22 de abril 2020 - 17:59hs

En esta historia, que parecerá una película, el tiempo es el enemigo. Los protagonistas son un uruguayo y una venezolana residente en Uruguay atrapados en Venezuela en consecuencia de lo que generó la pandemia del coronavirus.

Gerardo Maronna, periodista uruguayo de AFP, llegó al país caribeño el 26 de febrero por trabajo. Trabajaría un mes en la oficina de la agencia en Caracas, una misión relativamente usual. Su pasaje de retorno tenía fecha para el 29 de marzo.

Vanesa Sigales, venezolana residente hace 11 años en Uruguay, viajó el seis de marzo, para solucionar un tema familiar. Se iba a quedar hasta el 16 de ese mes.

El viernes 13 se anunciaron los primeros casos de coronavirus en Venezuela (al igual que en Uruguay) y a partir de ahí el reloj pareció empezar a contar más rápido. Un día después el mandatario Nicolás Maduro dispuso la cuarentena y se prohibieron varios viajes entre ellos hacia Panamá, conexión de los vuelos hacia Montevideo.

Más noticias

Estas medidas repentinas fueron un balde de agua fría para Maronna porque días como consecuencia del cierre de los aeropuertos, baja de vuelos de la aerolínea y sucesivas postergaciones, su regreso pasó del 29 de marzo al 13 de mayo. Un mes y medio más en Venezuela. Exactamente 44 días más en un país que vive una crisis humanitaria hace años, donde escasea la comida, no hay nafta y los servicios médicos tiene muchas deficiencias.

La nueva situación supuso un cambio drástico de las condiciones para el periodista que decidió tomárselo “con mucha filosofía”. “Te sacude y te obliga a un replanteo. Era una cosa que yo no podía cambiar y tenía que resolver de qué manera me sacaba la cancillería”.

Su estadía se alargó, pero sus provisiones se achicaron. Maronna, que debe tomar un medicamento por una enfermedad crónica, tenía la preocupación de conseguir el fármaco ya que la cantidad que había llevado no le alcanzaría. Gracias a gestiones de amigos en Montevideo los pudo obtener y lograr reservas suficientes por si la estadía se alargaba.

La mayor cantidad de horas las pasaba encerrado y se limitaba a salir al supermercado “que por suerte lo tenía al lado”. “Cuando veía que no había nadie, bajaba a comprar y la verdad no había mucha variedad de cosas pero no me faltaba nada”, afirma. Fanático del mate tuvo que buscarse maneras creativas de racionarse la yerba.

Trató de organizarse una rutina para quemar energías y despabilarse. Bajaba los ochos pisos del edificio donde residía en el barrio Palos Grandes. “Sino te enloqueces porque estar encerrado muchos días a mí me resulta muy incómodo, pero lo sobrellevé”, comenta.

También implicó una reorganización de su trabajo. A partir del lunes 16 de marzo se implementó el teletrabajo, las reuniones de redacción pasaron a hacer a través de teleconferencia y se ajustaron criterios para elegir las notas. El objetivo era salir lo menos posible a la calle.

La estadía de Sigales también se complicó. Los iniciales 10 días se transformaron en más de 40. Se estaba quedando en la casa de amigos de la familia que no tuvieron inconveniente en seguir alojándola, pero ellos la tuvieron que sostener económicamente en todo.

Cumplía con la cuarentena, salía una sola vez a la semana a comprar comida y mantenía contacto con su familia en Uruguay vía WhatsApp, aunque la conexión fuera pésima, según cuenta.

Una buena noticia

Apenas pudieron establecer contacto con el consulado de Uruguay en Venezuela, se armó un grupo de Whats App para coordinar y estar informados minuto a minuto de lo que iba pasando. “Fue paciencia, día tras día, mucha incertidumbre. No sabíamos que iba a pasar”, recuerda Sigales este martes con el cansancio de las horas de vuelo encima.

Al principio el consulado no les daba mucha información, solo les comunicaba que estaban trabajando. Al cabo de unos días fue mejorando y la última semana les dieron un apoyo fenomenal, afirma.

Maronna por su lado se registró en la web y quedó en la lista de espera para el vuelvo humanitario de rescate. El miércoles 15 le comunicaron que viajarían este lunes.

La vuelta a casa

El inicio del final comenzó este lunes en Caracas. Se concentraron en un punto de la ciudad, accesible para todos, hicieron chequeo de pasaportes y se subieron al ómnibus que los trasladaría al aeropuerto. Les repartieron un jugo en caja, galletitas y barritas de cereales. “No, gracias”, dijo una señora. Otra le aconsejó “tómelo, mire que puede ser largo el día”, recuerda Maronna.

El motor del ómnibus se encendió. ¡Uruguay noma!, gritó uno de los pasajeros y comenzó a sonar música tropical. Fueron escoltados por el consulado y viajaron con protección de la policía bolivariana.

Dentro del aeropuerto tuvieron que esperar un rato que se hizo eterno, explica Maronna. “No sabíamos si era para controles sanitarios o de inmigración. Éramos un rebaño de ovejas con barbijos. Íbamos a donde nos decían. Era raro no ver caras”, reflexionó el periodista.

Después de esperar les hicieron un control médico: les tomaron la fiebre y una muestra de sangre. Luego pasaron al chequeo de valijas y abordaron rumbo a Boa Vista.

Hicieron una parada técnica para recargar combustible y volaron cinco horas más hacia Brasilia donde se bajaron los pasajeros brasileños. Tras otra recarga de combustible partieron hacia Montevideo. “Parecía una eternidad, pensabas que no te ibas a bajar nunca”, relata Sigales.

Si bien el viaje no fue lo más cómodo, pensó que iba a ser peor y resaltó el buen humor de los pasajeros. “La gente estaba muy contenta, aliviada y optimista”, agrega.

A las 8.15, 8.30 de la mañana de este martes finalmente aterrizaron en Carrasco. Una funcionaria de salud pública subió al avión para darles la bienvenida y completar un formulario. Además, les notificó que deberán permanecer 14 días en cuarentena.

En el aeropuerto fueron recibidos por el ministro de Defensa, Javier García. Si no tenían transporte, un ómnibus de la Fuerza Armada les ofrecía traslado hasta la terminal de Tres Cruces.

Atrás quedaron los días en los que Singales pensaba nerviosa en resolver como regresar. "Ahora ya estoy más tranquila. Estamos acá e iremos viendo cómo se desarrolla esta pandemia”, afirma.

“Se terminó la película", concluye Maronna que no logró dormir en el vuelo por la incomodidad y el ruido.

 

En el vuelo viajaron 19 brasileños, que bajaron en Brasilia, 14 uruguayos, 31 venezolanos residentes en Uruguay, dos ciudadanos paraguayos y dos argentinos.

 

Temas:

Coronavirus Venezuela Fuerza Aérea Uruguaya Ministerio de Defensa Ministerio de Relaciones Exteriores Member Recomendado en Instagram

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos