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22 de julio 2023 - 5:04hs

*Esta nota incluye spoilers sobre la película Barbie. Si aún no la viste, la podés guardar para después.

Barbie está en en el medio de un choque de paradigmas. Una muñeca como punto de convergencia de críticas y alabanzas. Es para algunos la posibilidad de que las niñas y los niños imaginen que pueden convertirse en quién deseen. Al mismo tiempo es, para otros, la materialización de un estereotipo inalcanzable, la glorificación del consumo y la veneración de un modelo hegemónico sexualizado de femineidad. Es, de alguna forma, el campo en el que se juega una transformación social.

Esta es la discusión que llegó a los cines de todo el mundo este jueves con el estreno de la película dirigida por Greta Gerwig, donde lo que a priori podría ser una dosis nostálgica de entretenimiento inocente se convierte en un manifiesto por la igualdad de género.

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El prólogo, narrado por Helen Mirren en un referencia de El Amanecer del Hombre de Stanley Kubrick en 2001: Odisea en el Espacio, no tiene monos pero sí un montón de niñas rompiendo la cabeza de sus bebés de plástico contra el suelo y a Margot Robbie como una Barbie gigante vestida exactamente como la primera que llegó al mercado. 

La premisa de Gerwig y Noah Baumbach, encargados del guion de la película, es clara: hasta la creación de Barbie las niñas solo podían jugar a ser madres, pero desde entonces podían proyectarse en la vida adulta. Barbie siempre fue un modelo aspiracional. “¡Gracias a Barbie, todos los problemas del feminismo fueron resueltos!”, dice sarcásticamente la narradora mientras genera una complicidad con la audiencia, o al menos eso creen las muñecas de Barbieland.

Life in plastic, it's fantastic

En Barbieland las casas no tienen paredes, el cielo siempre está pintado azul y las olas nunca rompen. En el modelo del sueño americano que Mattel le ha vendido a las niñas del mundo desde 1959 cada día es perfecto y cada noche es “noche de chicas”. Barbie flota desde su casa midcentury hasta su Corvette rosado sin motor como si una mano gigante pero invisible jugara con ella.

Un wonderland femenino en el que las mujeres son presidentas, se sientan en los 12 escaños de la Corte Suprema, ganan en todas las categorías de los premios Nobel, son obreras, médicas y pilotos de avión. Tienen diferentes tamaños, colores y capacidades. Incluso está Midge, la muñeca que fue sacada de las tiendas por estar embarazada.

Sin embargo, están rodeadas de un séquito de Kens liderado por Ryan Gosling sin propósito ni valor individual más que verse bonitos porque “Ken tiene un gran día solo si Barbie lo mira”. Ah, y también está Allan. Barbie crea un mundo donde la vida es rosa y es fantástica, gracias al diseño de producción de Sarah Greenwood y el vestuario de Jacqueline Durran, en una maqueta en la que invirtieron los roles asignados por el patriarcado.

Warner Bros. Ryan Gosling como Ken

"Que Barbieland no sea estructuralmente diferente de nuestro mundo no es sorprendente. La muñeca figurativa se ha convertido en una extensión de la fantasía política, un ejercicio de qué pasaría en cada década. Barbie fue al espacio, podía votar y poseer propiedades mucho antes que muchas mujeres humanas. Su apariencia también ha cambiado, pasando a reflejar la política de belleza de la sociedad", escribió Lovia Gyarkye en una crítica para The Hollywood Reporter. Y es que el juguete efectivamente lo logró antes que nosotras.

Pero la aparente perfección de un mundo de plástico empieza a tambalear cuando la realidad comienza a permearlo. “¿Alguna vez piensan en la muerte?”, pregunta la Barbie Estereotípica, interpretada por Margot Robbie que también es productora de la película, en medio de una megafiesta con coreografías disco al ritmo de Dua Lipa. 

Barbie tiene una crisis existencial que sintomatiza en su cuerpo tallado: pensamientos sobre la vida (y su final), pies planos en lugar de la media punta eterna de las muñecas de Mattel y un parche de celulitis en las piernas. Vamos, la vida.

Warner Bros. Barbie

En una visita a la casa apartada de la Barbie Rara (Kate McKinnon), con la que “alguien jugó muy fuerte en el mundo real”, le receta un par de Birkenstocks y un viaje al mundo real para acabar con la imperfección. Pero el pasaje del mundo de plástico al de los humanos es un golpe de realidad: la gravedad de la sociedad cae tan rápido como la piña en la cara del tipo que le toca la cola en la rambla de California. Un choque entre la vida de fantasía y la realidad. Una crítica que, aunque esté envuelta en colores pasteles y cubierta de brillantina, no pierde el filo. Ni el humor.

El peso de la mirada de los hombres, la hipersexualización de los cuerpos femeninos y un pasaje en el que Barbie señala el cartel de Miss Universo y los confunde con la Corte Suprema contrastan con la experiencia de Ken, que viaja como copiloto con sus patines en línea.

El personaje de Gosling encuentra un mundo en el que los hombres tiene el poder político, manejan autos de alta gama y tienen ídolos como Sylvester Stallone o John Travolta. Ken descubre con torpeza el patriarcado y lo adopta como una fantasía del macho en la que Barbieland se convierte en su Ken-dom

En su búsqueda en el mundo real Barbie encuentra a Sasha (Ariana Greenblatt), la adolescente que dejó de jugar con muñecas hace una década y le echa en cara que ha "retrasado 50 años el movimiento feminista" y que desde su invención ha "hecho que las mujeres se sientan mal consigo mismas".

Pero también con Gloria, la madre y secretaria de Mattel interpretada por la maravillosa America Ferrera, que mantiene un amor incondicional hacia Barbie del otro lado de la puerta de un directorio compuesto íntegramente por hombres, con Will Ferrell a la cabeza de una búsqueda para encerrar a la muñeca de nuevo en su caja. Y una broma sobre una Barbie Proust que me gustaría ver.

Si bien no hay un dios en Barbieland, la historia se construye hasta que Barbie conoce a su Creadora. El espíritu de Ruth Handler (Rhea Perlman) aparece como la mujer detrás de la muñeca en un pasaje algo sentimental que contrasta con el dinamismo animado del comienzo y se extiende quizás un poco más de lo necesario.

Hi, Barbie! Hi, Ken!

Barbie es una sátira sobre la sociedad moderna que llega hasta donde el modelo de plástico de muñeca (y la imagen de marca) lo permiten sin perder el sentido del juego. Una película divertida, que se ríe de casi todo y hace reír a lo largo de casi dos horas sin esquivar las autocríticas con un argumento descaradamente metaficcional.

Si bien puede leerse como una estrategia de pinkwashing, esta idea de lavar la imagen de la marca y muñeca ante las nuevas generaciones del siglo XXI, la película –clasificada para mayores de 13 años– hace una denuncia a las desigualdades de género que persisten desde que Barbie llegó a los estantes de las tiendas. Una reflexión, no solo sobre la presión sobre las mujeres sino también sobre de la crisis de la masculinidad en necesidad de Ken por definirse como algo más que un accesorio de Barbie (y playa).

Un guion en el que no se ahoga en clichés para hacer un manifiesto feminista bañado de rosa, que es también un retrato sobre la adultez y la crisis de eso que implica crecer, con una protagonista que sigue el camino de ladrillos rosados para encontrar el verdadero propósito más allá de su indiscutible belleza.

Barbie empieza, así, una nueva vida afuera de su caja. 

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