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Berbia encontró en Bella Vista su lugar en el mundo

Con esa camiseta, el arquero fue campeón en baby, en juveniles, de la B, de la Liguilla de la A y ahora lo fue de la ex C y dio la vuelta con sus hijos

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08 de septiembre de 2018 a las 05:00

El despertador suena todos los días a las 6 de la mañana. Con casi 41 años, Adrián Berbia se levanta para ir a entrenar en Bella Vista, un equipo amateur. Es el mismo club que tuvo a Miguel Ángel Melogno (campeón en Ámsterdm 1928 y del Mundial de 1930 en Uruguay, o a José Nasazzi (doble campeón olímpico en 1924 y 1928 y del mundo en 1930). El papal que fue campeón uruguayo de la A en 1990.

En aquella época, el padre de Adrián, José, fue uno de los fundadores del baby fútbol del club. Él logró salir campeón y entró de mascota en la cancha con los campeones de 1990 entre los que se encontraban, entre otros, Julio Ribas, –quien después lo dirigió en el club y fue campeón en 1997 y 1998– y Erardo Cóccaro, el actual DT de Bella Vista con el que acaban de ganar el Apertura de la ex C, la actual Segunda B Nacional.

 “Me tocó irme en 2000 y 18 años después volví a mis orígenes. Siempre tuve el deseo de poder volver. Ser agradecido con el club por todas las posibilidades que me había dado. Me dio la chance no solo de jugar, sino de formarme”, explicó Berbia a Referí.

El suyo es un caso muy especial. En Bella Vista fue campeón en baby fútbol, luego en juveniles –en Quinta con Julio Moreira como DT–, en la B, en la Liguilla de la A, jugó una gran Copa Libertadores y ahora, cuando está cerca de cerrar su libro dentro de las canchas, ganó el Apertura de la ex C.

“El deporte te cuida porque si no estás con la obligación de entrenar, utilizás esas horas en otra cosa. Hoy hay más vicios, más factores de distracción, siempre los hubo. Si uno quería estar en la calle, en cosas raras, podía estar. Y el deporte siempre te cuida, te protege”, razona hoy en su madurez.

Ostolaza lo fue a buscar

Empezó en el club con 10 años en el baby luego de la fundación a cargo de su padre y otros amigos. Luego de 18 años alejado de Bella Vista y tras quedar desafectado de Boston River, tuvo ofertas de clubes de la B y alguno de la A, pero una llamada fue determinante. Del otro lado, se oía la voz del Santiago Ostolaza, el Vasco, quien lo llamó para que volviera.

“El Vasco Ostolaza y Maxi Umpiérrez me llamaron para volver al club. Maxi es nieto de dos personas maravillosas que en su momento eran dirigentes de juveniles de Bella Vista cuando yo estaba con Giacomazzi, Lembo y todos. Eran como nuestros abuelos. Cuando jugaba al baby fútbol, el Vasco vivía enfrente, lo veía y era un referente, se sumó a colaborar sin pedir nada a cambio. No me podía brindar mucho el club, pero mi idea era seguir jugando un tiempo más y si lo hacía, lo iba a hacer igual que el resto de mis compañeros. No recibimos un viático, ni una ayuda”, cuenta.

El capitán es Gastón Centurión. Se levanta a las 4 de la mañana para ir a trabajar al mercado, entrena y vuelve de nuevo. “Por ahí se ve el sacrificio para invertir en un boleto, en una merienda para ir a practicar. Por eso, lograr el Apertura es más que meritorio y estoy agradecido a todos esos gurises. Mi responsabilidad es el doble porque debo tener la palabra justa, si hay que resolver, resolver, si hay que alentar, alentar, pero si alguno de ellos puede llegar a cumplir su sueño en el fútbol, voy a ser doblemente feliz por poder haber colaborado con el club, pero también con la carrera de mis compañeros”, añade.

Bella Vista estuvo a punto de perder su sede este año, pero arregló las cuentas y la salvó. En tanto, los futbolistas entrenan todos los días como si fueran profesionales. Todos sacan dinero de otro lado de una changa, de la ayuda de la familia para ir a entrenar.

Es una divisional complicada, ya que el estado de las canchas condiciona mucho y hace que el nivel se empareje para abajo. Berbia fue el golero menos vencido con 8 goles en contra.

Los dirigentes son hinchas y dedican muchas horas del día por arreglar un alambrado, haciendo una cantina, tratando de tener bien el complejo, el Estadio Nasazzi. De a poco van recuperando a un club que hace un tiempo otros lo dejaron hecho un caos y con muchas deudas. Pero Bella Vista sigue latiendo.

Este fue el primer título que Adrián disfrutó con sus dos hijos, Bruno de 10 años y Thiago de seis. Con su esposa Fernanda se conocen desde los ocho años y ella sabe lo que siente por el club. “Fue una alegría bárbara poder disfrutar con ellos en la cancha” dice y reflexiona: “El hecho de ser amateur implica que no sabés con qué te podés encontrar en el día a día. No es lo mismo que cuando estás en un equipo profesional. Pero uno lo hace profesional por manejarse con valores y respeto. De repente estás en un club ‘profesional’ porque cobrás todos los meses, pero en el día a día es complicado, no tenés respeto, no se manejan valores y en definitiva, no disfrutás. Yo buscaba ahora poder disfrutar y eso lo hago en Bella Vista”.

Un personaje que todos quieren en el club es Chiquito Vismara, quien con 92 años, siempre está. Fue kinesiólogo durante décadas y el pasado fin de semana, no faltó en la vuelta papal.

