8 de junio de 2012 19:42 hs

Dallas contaba –y cuenta– la historia de los Ewing, una familia texana dedicada a la explotación de petróleo ubicada cerca de la ciudad del título.

Su primer episodio se estrenó el 2 de abril de 1978 y alcanzó la friolera de 13 temporadas en su primera encarnación –356 episodios hasta 1991– causando verdadera sensación no sólo en su país de origen sino también en Latinoamérica, ya que se exhibió en cadenas latinas casi desde el mismo momento de su estreno.

Pero más allá de su longeva duración, aquello que siempre caracterizó a Dallas fue presentar protagonistas bastante alejados de lo que podría llegar a ser un héroe: taimados, tramposos, crueles y, sobre todo, ambiciosos.

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Dallas fue una serie donde el espectador difícilmente podría llegar a identificarse con nadie, pero que sin embargo generó una popularidad pocas veces vista y difícilmente comparable.

De todos aquellos personajes despreciables, el más popular fue sin duda alguna John Ross (JR) Ewing (Larry Hagman), por aquel entonces el hijo mayor de la familia y heredero del imperio, quien se destaca además por ser bastante más complicado que el resto, algo que consagró definitivamente al actor como estrella. Allí fue un villano absoluto, lo cual contrasta con el buenazo torpe que acompañaba a Mi Bella Genio.

Reencarnaciones

JR regresa ahora en esta nueva encarnación como el anciano patriarca (acorde a la edad actual de Hagman), quien está hoy día prácticamente retirado del negocio, más no así de las maquinaciones y de la lucha de poder tras bambalinas. El trabajo ha quedado en manos de su hijo mayor, también llamado John Ross (Patrick Duffy, quien mantiene su personaje también desde 1978), y que tiene una personalidad bastante antagónica a la de su padre. En tanto, el viejo Ewing comienza a estudiar cuál de sus descendientes será el más adecuado heredero.

No es el único que continúa con las manos en la masa. Su esposa Sue Ellen (Linda Gray, una más de las que se mantiene desde 1978) continúa involucrada en los negocios de la familia manteniendo desde hace más de 30 años una relación de amor/odio con su marido.

Otros actores que se mantienen desde la primera versión son Steve Kanaly (el capataz del rancho y medio hermano de JR), Ken Kercheval y Charlene Tilton.

Pero más allá de los rescates históricos, la serie actual se centra en la relación entre John Ross Ewing III (sí, los Ewing no son lo más original en cuanto a nombres) y Christopher Ewing, primos entre ellos y candidatos a heredar el imperio, en la serie original niños, y hoy día adultos.

Interpretados por Josh Henderson y Jesse Metcalfe respectivamente, ellos son algunos de los nuevos en el elenco, que se complementa con actuaciones de Jordana Brewster, Brenda Strong, Julie Gonzalo y Callard Harris, entre otros.

Lo tiene Warner

La señal de cable TNT ha sido responsable de este relanzamiento –y no reinicio como se han ocupado una y otra vez de aclarar–, ya que mantener elenco y producción es una elección conciente para beneplácito de sus cientos de miles de fans. Esto ya ha causado sensación a poco tiempo de su estreno (este miércoles en EEUU, poco después en las pantallas de Warner Channel accesibles a la audiencia local).

Al ritmo de la televisión actual, esta nueva temporada de la soap opera por definición ha programado 10 episodios.

Gran expectativa

La expectativa generada ha sido tremenda, dado el importante capital simbólico que tiene la serie en el colectivo tanto en Estados Unidos como en el resto de Latinoamérica (en Uruguay, Dallas pasó siempre desapercibida y tuvimos en cambio temporadas interminables de La belleza y el poder, de bastante menor producción.

En México, en cambio, es sencillamente furor. Y se espera un éxito similar para continuar con otra temporada.

Dallas además fue distintiva por utilizar recursos narrativos que luego se volverían cliché y, como tales, sujetos a la parodia, de las telenovelas.

Los hijos secretos, las revelaciones de hermandad, los muertos que volvían una temporada después a la vida, cirugías plásticas que permitían cambios de actores para los personajes, y un largo etcétera: Dallas los tuvo todos.

Pero más allá de estos recursos que pueden llegar a causar risa hoy en día y con millones de horas de televisión encima, Dallas también fue una de las primeras series de televisión que se arriesgó a abandonar la linealidad de sus protagonistas –presentados siempre como “buenos” y “malos”– y apostó a seguir a un colectivo humano esencialmente despreciable, pero capaz de buenas acciones cada tanto, que reportaba sorpresa en su mundial audiencia.

Dallas fue una apuesta a otro tipo de televisión y otro tipo de historias. Y eso a la larga siempre es ganancia.

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