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Beyoncé es la reina de la imagen: ¿cuál será la revolución de Renaissance?

En cada uno de sus trabajos, el concepto de álbum visual ha estado en el centro; en este último disco la cosa puede ser diferente

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14 de agosto de 2022 a las 05:00

Por Ana María Sedeño Valdellós - The Conversation

La digitalización y las redes sociales han favorecido un contexto de narcisismo social en el que las prácticas culturales deben ser intercambiables y canalizables por múltiples medios. Algunos artistas musicales aprovechan estas posibilidades de generación de ventanas de promoción y se construyen un estilo audiovisual coherente, homogéneo, y a la vez modificable según las condiciones particulares de la industria. Michael Jackson, David Bowie y Madonna emplearon creativamente el videoclip musical en sus carreras y experimentaron con él su presencia pública mediada.

Beyoncé, que ha entendido las consecuencias de este nuevo contexto y cómo afectan a la experiencia cultural del usuario, acaba de lanzar su nuevo disco Renaissance. Aunque en cada proyecto la artista experimenta con nuevos factores y formatos derivados del videoclip musical y el streaming en redes sociales, este último álbum no tiene por ahora un apoyo visual similar a sus anteriores trabajos.

Beyoncé en imagen

Su especialidad es el llamado álbum visual, un “producto audiovisual que tiene una relación directa con la música de un álbum del mismo artista”.

Este tipo de álbum se ha puesto de moda como proyecto transmedia y triunfa entre algunos artistas que aspiran a alcanzar una audiencia global y apelar al activismo social. El formato desarrolla una propuesta de representación visual autoexpresiva, una especie de texto estrella que permite a los artistas fabricarse identidades y roles a través de leitmotivs o motivos visuales recurrentes provenientes de anécdotas personales y ficticias.

Después de Dangerous in LoveB'day y I Am… Sasha Fierce, su álbum Beyoncé (2013) presentaba un formato innovador en la historia de la música, aunque era heredero de los álbumes conceptuales de los años setenta. Sus canciones iban acompañadas de vídeos musicales lanzados simultáneamente, al contrario que la habitual liberación de singles espaciados en el tiempo.

En un fotograma en blanco y negro, Beyoncé baila en medio de un grupo de gente.

Fotograma del videoclip de la canción Flawless, incluida en Beyoncé, que incorpora la voz en off de Chimamanda Ngozi Adichie. Beyoncé

Lemonade (2016) demostró una estrategia más redonda. Se lanzó en Tidal, compañía propiedad de Jay-Z, su esposo, y vino acompañado de su intervención en la Superbowl de 2016.

Estructurado en torno a una historia por episodios, describía estados emocionales con la voluntad de conformar un autorretrato que profundizaba en temáticas feministas, ya abordadas en su anterior trabajo. Cada videoclip parece recoger una parte de la personalidad de la artista, sin obviar una protesta tras el paso del huracán Katrina por Nueva Orleans.

La poesía de Warsan Shire en voz en off fluía entre episodios, donde se mezclaban una narrativa personal (su obsesión por el éxito, el adulterio de su marido y la reconciliación) y un discurso reivindicativo.

El disco nos dejó algunas imágenes icónicas de la artista, como la que aparece encima del coche en un paisaje inundado y lleno de desolación en “Formation”.

Beyoncé se sienta sobre el techo de un coche de policía cubierto de agua en un pueblo inundado.

Fotograma de Formation, single del álbum LemonadeçBeyoncé

La plena comprensión de Beyoncé del ecosistema cultural la condujo en 2020, justo tras la pandemia, a la colaboración con Disney+, la plataforma de creación y distribución de contenido que se disputa con Netflix y Amazon la hegemonía en los servicios de televisión bajo demanda.

Fruto de este entendimiento surgió The Gift, banda sonora de El Rey León (2019), y Black is King (atención a su sonido al pronunciarse, cercano a black skin, “piel negra”), en el que la artista continúa con sus propuestas audiovisuales a modo de álbum visual.

Este proyecto abraza dos imaginarios, hibridados aquí a la perfección, y compacta dos modelos de creación de sentido: un mundo fílmico con un relato claro en torno a una especie de mesías salvador del pueblo negro, y otro modelo, el de los videoclips, más conceptual, de leve narrativa, cargado de posibilidades en cuanto a motivos visuales, donde explora el uso del color, los símbolos bíblicos y referencias a la maternidad y la diáspora africana. Todo construye un relato holístico y sanador de la comunidad afroamericana.

Además, el uso de motivos permite la creación de contenido visual con referencias intertextuales y citas entre vídeos como en el caso de “Apeshit” y “Mood 4 Eva”.

Dos fotogramas de dos vídeos diferentes del álbum _Black Is King_ con Beyoncé y Jay Z de pie delante de un cuadro.

Escenas de los vídeos de ‘Apeshit’ y ‘Mood 4 Eva’ que se autorreferencian. Disney +

El cuerpo como lienzo

En Black is King y en Lemonade se producen varios patrones visuales vinculados a la presentación escultórica del cuerpo, individual o en configuraciones colectivas: funcionan como terreno coreográfico o como tableaux vivants, donde la puesta en escena, la posición de los cuerpos y el estilismo en peluquería, maquillaje y vestuario recuerdan a las portadas de revistas de moda. Los vestidos que luce en sus clips y presentaciones públicas sirven como material promocional en redes sociales, especialmente en Instagram.

Vídeo de Hold Up, canción de Lemonade.

Beyoncé ha sido extensamente criticada por la continua cosificación del cuerpo de la mujer negra y la reafirmación de estereotipos. Por el contrario, ha demostrado un apego a rodearse de mujeres exitosas en sus vídeos, amigas íntimas o famosas globales. Sus mensajes a la unidad de las mujeres y de los afroamericanos pueblan sus letras: un discurso amplificado por esos vídeos que, con sus referencias, motivos y coreografías han conquistado a público y crítica.

El cuerpo de Beyoncé se encarna en imagen en cada propuesta de trabajo, en cada vídeo, lanzado en solitario o en conjunto como álbum visual. La cantante construye su propia visualidad performativa, que sirve tanto para sus conciertos y apariciones televisivas como para ser distribuida en todos los formatos de redes sociales. Es una manera de ser ubicua, extender su presencia en todas direcciones mediáticas y convertirse en una artista total.

En Renaissance, la presentación visual únicamente la compone la portada del disco, donde de nuevo el cuerpo de la artista muestra su rotundidad de amazona. Se ha lanzado hasta ahora un único vídeo, a modo de teaser, y en YouTube aparecen lyric videos (piezas que muestran la letra de una canción mientras esta se está reproduciendo), o sencillas composiciones donde se dividen los temas en actos y episodios.

El teaser de Renaissance.

Quizás Queen Bey vuelve a los principios de la industria de la música popular, cuando lo sonoro dominaba la comunicación con los oyentes. Pero la artista ha prometido nuevos vídeos. Los esperamos.

The Conversation

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