“Desde siempre es un abuelo más y estamos en permanente contacto. Paso por la casa cada dos por tres. Le hago bromas como si tuviera mi edad. A veces hacemos una comida con excompañeros y lo llamamos para que venga.

Antes el kinesiólogo era todo en el club, el psicólogo, el consejero, el que le prestaba la oreja al jugador que venía con muchos problemas, no es como ahora que hay psicólogo o asistente social. También te contaba la historia del club, lo que habían hecho otros jugadores históricos. Te generaba un sentido de pertenencia”, cuenta.

Pero tiene mucho más para decir de él porque sus primeros impulsos en el club los dio gracias a Chiquito: “Jugaba poco en las juveniles de Bella Vista y entrenaba todos los días. Estábamos en la Cuarta B y no tenían a quién poner en el arco porque había compañeros suspendidos o sin ficha médica y Chiquito le dijo al técnico Mario Pinotti que era el ayudante de Jorge “Culaca” González en 1995: ‘¿Por qué no ponés aquel que está en la cancha de abajo? Llega siempre una hora antes, se va una hora después, ata la bicicleta a una reja de la cantina y no te falta un día’. Me llamaron para jugar un partido y jugué 12  y hasta practiqué con Primera.  Tenemos el récord de juveniles cuando le ganamos 22-0 a Platense. Sin Chiquito, capaz que no hubiera llegado”.

Por eso, esta vuelta olímpica, además de darla con sus hijos, también la dio con Chiquito. Todo un símbolo.

En la Segunda B Nacional hay triples jornadas y entonces entregan el vestuario 30 minutos antes. El futbolista se tiene que cambiar en una tribuna y después tira el bolso para adentro del vestuario. Muchas veces no existen las duchas. “Te tenés que cambiar en la tribuna y no está bien porque hay señoras, niños y merecen respeto”, señala.

“Me tocó vivir eso en juveniles y eso por ahí le da un plus al jugador uruguayo para rendir en el resto del mundo. En aquella época, a veces entrenaba en el Prado y me cambiaba debajo de un árbol cuando arranqué”, indicó Berbia.

El arquero multicampeón tiene claro que Bella Vista cuida a quienes pasaron por el club.

 “Si uno no es ordenado en su vida, es muy difícil serlo en la profesión que uno haga. Por eso la dedicación, el orden, el compromiso, el valor por los demás, es lo que siempre me inculcó mi familia y muchos otros compañeros. Bella Vista siempre se caracterizó por eso, por cuidar a todos los que pasaron por ahí”.

Cuando era casi un niño y jugaba en la Sexta del club, se fracturó la mano jugando en la cancha que daba a Lucas Obes y debieron operarlo. A los pocos días, tocaron el timbre de su casa y era el capitán de la Primera, Ariel López Báez.

“No tenía niguna obligación de pasar.  Eso habla muy bien de los valores que siempre transmitió Bella Vista. Años después fuimos compañeros y hoy somos amigos”, recuerda.

En 1997 subió de la B a la A con Ribas como técnico en lo que fue su primer título profesional.

Así lo recuerda: “Era joven, hacía lo que me gustaba y tenía la ilusión de poder lograr algo, de ir trepando en esa escalera que es el fútbol. La forma de poder ir creciendo a veces es ir ganando. Éramos un grupo muy joven con Julio Ribas, pero él era inteligente para formar buenos grupos que eran ejemplos dentro y fuera de la cancha. Tenía compañeros que si te tenían que hablar fuerte, lo hacían. Capaz que me calentaba a veces, pero con el tiempo me daba cuenta que tenían razón y hoy veo qué importancia tuvieron en mi carrera aquellos que tenían más experiencia”.

Al año siguiente de ascender, lograron la Liguilla de 1998 con un golazo de Leonel Pilipauskas contra Peñarol. Hicieron una tremenda campaña en la Copa Libertadores pese a las penurias económicas. “Era todo muy sacrificado, pero teníamos un corazón bárbaro como equipo”, sostuvo el arquero.

Se recibió de director técnico en 2014 y hace dos años de director y gerente deportivo. “Hoy todavía disfruto mi etapa como jugador, sin dudas, no proyectándome en mucho tiempo. No tengo decidido qué haré. Capaz que también puedo ser empresario”.

La madurez lo situó en un lugar privilegiado ya que vive la vida como desea y siempre piensa en positivo, más allá de lo que pueda pensar el público sobre el éxito.

“La gente te cataloga así: si ganás, servís, si no ganás, no servís. Yo las cosas las miro por otro lado. Por el esfuerzo, por el compromiso. Para mí, el que se levanta todos los días con las ganas de sacar a su familia adelante y lo hace de buena manera, es un ganador. Después, si es jugador de fútbol, carnicero, albañil, periodista, es independiente. Eso es lo que rescato. Y en Bella Vista me pasa eso, rescato puntos positivos de las cosas con las que me encuentro. Siempre hubo un respeto impresionante entre todos los integrantes del grupo. Pero siempre, ¿eh? No es algo de ahora. En la misma tabla de asado come un jugador, come el canchero y el utilero y a la hora de tener una posibilidad de cobrar un premio, lo repartís con todos, más allá de los que entremos en la cancha. A veces la gente ve el resultado del momento, pero para llegar a eso, pasan cosas que son las que uno disfruta”.

Hace poco tenía 40 grados de fiebre y jugó igual. Así es como siente el fútbol Adrián Bebia casi a los 41 años. En Bella Vista, encontró su lugar en el mundo y en el día a día, se nota que lo disfruta con todo su ser.

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