27 de enero de 2012 19:05 hs

Desde la costa se ven apenas unas velitas a lo lejos viboreando sobre el horizonte, pero estar en el agua junto a los barcos que compiten en la Semana de Clásicos Rolex Cup 2012 en Punta del Este es otro tema: es una mezcla de estética, de historia, de clase, de estrategia náutica, de despliegue físico y mental, y de una particular forma de medir el tiempo, que se vuelve fundamental al momento de definir el ganador.

De los 29 barcos que participaron de la competencia que culminó este viernes, la goleta brasileña Atrevida –un hermoso velero de dos palos, de unos 33 metros de largo– quizá sea la que sufre de forma más dramática la aplicación del llamado “tiempo corregido”.

Dentro de la regata existen dos categorías: la de veleros clásicos y la de veleros vintage. La diferencia es que en los vintage compiten buques fabricados antes de 1949. En ese selecto grupo está la Atrevida, diseñada por Nathanael Herreshoft, emblema de la náutica en Estados Unidos en sus astilleros de Bristol, Rhode Island, en 1923.

Su nombre original era Wild Fire. Contraviniendo la tradición que dice que la mala suerte caerá sobre un barco al que le cambien el nombre, años después la goleta llega a Brasil, donde recala en Río desde 1948 y queda bautizada como hasta hoy, y comienza a competir en regatas y a destacarse como velocista de las aguas.

Pero las mellas del tiempo en esta señora de 89 años de edad hicieron que se le tuviera que cambiar varias piezas, como los dos mástiles, que ya no son los originales (eran de madera de teca y ahora son de aluminio), o algunos implementos técnicos que antes se realizaban a mano y ahora son hidráulicos. Y las reglas de esta regata Rolex incluyen penalizaciones sobre los barcos que le hayan realizado cambios a su diseño original, buscando de esta forma beneficiar a quienes mantienen la autenticidad. La Atrevida se llevó la victoria en el tiempo real pero perdió en el corregido.

Desde arriba del velero Yauguru (que no participó de la competencia), El Observador siguió la etapa que se corrió este jueves pasado, tuvo una distancia de 15,8 millas náuticas, o sea unos 29 kilómetros, en un triángulo imaginario entre Boca Chica (el canal más pequeño de entrada a la bahía de Maldonado), la isla de Lobos y la desembocadura del arroyo Maldonado frente a La Barra, de la regata más coqueta del verano en aguas del este.


Lucha contra el minutero

La largada se realizó sobre la una de la tarde en una boya amarilla frente a la escollera principal del puerto hacia el centro de la bahía, donde debían virar 180 grados en la boya llamada Banquitos para salir de la bahía y hacer el triángulo con Lobos y La Barra.

La largada de una regata se realiza con los barcos en movimiento. Los veleros deben tomar una buena posición en los minutos previos a la bocina que marca el inicio, porque en una buena salida se juega gran parte del destino de la competencia.

La Atrevida es el barco más grande (en cuanto a largo y a peso, con 90 toneladas) y tiene dificultades para maniobrar entre los más pequeños. “Tarda unos 12 segundos entre que uno comienza a girar el timón y el barco comienza a virar”, explica a El Observador el skipper brasileño de la Atrevida, Atila Bohm.

Además de ser peligroso navegar con tantos otros barcos cerca (es el único momento en que esto sucede, porque luego se ponen en posición, navegan en fila india por casi el resto de la regata), está el elemento extra de que en la bahía en enero, como si fuese una mezcla entre una autopista y un estacionamiento, hay desde pequeños barquitos pescando hasta los buques que bajan pasajeros de los cruceros, por lo que las maniobras deben ser muy cuidadas y medidas.

A pesar de haber partido desde bastante atrás, la proa de la Atrevida muerde las olas y avanza hasta tomar la delantera y virar primera en Banquitos. “Fue nuestro mejor momento en la etapa. Teníamos el viento perfecto en el ángulo perfecto”, agrega Bohm.

Con una tripulación de 12 miembros, la Atrevida surcó Boca Chica, salió de la bahía y se introdujo en aguas oceánicas como dejando un surco, perseguida de cerca por el velero argentino Fortuna. Con mayor oleaje contrario y viento del sureste, la Atrevida bajó un poco la velocidad máxima que había alcanzado (16 nudos, casi 30 kilómetros por hora) y se mantuvo en la punta, virando primera también la parada 31 de la Brava, para iniciar el regreso a la península.

El viento a favor embolsó los spinnakers (las velas de proa con los colores del barco) y fue un espectáculo tanto desde tierra como desde el mar ver esos veleros con sus mejores galas. En el particular duelo por el mejor tiempo real con el Fortuna, la Atrevida salió victoriosa, al ganarle por casi cinco minutos. La goleta brasileña puso dos horas y cuatro minutos de tiempo.

En tercer lugar arribó el Sonny, del diseñador náutico argentino Germán Frers. Y en cuarto lugar, ocho minutos después de la Atrevida, arribó el Horizonte, del skipper argentino Juan Ball, quien resultó finalmente el ganador de la competencia, por el tiempo corregido. Horizonte puso dos horas y 12 minutos, pero por el tiempo corregido su cronómetro bajó a una hora y 12 minutos, mientras que el de la Atrevida apenas bajó a una hora y 59 minutos.

Esta particular forma de medir el tiempo y de respetar los elementos de cada velero alteró lo que había determinado el tiempo real. Los premios, además de las copas honoríficas, son relojes Rolex, selectas cápsulas de tiempo para medir la producción sobre el agua.

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