15 de junio de 2012 19:49 hs

En Islandia no hay casi árboles y tampoco hay casi sol. Cascadas, sí, de todos los tamaños y colores. Tundra, barro hirviente y mucho frío, también. Por ahí está su capital, Reykjavík, con sus casitas de colores y sus 120 mil habitantes. Y es en ese marco donde desarrollan su acción las novelas de Arnaldur Indridason, el escritor islandés más vendido, traducido y popular de aquel país.

El éxito de Indridason se basa en la serie de libros protagonizados por su policía Erlendur Sveinsson, un detective melancólico y algo más que escéptico, que recuerda vagamente al Philip Marlowe de Raymond Chandler. En clave nórdica angustiada, claro.


Sin embargo las novelas de Indridason se encuentran más cerca del modelo de protagonismo coral de los libros del estadounidense Ed McBain y los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Es decir, los misterios que se le presentan a Erlendur (que en islandés significa extranjero) nunca son resueltos en solitario sino colectivamente por el equipo policial del que forma parte.

Más noticias
Cuestión de clima

Se antoja bastante difícil construir una serie de libros policiales que resulten convincentes en un lugar en donde la población total del país no supera los 300 mil habitantes y, por tanto, debería ser relativamente sencillo conocer a los criminales. A su vez, los cuerpos de seguridad de ese país tienen acceso a los recursos y tecnologías más sofisticados. El propio autor lo reconocía en una entrevista de 2010: “Hay años en los que (en Islandia) no se produce ni un solo asesinato”.

Quizá por eso el camino elegido por Indridason ha sido priorizar la creación y el desarrollo de los climas de tensión e incertidumbre que se le plantean a los policías cuando comienzan un caso. Y por otro lado, en casi todas sus novelas el punto de partida de los conflictos actuales se sitúa en el pasado más o menos remoto.

En este último sentido, los libros de Indridason muestran una deuda implícita con las novelas de Ross Macdonald, en donde la intervención del detective era siempre el catalizador que disparaba algún conflicto largamente anclado y oculto en la historia de vida de una familia, un pueblo o una compañía.

Esto no quiere decir que formalmente Indridasson le deba algo a Macdonald, ya que sus novelas son mucho más morosas y, como se dijo antes, parecen más preocupadas por describir las condiciones “atmosféricas” de la investigación que por mostrar su avance.

Pero sí coincide con el estadounidense en entender que un crimen no surge solo de la oportunidad o la casualidad, sino que en ocasiones existen factores que pueden implicar a más de una generación y varias otras personas, además de al criminal mas evidente. El propio Indridason lo reconoce: “Mis libros, de alguna manera, tratan siempre de la familia”.

El eterno retorno

Aunque venía publicando desde 1997, no fue sino hasta 2005 que Indridason (que ha ejercido como periodista y crítico literario y de cine en el principal periodico de su país), dio el salto a las listas de ventas de toda Europa y Estados Unidos. Fue en ese año que su libro La mujer de verde obtuvo el prestigioso premio Golden Dagger.

Los hechos policiales son simples: una niña descubre unos huesos en apariencia humanos mientras juega en el jardin de su casa, ubicada en una nueva urbanización en las afueras de Reijkavik. La policía tiene que identificar a quién pertecen esos huesos y cómo llegaron ahi.

Con esa premisa, Indridason construye un mapa de la Islandia de posguerra a finales de la década de 1940, de las relaciones familiares de entonces y de cómo afectó a los lugareños la presencia del Ejército de los Estados Unidos en su territorio. Y también cómo todo esto impacta en la actualidad familiar del investigador Erlendur Sveinsson, quien mantiene una relación bastante conflictiva con sus hijos: el mayor, Sindri, es un alcohólico en permanente recuperación, mientras que la menor, Eva Lind, es una yonqui que en ocasiones ejerce la prostitución.

El regreso del pasado como clave para explicar el presente también aparece en el resto de sus novelas traducidas al español: en La voz un ex niño prodigio aparece asesinado el cuarto de servicio de un hotel; en Las marismas la muerte de un camionero se vincula con una niña fallecida hace 40 años; en El hombre del lago un terremoto provoca que el nivel de un lago descienda y deje al descubierto un esqueleto y un aparato de radio sovietico.

Tan importante es el pasado en las novelas del islandés, que también funciona como clave en la construcción del carácter de su protagonista principal: cuando era niño, el hermano menor de Erlendur desapareció en una tormenta de nieve y nunca se le volvió a ver. Desde entonces, el detective solo lee libros sobre desapariciones no resueltas. Es fácil entender que este hecho es con seguridad la mejor explicación de por qué aquel niño se convirtió en policía.

Y es allí donde los personajes de las novela policial negra mas clásica parecían no tener vida propia, que Indridason desarrolla buena parte de su material, dotando de verosimilitud a sus personajes, gestionando de forma magistral los niveles de empatía que el lector adquiere con los héroes del libro, tan normales y mundanos que pueden debatir una página entera sobre una receta de cocina mientras ordenan el material de la investigación.

Si el lector está buscando policías que persiguen criminales a los tiros y coches que se precipitan al abismo mientras estallan, que busque en otro lado. Las novelas de Indridason solo registran la tristeza inherente a la condición humana. Y su protagonista, el opaco y comprensivo Erlendur, se limita a recoger las piezas que la tragedia ha ido dejando a su paso. Casi nada.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos