El gobierno argentino dará una fuerte señal a los inversores extranjeros al renovar hasta fin de año la concesión de Aguas Argentinas --la filial del grupo francés Suez encargada de la red de aguas y cloacas de Buenos Aires-- que durante meses había amenazado suspender.
El acuerdo, el primero que suscribe el gobierno argentino con una empresa extranjera de servicios públicos, estaba técnicamente listo hace varias semanas pero le faltaba la firma del presidente Néstor Kirchner.
El propio Kirchner ha tenido palabras muy duras para denunciar la actitud de Aguas Argentinas. "El agua lamentablemente fue privatizada (en los años 90). Es hora de que aquellos que ejercen la privatización se den cuenta de que con nosotros no va a haber impunidad. Si la quieren explotar, que inviertan, y si no vamos a conversar de otra manera", había lanzado en enero el jefe de Estado.
Las negociaciones entre la empresa y el gobierno tenían por objeto lograr un acuerdo transitorio para el año 2004, de manera de dar tiempo a las dos partes de volver a cero el contrato de concesión, que perdió sentido tras la devaluación del peso argentino en un 65% desde enero de 2002.
En los momentos más fuertes de la polémica, los poderes públicos franceses se alinearon fuertemente con el grupo Suez, en particular durante la visita a Buenos Aires a principios de febrero de Dominique de Villepin, por entonces ministro de Relaciones Exteriores.
El caso de Aguas Argentinas es considerado por numerosos analistas como un test fundamental de la actitud de la gestión Kirchner, autocalificada de "progresista", en relación al sector privatizado. El gobierno argentino se comprometió ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) a regularizar la situación de 62 concesiones de servicios públicos antes de finales del año, de las cuales 39 contratos durante el primer semestre.
(AFP)