22 de agosto de 2013 15:23 hs

Algunos partidarios del gobierno (no todos) intentan demostrarnos que todo va viento en popa, que esto es lo mejor que se pueden hacer las cosas dadas las circunstancias. Algunos partidarios de la oposición (no todos) intentan convencernos que todo está mal y que todo ha cambiado para peor en los últimos 10 años. Basta. No subestimen más la inteligencia del ciudadano.

El país pasó por una formidable crisis en el año 2002. Hija de las condiciones macro-económica y de la aftosa. Nos transformamos en los años de 1990 en una isla cara en dólares junto con Argentina y Brasil. El primero domó el dragón de la inflación con el exótico Plan de Convertibilidad de 1991 y el segundo con una copia mejorada en 1994 (Plan Real). ¿La diferencia? Brasil fue flexible y corrigió sus exceso en 1999 (devaluó). Argentina siguió con el “chaleco de fuerza” hasta que todo explotó por los aires en 2002. En la caída, nos arrastró porque erróneamente los elegimos a ellos como referencia en 1999 y no a Brasil. Para peor, la fiebre aftosa de 2001 nos dejó una enseñanza dura e inolvidable: “un suceso de fiebre aftosa nos dobla como país y un suceso de vaca loca nos quiebra”.

Uruguay ha progresado en términos económicos durante la última década, recogiendo también lo bueno sembrado en décadas anteriores (la ley forestal y las AFAP es quizás lo más evidente). Lograr una tasa promedio de crecimiento del PIB de 5,3% es algo estupendo. Y el hecho de que en el 2013 la discusión técnica sea sobre si se crece al 3,5% o al 4% ya de por sí es significativo. Los que estamos “en el medio del camino de nuestra vida” recordamos muy bien que esos guarismos eran el “techo” al que se podía aspirar hace pocos años, no el “piso”. Ese no es el punto.

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El punto es que Uruguay hoy es un país caro y parcialmente ineficiente. Por suerte caro, porque quiere decir que los salarios e ingresos de los consumidores subieron. ¿O alguien pensó que el camino al desarrollo pasaba por otro lado? Menos desempleo, mejores salarios, más renta, más consumo doméstico. Todo esto da una solidez a la trama económica que no teníamos antes. Por eso somos caros y me animo a decir: seguiremos siendo caros. Por suerte.

El problema es que innecesariamente somos parcialmente ineficientes. Porque no hemos aprendido a sacarle el máximo provecho a todos los recursos. Nuestra tierra, nuestra agua, nuestras horas de luz, nuestro clima pueden dar más. Nuestros obreros no especializados, nuestros obreros especializados, nuestros mandos medios, nuestros gerentes, nuestros managers pueden dar mucho más. Las inversiones del país en infraestructura están flojas, el ahorro de los uruguayos puede tener mucho más impacto canalizado a inversiones relevantes (no es complicado: son 10). Exigencia, exigencia, exigencia. Algunos servicios públicos están lejos del estándar internacional y la carga impositiva está en un límite. No se puede golpear siempre la misma tecla, la melodía será mediocre.

Entonces si somos un país caro y parcialmente ineficiente, ¿cuál es el futuro posible? Es evidente: transformarse en un país caro y eficiente. No hay ningún misterio en esto tampoco: lo que nos está sucediendo ya le pasó a otros antes. Es solo recorrer el mundo, preguntar a la gente, leer sobre países que pasaron de rentas de US$ 15 mil por persona a US$ 30 mil en relativamente pocas décadas. ¿Cómo lo hicieron?

Yo creo que lo primero es decir basta al miedo de que el pasado tan temido retorne. Constantemente se escuchan alertas amarillas y cambios en los vientos de cola. No es creíble y está mal razonado. Las grandes crisis del Uruguay fueron bastante “auto-provocadas”, el mundo ni se enteró de nuestros pesares (no fue juez ni parte). Si en 1982 tuvimos la tablita y dejamos que llegaran los marcianos fue nuestra responsabilidad. Si en el 2002 nos aferramos al Titanic argentino y solo reaccionamos (dignamente) cuando ya era tarde, también fue nuestra responsabilidad. ¿Alguien piensa seriamente que una corrección a la baja de dos décimas en la tasa de crecimiento de China impactará sustantivamente en Uruguay, haciéndonos volver al infierno tan temido? Basta, un poco de sentido común económico por favor.

El gran punto aquí no es el retorno al pasado. Eso está fuera de discusión. El gran punto aquí es por qué no ser mucho mejores, mostrándoles el camino a América Latina y al mundo entero. Podemos ser una sociedad próspera, educada, con igualdad de oportunidades, creativa. Basta de polémica estéril. Basta de cosas de segunda mano: no hay que resignarse a la basura, al colapso logístico, a la falta de capacidad para lidiar con problemas complejos como el de la educación o los trenes. Precisamos negociación, buenos acuerdos, compromiso de todas las partes. Seamos tan ilustrados como valientes. Es nuestro destino.

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