11 de abril de 2011 18:58 hs

El poeta Ricardo Paseyro nació en Mercedes, en el año 1926. Considerado el más díscolo y rebelde la generación del 45, vivió la mayor parte de su vida fuera del país. Con un pasaje casi de leyenda por la historia de la literatura uruguaya en la segunda mitad del siglo XX, fue feroz polemista y defensor consecuente del ejercicio poético.

Radicado en París desde la década de 1950, regresó a Montevideo sólo de modo fugaz en 1968. Viajero infatigable, desde muy joven, recorrió diversos continentes.
Diplomático en Francia, ejercía funciones consulares en Le Havre cuando fue destituido en 1974, durante la dictadura militar, después de protagonizar un duro enfrentamiento con el coronel Ramón Trabal.

Con posterioridad adquirió la ciudadanía francesa y trabajó como periodista en distintos medios. Tras la recuperación democrática le fueron asignadas tareas de asesoramiento cultural en la Embajada uruguaya en París. Militante del Partido Comunista en su juventud, renunció a él más tarde y adhirió a una práctica continuada de intransigente anticomunismo.

Con nombre propio o bajo seudónimos como Julián del Toro y otros, atacó sin disimulo a Pablo Neruda, Octavio Paz, Emir Rodríguez Monegal, entre varios.

En algunos círculos intelectuales se hicieron célebres sus Epigramas nacionales, seguidos de un suplemento americano (1965).

Su obra poética, rigurosa, angustiada, sensual, de inconfundible calidad, se inició con Plegaria por las cosas (1950), con los auspicios de José Bergamín. A ese título siguieron Poema para un bestiario egipcio (1951), El costado del fuego (1956), Música para búhos (1959), En la alta mar del arte y Mortal amor de la batalla (1965), El alma dividida (1981), Para enfrentar al Ángel (1983), Ajedrez (1998), El mar (1998). En Árbol de ruinas (1961) reunió sus primeros cuatro libros.

Dio a conocer varias antologías en español, italiano y francés. Sus Poesías completas fueron publicadas en 2000 en Madrid. Pedro Salinas calificó su lirismo como “certero, directo, auténtico y profundo”.

Por el ensayo Eloge de l’analphabétisme (1989) la Academia Francesa le otorgó el Gran Premio-Medalla de Vermeil, en 1991.

También es autor de una penetrante biografía de su suegro, el poeta Jules Supervielle.

(Observa)

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