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Biniez estrenó Las olas en San Sebastián

El realizador uruguayo-argentino presentó su nuevo filme con Alfonso Tort, pero al público no le convenció

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26 de septiembre de 2017 a las 05:00

Tras triunfar en Berlín y San Sebastián con su ópera prima Gigante (2009), el argentino –aunque uruguayo de adopción– Adrián Biniez regresó este lunes al certamen español con Las olas, una "experiencia divertida y extraña", como la calificó en la presentación.

Una comedia muy difícil de clasificar, estructurada en pequeños capítulos al estilo de las películas cómicas del cine mudo y en la que también la torpeza del protagonista (Alfonso Tort, 25 watts, Mal día para pescar, Piso 8) es el denominador común de la historia.

"El espectador debe dejarse sumergir y así disfrutar" de la historia, explicó Biniez antes de la primera proyección de una película, que compite en la sección Horizontes Latinos de la 65 edición de San Sebastián.

Biniez se llevó el premio principal de esa sección con Gigante y su nuevo trabajo era muy esperado en el Festival de Cine de San Sebastián, donde tuvo una fría acogida. Con pocas risas durante la proyección y una sensación general de incomprensión, la película tiene destellos brillantes y algunas originales ideas que no son sin embargo suficientes para sostener la narración.

Tort interpreta a Alfonso, un hombre bastante surrealista en su concepción de la vida, que se pasa toda la película corriendo al mar y cuyos cambios de bañador son los que marcan las distintas épocas que cuenta la historia.

A base de diversas anécdotas, el realizador cuenta la vida de Alfonso, con la particularidad de que el actor interpreta al personaje de niño, de joven y de adulto sin cambiar un ápice su apariencia.

Biniez usa el mar como elemento narrativo que unifica la historia, un clásico del cine o de la literatura, como resaltó el director, que con Las olas quiso "explorar algo diferente".

Además quiso filmar casi en exclusiva en el exterior, con la luz del sol, sin usar iluminación artificial y sirviéndose de la naturaleza como decorado de la película.

El filme fue rodado con un pequeñísimo equipo de ocho personas, en casas de amigos e incluso con las hijas de la productora Agustina Chiarono interpretando a la hija del protagonista en dos etapas diferentes, como ella misma explicó.

Una experiencia "muy placentera" para Biniez, que aseguró que en sus filmes está siempre presente el amor de una manera u otra porque le fascina el mundo del deseo y de la fantasía.

"Me sale de manera natural, no lo busco", afirmó este realizador nacido en Buenos Aires en 1974 pero que desde 2004 reside en Uruguay y se siente uruguayo.

Una combinación que se repite en una película que es una coproducción de Argentina y Uruguay y que ni el director es capaz de explicar en su totalidad.

"Algunas cosas las tengo muy claras y otras no", aseguró Biniez, que también resaltó que no le gusta interpretar demasiado sus películas, sino experimentar. "Tengo dudas todo el día, es divertido, positivo y sano", agregó.
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