgo de los españoles con la inoperancia de los partidos, según las encuestas.

https://www.elobservador.com.uy/nota/-decepcion-y-enojo-en-el-electorado-espanol-ante-nuevos-comicios-2019918133230

“Ciudadanos se equivocó de estrategia, su obsesión era superar al Partido Popular” para convertirse en el primer partido del centroderecha, señaló Cristina Monge, politóloga en la universidad de Zaragoza, lo que provocó una crisis interna y numerosas deserciones.

Por su parte, Podemos “subestimó la posición del PSOE y pensaba que al final acabaría cediendo” y les daría más protagonismo en un gobierno de coalición, añadió la analista.

Las encuestas sitúan a Sánchez como el principal beneficiado de unas nuevas elecciones, en las que teóricamente aumentaría su ventaja pero sin alcanzar la mayoría absoluta, obligado nuevamente a buscar acuerdos.

Sánchez “cree que va a conseguir un número de escaños superior que le permita obtener una mayoría más cómoda” para tener más fuerza en una futura negociación, señaló Paloma Román, profesora de Ciencias Políticas en la universidad Complutense de Madrid.

“Las encuestas dicen que va a ganar escaños y Podemos los va a perder”, según dijo Cristina Monge, politóloga en la universidad de Zaragoza.

Pero “es una apuesta muy arriesgada”, opinó.

Y Sánchez es consciente de ello como se reflejó en su intervención en el Congreso en el que pidió a los españoles que permitan que el PSOE consiga en la elección de noviembre una “mayoría más rotunda” que le permita formar un nuevo gobierno. 

“La gran incógnita que hay en estos comicios va a ser la participación, la gente está cansada”, afirmó la politóloga Monge. 

El escenario de las mayorías absolutas es un asunto del pasado, que responde a otro contexto político y a otra realidad electoral, a la que los políticos están obligados a adecuarse. Pero no es un fenómeno tan nuevo para España: entre 2015 y 2016, el país necesitó 10 meses y una repetición electoral para reconducir entonces a la presidencia al conservador Mariano Rajoy, reemplazado en junio de 2018 por Sánchez tras una moción de censura.

La fragmentación llegó para quedarse y los gobiernos de coalición serán parte de la realidad política, pero los partidos “no lo han entendido todavía”, dijo  Román, profesora de Ciencias Políticas en la universidad Complutense de Madrid.

“Necesitamos un cambio de mentalidad de estos líderes, todos muy jóvenes, pero anclados en modelos pasados”, afirmó. 

Un cambio de mentalidad es obligatorio por el contexto de incertidumbre económica, los temores a una nueva recesión mundial y política ante un posible brexit duro y la probable reactivación del conflicto catalán si los líderes independentistas son condenados. 

Pero no es fácil  haberse “italianizado pero sin los italianos” y su capacidad de negociar en un contexto de inestabilidad crónica, bromeó recientemente José Ignacio Torreblanca, del centro de reflexión European Council on Foreign Relations.(Basado en AFP y otros servicios internacionales)

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