No es tiempo de hablar de candidaturas, es la consigna que los políticos repiten cada vez que se les pregunta por las próximas elecciones. Lo suelen decir con el afán de aparecer interesados en asuntos más inmediatos e importantes, aunque uno sospeche que ya tienen entre ceja y ceja una urna que los distrae y les nubla la mirada.
Esa negación, que de tan repetida perdió todo significado, se ha impuesto como una necesidad en el Partido Nacional, donde la fuerza de los hechos terminó de convencer a varios de sus principales dirigentes de que, verdaderamente, conviene pensar un poco menos en las elecciones. Y, casi igual de relevante, no andar voceando el apetito por la comida que estará disponible en 2024. Aunque es cuestión de tiempo, más bien poco, para que la voracidad se despierte ya imparable.
Por ahora, las razones de la necesidad perentoria de sosiego electoral son diversas y algunas se las explicó el presidente Luis Lacalle Pou a los dirigentes del sector Todos el jueves 20 en una reunión en Suárez y Reyes. “El mejor candidato es un muy buen gobierno”, explicó, remarcando lo obvio.
Lacalle no lo dijo, pero entre los principales dirigentes del partido existe preocupación cierta frente al riesgo de que la electoralitis distraiga de hechos más importantes como la demora en la recuperación económica, la pobreza que no cede y la violencia asesina que crece en la periferia montevideana de la mano del narcotráfico.
Y, además, los que cortan el bacalao entienden que debe apurarse la aprobación de las reformas del régimen previsional y de la educación, aunque reconocen que, si bien importantes, estos asuntos no son muy efectivos a la hora de juntar votos.
Las prisas electorales solo han generado hechos negativos para los blancos, como lo que ocurrió cuando el intendente de Durazno, Carmelo Vidalín, dijo a mediados de setiembre, en un congreso del sector Aire Fresco, que el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, debía ser candidato a la presidencia de la República. Y lo hizo embretando a todos los presentes. “Permitime hoy decirte que todos los que estamos acá, todos –y si hay alguno que no esté de acuerdo que levante la mano– queremos que vos seas nuestro precandidato”, le soltó a Delgado. Aunque algunos sonrieron ante la picardía del intendente, con el correr de las horas, dirigentes de los sectores que persisten bajo el paraguas de Todos –además de Aire Fresco, lo integran el Herrerismo y la Lista 40– no ocultaron su enojo, algunos en público y otros en privado.
“Parece mentira que haya gente que esté pensando en juntar votos a esta altura del partido. Es una enorme torpeza”, criticó el senador Sebastián da Silva (lista 40) para enumerar luego algunos de los temas que deberían ocupar al gobierno.
“No voy a hacer referencias electorales ahora”, dijo por su lado el ministro de Desarrollo Social, Martín Lema (Aire Fresco), que también tiene aspiraciones presidenciales, pero se guarda de hacerlas demasiado explícitas.
Entre los principales dirigentes del partido, existe preocupación cierta frente al riesgo de que la electoralitis distraiga de hechos más importantes como la demora en la recuperación económica,
En el Herrerismo tampoco celebraron las palabras de Vidalín, sobre todo porque en el sector existen expectativas de impulsar la precandidatura de la expostulante a la Intendencia de Montevideo, Laura Raffo.
Esa molestia terminó por postergar un congreso que Todos tenía estipulado para el 15 y el 16 de octubre –y que finalmente se realizará en noviembre–, aunque la excusa oficial fue que la suspensión se debió a la proximidad de las elecciones juveniles del partido a la que no se quiere quitar protagonismo.
El escenario es poco propicio para esperanzarse con el 2024 porque si bien la última encuesta de Equipos señala que la popularidad del presidente Lacalle Pou permanece estable cercana a un 50%, un sondeo de Factum sostiene que la desconfianza en el mandatario trepa a un 56%.
De cualquier forma, el apoyo al presidente no necesariamente le servirá a los futuros postulantes blancos cuando tengan que presentar sus propias credenciales. “Que nadie se crea que la popularidad del presidentes es de todo el gobierno”, advirtió el senador Gustavo Penadés (lista 71) en el encuentro del jueves.
En el Partido Nacional –y también en el resto del espectro político- estiman que aquel dirigente que en abril del año que viene no haya dicho “yo”, corre el riesgo de quedar fuera de la troya de candidatos.
Entonces, se entiende que la gestión colectiva, más allá de la imagen del mandatario, sea medular para presentarse ante los votantes con chances de ganar.
Si bien la discusión por las postulaciones ingresó en un parate provisorio, -más allá de que el silencio puede ser roto tempranamente por algún dirigente más apurado que pensante- son mayoría los blancos que consideran que las candidaturas empezarán a encenderse en verano y serán más o menos explícitas cuando empiecen a caer las primeras hojas de los árboles.
En el Partido Nacional –y también en el resto del espectro político- estiman que aquel dirigente que en abril del año que viene no haya dicho “yo”, corre el riesgo de quedar fuera de la troya de candidatos.
Entre los blancos creen que, para entonces, la precandidatura de Delgado estará más que consolidada, que Lema habrá transmitido si aspira a postularse y si Raffo será la carta del Herrerismo. Es probable que en el otoño, desde el ala wilsonista, Jorge Gandini y Beatríz Argimón den señales más claras de cuáles son sus objetivos.
El definitiva, la candidatitis quedará congelada por unos meses, pero todos saben que el deshielo llegará luego del próximo verano cuando nadie podrá impedir que las ambiciones presidenciales vuelvan a encender el fuego electoral.