Por Luis Eduardo Inzaurralde
Enviado a Budapest, Hungría
El Duna Arena de Budapest 2017 sorprendió en la programación de su cuarto día con una dosis recargada de emociones y sonrisas, de muestras de respeto y admiración, y de héroes caídos en manos de mortales, con un punto en común: Italia fue el verdugo de aquellos que pretendieron transitar, a ritmo triunfal, la piscina húngara.
Sin vueltas, frustrando celebraciones y marcando la estirpe de la
natación italiana que quiere asomar en el top 5 del medallero mundialista, repartió su mejor versión con cuatro protagonistas, tres originales y uno prestado: Gabriele Detti y Gregorio Paltrinieri en 800 m libres, Federica Pellegrini en 200 m libre y el sudafricano Chad Le Clos en 200 m mariposa, que de italiano no tiene nada pero desde 2016 quedó en manos de un entrenador de ese país que le transformó la preparación y la carrera, según explicaron a Referí su padre y uno de los asesores que tiene el nadador.
Detti acabó con el reinado de tres mundiales del chino Yang Sun en 800 m libres, Pellegrini pulverizó cualquier intento de Katie Ledecky de seguir inmortalizando su figura y Le Clos –entrenado por Andrea Di Nino– derribó al candidato y vigente campeón en 200 m mariposa, el anfitrión Laszlo Cseh.
Atrás de cada héroe caído en la inmensidad del estadio mundialista construido a orillas del Danubio, surge un villano gigante.
A modo de presentación, para mostrar lo que depararía la cuarta jornada, Pellegrini abrió las finales de la tarde con un sacudón a la estadounidense Ledecky, una de las más ganadoras de la historia que iba por su 13ª presea dorada en los mundiales, y que bajó al segundo escalón del podio.
En una carrera infernal en la que la italiana tuvo que remontarla desde atrás, porque estuvo cuarta tras la segunda pileta de las cuatro que recorrió en los 200 m libre, en los últimos 50 metros, cuando los brazos y las piernas ya no responden de la misma forma, sacó a flote su mejor versión y se impuso en un notable sprint final.
Con esa presentación, a la hora 17.32 local (12.32 de Uruguay), había quedado planteada la propuesta del miércoles, que media hora después sorprendería con el gran triunfo de Le Clos sobre Cseh y el también local Tamas Kenderesi, que culminó cuarto.
El impacto del triunfo del sudafricano no pasa por el éxito en sí mismo, porque ya supo ganar medallas de oro, sino porque desbancó al vigente campeón y a quien llegaba con el crédito y apoyo de un estadio que le hizo sentir al africano que era visitante.
Sin embargo, en el agua, donde nada se escucha y todo se minimiza con concentración, Le Clos ganó de punta a punta los 200 m mariposa, con su padre Marie Jospeh, gritando como un barrabrava desde el palco, como en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y el Mundial de Kazán 2015, y acabando emocionado hasta las lágrimas en la piscina primero y en la conferencia de prensa después, al ver a su hijo recibiendo la medalla de oro.
Fue el propio padre quien explicó a Referí el orgullo que sentía por el éxito de su hijo y la recompensa a tanto esfuerzo, de quien pudo ser futbolista porque cuando pequeño se destacaba con la pelota, mientras posaba con la bandera de Sudáfrica.
Por su parte, su manager explicó a Referí que Le Clos sufrió una transformación a partir de que en 2016 cambió de entrenador y quedó en manos de un italiano, que le encaminó hacia una nueva era, que ayer estrenó con el oro en el Mundial.
Le Clos, de 25 años, pidió disculpas en la piscina por la victoria ante Cseh, cuando fue consultado por el presentador de la actividad en el Duna Arena.
El cierre del día de Italia en el Mundial de natación lo procesaron Detti y Paltrinieri.
El primer por el oro y el segundo por el bronce, que sumó al medallero. El nadador que en un mes cumplirá 23 años ganó casi que de punta a punta y desbancó a Sun, quien había llegado a defender el tricampeonato que acumuló entre 2011 y 2015. Lejos de su mejor producción, el chino culminó quinto demostrando que las distancias más cortas (200 y 400 m libre) ahora le quedan mejor ya que en ambas fue oro.