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Bertuccelli, Darín y los buitres de los programas de la tarde

Una mujer decide irse de una obra de teatro y dicen que se enamoró de su compañero de elenco; años después la misma mujer dice que ese mismo compañero la maltrató y muchos no le creen

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22 de junio de 2018 a las 17:35

La intimidad –que no tiene cuerpo pero sí mucha sangre– se destripa a diario en la televisión y ahora también en las redes. El show, en la mayoría de los casos, va en vivo. Después, casi al instante, se pueden leer las repercusiones, buscar los tuits, pasarse horas y horas mirando los comentarios de los comentarios. Se puede también ver todo de nuevo; poner pausa, retroceder; examinar los gestos, estudiar las muecas; detenerse en si se emocionó o no se emocionó; observar si tal o cuál inflexión en la voz demuestra que miente o dice, tal vez, la verdad. Alcanza con escribir las palabras indicadas en YouTube para mirar cómo los buitres se pelean por los restos, beben el líquido colorado y viscoso y se regodean en la mugre.

Hace años, décadas, que vemos cómo una serie de programas argentinos (que acá se replican y se imitan) descuartizan –y luego hacen una minuciosa autopsia– la vida privada de actores, actrices, conductores, músicos, modelos, deportistas, políticos y cuanto personaje público haya dando vueltas. Tiene que ser difícil –casi imposible– salir bien parado de la sanguinaria industria del espectáculo argentino donde la voracidad con la que se consume la inmundicia nunca deja de ser escalofriante. Pero hay artistas que, por lo general, permanecen al margen. Mujeres y hombres admirados, respetados, premiados, con familias agradables, con razonamientos inteligentes, con humor ágil, elocuente. Mujeres como Valeria Bertuccelli. Hombres como Ricardo Darín.

Hasta que, de pronto, sucede algo.

En 2013 Bertuccelli y Darín interpretaban a un matrimonio que se despedaza en la pieza de Ingmar Bergman Escenas de la vida conyugal. Los dirigía Norma Aleandro. La puesta y la obra, no es necesario ni aclararlo, eran una delicia. A fines de 2014 Bertuccelli decidió abandonar el espectáculo. Renunció. Se fue. La producción se encargó de decir que ambos actores tenían proyectos cinematográficos y que, por ende, por un tiempo el espectáculo hacía un paréntesis. La actriz estaba, también, escribiendo su primer guion de cine. Necesitaba tiempo. A muchos ese detalle les pareció una nimiedad. "¿Por qué no lo escribe de mañana?", dijeron.

Meses después su lugar lo ocupó Érica Rivas; la pieza siguió siendo un éxito.

En mayo de 2015 el portal Hermosos y malditos (que ya no existe) estampó un titular con una pregunta. Primicias Ya lo levantó. A Valeria Bertuccelli le sonó el teléfono. En ese entonces estaba en Chile acompañando a Vicentico, su pareja y padre de sus hijos, en una gira. La llamó su representante y le dijo que en una página web decían que ella había dejado la obra porque se enamoró de Darín. A Bertuccelli, en aquel momento, le pareció una tontería. Hasta que, de pronto, se encontró en la boca de todos los panelistas de los programas que se dedican a darles mil y un giros a rumores, chismes, tuits, citas en revistas. Uno de los textos que circulaban decía lo siguiente: "La historia es realmente impactante. Es una revelación que pocos parecían saber. Hoy la noticia hace un terrible eco en el mundo del espectáculo porque la principal involucrada está en pareja desde hace muchos años. El portal de noticias Hermosos y malditos confirma que Valeria Bertuccelli atraviesa un verdadero drama porque 'se enganchó' con su excompañero de elenco en Escenas de la vida conyugal, Ricardo Darín". La nota completa se puede leer aún en Primicias Ya.

Darín, en ese momento, hizo unas declaraciones al respecto en el programa de radio Perros de la calle. "En cierto modo lo repudio olímpicamente, porque es una barbaridad y una falta de prudencia total, pero como me gusta tomarme todo positivo, yo no solo estoy enamorado de Bertuccelli, sino de Vicentico y de sus hijos", dijo.

