El Observador | Nicolás Cichevski

Por  Nicolás Cichevski

Economista, Columnista de El Observador y Gerente en CPA Ferrere
30 de septiembre 2021 - 17:08hs

A pesar de ser uno de los países en el mundo que más sufrió la pandemia desde el punto de vista sanitario, el desempeño de la economía brasileña fue mejor al esperado. Si bien la actividad económica se contrajo un 14% entre marzo y abril de 2020, a partir de allí y hasta comienzos de este año la economía creció un 18% y se ubicó un 1% por encima del nivel pre-pandemia. Al igual que en el resto de la región, la variante P1 complicó el escenario económico y entre marzo y julio la actividad económica se estancó y se mantiene todavía un 5% por debajo del máximo alcanzado a fines de 2013. En el último mes, las expectativas de crecimiento para 2021 y 2022 fueron revisadas a la baja desde 5,3% a 5,0% y desde 2,1% a 1,6% respectivamente.

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La rápida recuperación del país vecino estuvo influenciada en parte por el fuerte aumento del gasto público durante 2020. El déficit fiscal primario en los últimos doce meses pasó del 0,9% en febrero de 2020 al 9,2% en el mismo mes de 2021, y si bien el pago de intereses se redujo un punto porcentual ante la caída de la tasa de interés internacional, el déficit total alcanzó el 13% del PIB. Como consecuencia, en ese mismo período, la deuda bruta del sector público consolidado trepó desde el 75% al 89%. El déficit fiscal y el nivel de endeudamiento se redujeron durante el transcurso del presente año, pero ambos se encuentran por encima del nivel pre-pandemia y un aumento en las tasas de interés globales podría complicar rápidamente el escenario.

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La dinámica de la recuperación económica ha sido similar a la que experimentó Uruguay, en ambos casos beneficiadas por la caída en las tasas de interés globales y el fuerte aumento en el precio de los commodities. Al cierre del segundo trimestre, la inversión y las exportaciones se ubicaban un 15% y un 11% respectivamente por encima del promedio del año 2019. Por su parte, el consumo, tanto público (-5%) como privado (-3%) se mantiene por debajo del nivel que experimentaba previo a la pandemia.

Desde el enfoque de la producción, el sector agropecuario acumulaba en el primer trimestre de este año un crecimiento del 7% en relación al nivel pre-pandemia, pero la sequía complicó el panorama y en el segundo trimestre la actividad cayó un 3%. El sector industrial creció un 2% respecto al nivel de 2019, con una fuerte incidencia de las industrias extractivas que, beneficiadas por los precios internacionales, crecieron un 7% y compensaron la caída de la construcción (-1%).

Los servicios, si bien se ubican un 0,7% por debajo del nivel de 2019, presentan una gran asimetría a la interna. Mientras que las actividades de información y comunicación crecen un 11%, el sector financiero un 7% y el comercio un 4%, el transporte cae un 1% y la salud, educación, administración y otros servicios, que componen casi la mitad del sector, se mantienen un 6% por debajo del nivel pre-pandemia.

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El escenario político ha comenzado progresivamente a ganar terreno e influenciar a las perspectivas económicas. En el plano fiscal, el parlamento actualmente discute una reforma tributaria, cuyo apoyo no es unánime. Entre otros aspectos reduciría el impuesto a la renta empresarial y gravaría el pago de dividendos. En un contexto de elevado déficit fiscal, y en vísperas de las elecciones presidenciales del próximo año, en donde las encuestas marcan como favorito al expresidente Lula da Silva, el mercado financiero ha empezado a mirar con lupa la trayectoria del gasto público y la recaudación y su potencial impacto en el ya elevado nivel de endeudamiento. No es posible reducir impuestos, aumentar el gasto social de cara al año electoral y mejorar el resultado fiscal al mismo tiempo.

La incertidumbre fiscal parece haberse reflejado últimamente en un aumento del riesgo país y por consiguiente del costo de financiamiento. Luego de alcanzar el mínimo postpandemia, desde fines de junio el riesgo país de Brasil ha aumentado un 22% (50 puntos básicos), sensiblemente más que en otros países de la región como México (+6%), Uruguay (+7%) o Chile (+1%). En este contexto, y a pesar de los sucesivos aumentos en la tasa de interés por parte del Banco Central para contener la aceleración inflacionaria, y la fuerte alza en el precio de los bienes exportables, el real se mantiene fuertemente depreciado. La paridad cambiaria frente al dólar se ubica un 38% por encima del promedio histórico (1997-2021) y más de 20% por encima del nivel pre-pandemia.

La depreciación del Real, junto con el aumento de los precios internacionales de los principales alimentos y el petróleo han provocado una aceleración inflacionaria en los últimos meses que ha ubicado a la inflación anual en 9,7%, su máximo desde comienzos de 2016. El arroz y la carne acumulan aumentos del 33% y 31% respectivamente en los últimos doce meses al tiempo que los combustibles aumentaron un 41%. A pesar de que el Banco Central comenzó rápidamente a aumentar las tasas de interés en marzo -la tasa SELIC aumentó desde 2,00% a 6,25%-, las expectativas de inflación para el presente año continúan elevándose, desde el 3,9% en marzo hasta 8,5% en la actualidad. Si bien para 2022 las expectativas se mantienen por debajo del techo del rango meta (5,0%), la inflación esperada ha aumentado desde 3,5% en marzo a 4,1% en la actualidad. De continuar el aumento de precios por encima de lo previsto, futuras subas en la tasa de interés podrían enlentecer la recuperación económica, encareciendo el costo del crédito a los hogares que ya acumulan niveles de endeudamiento elevados.

La debilidad del Real ha encarecido a Uruguay frente a Brasil un 17% desde fines de 2019 y la paridad cambiaria indica que el país se encuentra un 30% más caro en relación al promedio 1997-2021. Si bien desde la perspectiva del turismo el ingreso de divisas proveniente de Brasil representaba antes de la pandemia menos del 15% del total (unos US$ 170 millones por temporada), la diferencia de precios complica a los comerciantes fronterizos. A su vez, las exportaciones de bienes se encarecen, y a diferencia de Argentina, que absorbe el 5% del total exportado por Uruguay, las exportaciones a Brasil representaron el 15% del total en 2020. En particular, gran parte de los plásticos, productos de la molinería, grasas y aceites, y autopartes son exportados hacia ese destino.

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