Sandra González, directora del Centro de Atención a las Víctimas de la Violencia y el Delito (Cavid), se convirtió el 29 de marzo de 2009 en víctima de la delincuencia. Su padre, con 51 años, fue asesinado durante una rapiña en su almacén, ubicado en el predio de su casa en el barrio Punta de Rieles.
González se replanteó junto a su familia -madre, cuatro hermanos y abuela- qué harían de ahí en adelante y, también, qué tipo de ayuda psicológica podrían recibir en una situación así.
Primero empezó a buscar en el Estado. En 2010 se encontró con el Cavid que funciona en el Ministerio del Interior, donde recibió asistencia psicológica. Pero el vínculo no quedó ahí, y su interés por mejorar la atención a las víctimas de delitos la hizo acercarse a la estructura del centro y conocer cómo trabajaban. En ese entonces se reunió en varias oportunidades con el exministro Eduardo Bonomi, en busca de una respuesta para ella y otras víctimas.
También fue al Palacio Legislativo. Anotó su nombre y número de teléfono en varios papeles, y se los dejó a algunos legisladores con los que habló sobre lo que necesitaban los familiares de víctimas de delitos. Entre los diputados que por entonces le abrieron la puerta, estaba el ahora presidente de la República Luis Lacalle Pou.
De esta forma González comenzó a involucrarse en política. Comenzó a militar por la baja de la edad de imputabilidad que se plebiscitó junto a las elecciones de 2014, al tiempo que trabajaba en la Asociación de Familiares Víctimas de la Delincuencia (Asfavide), hasta que formó su propia agrupación en 2016 llamada Asociación Seguridad y Justicia. En ese proceso también fue concejala municipal.
Cuando se instauró el nuevo Código del Proceso Penal (CPP) y se creó la Unidad de Víctimas y Testigos de la Fiscalía, las funciones de Cavid cambiaron. Desde 2017 la dependencia se encarga de la atención a policías y sus familias, víctimas de delitos violentos.
"Mi objetivo siempre fue éste: Cavid. Se lo dije a Luis (Lacalle Pou) hace muchos años y a (el senador herrerista) Gustavo Penadés", afirma la flamante directora del centro que conoció como usuaria, y que ahora dirige. Cuando le ofrecieron ocupar una banca en el Parlamento, volvió a remarcar su objetivo: quería ayudar a las víctimas en ese centro.
Cuando asumió el cargo a principios de marzo se encontró con un Cavid diferente. "No trabajan con civiles y para mí es muy difícil. Me entero de las víctimas y no puedo hacer mucho", explicó desde su nuevo despacho. Sin embargo, está en contacto con la directora de la Unidad de Víctimas de Fiscalía, Mariela Solari, para establecer un trabajo en conjunto y poder derivar a quienes llegan al centro pero no pueden ser atendidos.
En primera persona
González sabe por su experiencia lo que necesita una víctima de delitos.
"A las víctimas hay que hacerlas sentir acompañadas", resumió. "Lo primero que sentís es ¿por qué me pasó a mi? Después vas aprendiendo y decís ¿por qué no me puede pasar a mí?".
Uno de los primeros casos en los que tuvo que intervenir la nueva dirección de Cavid fue en el homicidio del cabo Robert Darío Santana, a quien le intentaron robar el auto.
"Se trató de abordar a todos los familiares posibles. Algunos no querían, seguimos insistiendo que lo necesitan", contó.
Para González son necesarias las instancias obligatorias en Cavid luego de atravesar un episodio de este estilo. En el caso de Santana, su pareja, también policía, no quiso recibir atención. "Tengo la esperanza de que suene el teléfono y podamos trabajar", dice con esperanza la directora de Cavid.
En este y otro casos, el equipo de trabajo se puso como objetivo llamar una vez por semana a la familia. "Aunque nos diga que no, le decimos ´estamos acá´".
A Cavid ingresan alrededor de 30 casos por día, la mayoría son rapiñas y atentados hacia funcionarios policiales, aunque también se atienden casos de violencia doméstica y a raíz del covid-19 se sumaron otras situaciones que se derivan a los sectores de atención correspondiente. “Hacemos un mapa de cómo es la familia por ejemplo, sobre todo en casos de homicidios”, puntualizó la nueva jerarca.
Cambiar la cultura
Es que no todos los policías aceptan recibir atención psicológica luego de ser víctimas de una rapiña, un copamiento o presenciar el homicidio de un familiar. "Te dicen que no precisan y nosotros sabemos que necesitan", relató la directora de Cavid.
En ese momento, desde el centro se contactan con el jefe del funcionario y le cuentan la situación. "Mandamos correos, los llamamos por teléfono, les mandamos WhatsApp. Utilizamos todos los medios para contactarlos y a veces nos dicen ´yo no necesito´. Eso también debería cambiar", apuntó.
Para González, hay "un tema cultural" en la negativa de los funcionarios policiales a recibir ayuda, y eso lleva a que el centro reciba, en reiteradas ocasiones, respuestas contundentes. "Nosotros estamos acostumbrados a vivir ese tipo de situaciones y no necesitamos atención psicológica”, sostienen algunos.
Sin embargo, González asegura que "con una simple llamada de 40 minutos con un psicólogo que explique algunas cosas" es suficiente para "pararse diferente después del hecho".
"Vos cumplís un horario de trabajo y cuando llegas a tu casa te encontrás con tus hijos y, de acuerdo a cómo estés, es cómo los vas a tratar. Esas cosas también las tenemos que pensar", comentó.
Camilo dos Santos
A raíz de las reiteradas rapiñas de las que son víctimas los funcionarios para robarles las armas y los chalecos antibalas, dos sindicatos policiales plantearon a Cavid la posibilidad de realizar talleres para sus afiliados ya que el miedo a vivir una situación de ese estilo es permanente en muchos casos.
González relató una situación que fue catalogada como una pequeña victoria. "Una funcionaria policial fue rapiñada y su esposo, también policía, fue herido de bala. La llamamos para asistirla y ella nos decía ´yo te contesto la llamada pero en realidad no precisamos porque estamos acostumbrados a todo esto´. Lo primero que le dije fue que Cavid era un derecho, que estábamos para acompañarlos. Sus hijos vieron la herida de bala del esposo en una oreja, que podía haber perdido la vida, e insistí en que no cuesta nada una llamada o atención presencial para cómo manejar la situación dentro del hogar y no estar con ese miedo de pensar si el padre va a llegar a la casa o lo van a entregar en un cajón".
La semana pasada, después de los reiterados intentos, la familia recibirá atención. "Ganamos una, es paso a paso", finalizó.
Más organización
Sandra González tiene el objetivo de cambiar la organización aunque en este momento, en medio de una pandemia, hay aspectos que se vuelven difíciles.
"Cavid está centralizado en Montevideo y dependemos de los Centros de Atención Sanitaria en el interior. Hay departamentos con más problemas que otros y estoy tratando de organizar para abarcar el interior", puntualizó.
En el centro trabajan cinco psicólogos que asisten a las víctimas y un técnico encargado. Todos los días recibe la información sobre los casos y la clasifican de acuerdo a su gravedad. "Se contacta a todos y se trabaja con el acompañamiento psicológico y la administración de las prestaciones que reciben", explicó.
Por esa razón, González buscó reforzar el nexo con la Caja Policial como uno de los primeros puntos de su gestión, así las familias no debían concurrir en reiteradas ocasiones para hacer los trámites necesarios en caso de cobrar una pensión o un subsidio.