Pasaron los años. Bertuccelli estrenó en marzo de este año La reina del miedo. La película que guionó, dirigió y actuó. Su trabajo le valió un premio en Sundance, el festival estadounidense que reconoce al cine independiente. Es 2018. A modo de ayuda memoria eso significa, entre tantas otras cosas: Metoo, Time's Up, revolución de las mujeres, movilizaciones masivas en muchas partes del mundo, las conquistas del feminismo contemporáneo. A Bertuccelli le preguntaron –cuatro años después, como también todos los años anteriores– por su romance con Darín, por las razones por las que abandonó Escenas de la vida conyugal. Ella dijo cuatro palabras ("No, no pueden preguntarme"). No alcanzaron como respuesta. El rostro de incomodidad se le puede ver, todavía, en un móvil de Intrusos que está online. El video tiene casi 200 mil reproducciones.

Ahora es junio. Valeria Bertuccelli se sienta frente a Luis Novaresio en su programa de entrevistas. Es el martes 12. Unas horas después en el Congreso se votaría la media sanción de la ley de despenalización del aborto. Novaresio, entonces, pregunta sin cizaña, con esa forma intimista, mansa: "¿Cómo estás viviendo este momento?". Y así, de forma inesperada, la actriz empieza a hablar. Después de contar, entre otras tantas cosas, que había abortado, Bertuccelli cuenta lo que nunca antes había contado. Dice lo que una de las razones por las que dejó Escenas de la vida conyugal está vinculada con que sintió que profesionalmente no estaba siendo tratada como quería. "Me sentí muy mal, la pasé muy mal, hubo un par de veces que me desmayé en bambalinas. Muchas veces pasan situaciones así trabajando, pero dije 'qué cagada que me pasó esto con alguien que yo quiero', pero lo que pasó después fue muy tremendo. Siento un alivio tan grande, porque obvio, me sentía mal de hablar, pero me sentía muy mal de no hablar, sobre todo porque me lo seguían preguntando (...) Era una manera en la que no se trata a una compañera de trabajo, por eso alcanza con que él reflexione y pida disculpas".

Después sucede lo esperado. El desguace, la sangre, la observación clínica. Darín habla, pide sus disculpas públicas (pese a no estar de acuerdo en la totalidad) y le dice a Bertuccelli que se tranquilice. Más adelante varias actrices que trabajaron con él (muchas de altísimo perfil como Dolores Fonzi) lo respaldan y también lo hace Aleandro, la directora en cuestión. Erica Rivas escribe en su Instagram lo siguiente: "Vale sos valiente. Sos hermosa. Gracias. Tus palabras reparan". La respaldan Maitena, Paola Krum, entre otras. Las aguas se dividen. Por lo general a favor de él. Porque, claro, Darín es Darín.

Más allá de Cannes, de sus actuaciones tan recordadas, de tener pinta de buen tipo, Darín es el tipo lúcido, el que entre tanta perversidad y ambición le estampó en la cara a Alejandro Fantino que él vivía bien, que tenía un buen auto y que se podía dar dos duchas calientes por día.

Pero, tal vez, en esas instancias tan íntimas y tan rigurosas que son los ensayos, Darín es difícil, es duro, putea y grita –como lo contó Rivas, que también abandonó la obra y declaró no querer trabajar nunca más con él, con la voz temblorosa, en el programa de radio Furia Bebé–. Tanto Bertuccelli como Rivas consideraron que los malos tratos del actor no eran tolerables. Se hartaron, además, de que les preguntaran sistemáticamente por su romance con el actor. No por ello se les debería decir desequilibradas, locas o "tranquilizate". Así lo sintieron y así lo vivieron. Con eso alcanza y sobra para creerles. Aunque los buitres de la tarde o de la noche insistan, insistan e insistan hasta que encuentren una nueva intimidad para descuartizar.
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