Buena Vista Social Club, el mítico grupo cubano, comienza este año su adiós a las giras internacionales con un tour que incluirá varias ciudades europeas. Pero Omara Portuondo, una de las sobrevivientes del grupo, finge una pícara sordera cuando se le pregunta si piensa en retirarse. No le gusta hablar de despedidas y menos de la de Buena Vista Social Club.
Con 83 años -que desmienten su rostro y su mirada- y más de seis décadas en el mundo de la música, la dama de la canción cubana, famosa como la “novia del feeling” (sentimiento), asegura que el legado de Buena Vista “siempre va a estar” garantizado y que ella quiere seguir cantando.
“Todavía tengo voz y espero seguir cantando”, afirma Portuondo en una entrevista en La Habana junto a algunos de sus compañeros en el grupo del que ha sido vocalista desde 1997, cuando este proyecto impulsado un año antes por el productor estadounidense Ray Cooder e integrado por veteranos artistas cubanos se convirtió en un “boom” internacional. El éxito trascendió especialmente después de que el alemán Wim Wenders estrenara el documental Buena Vista Social Club, que tuvo un enorme éxito de crítica y de público.
“¿Re.. qué? ¿Cómo dice?”, bromea ante la mención de la palabra “retiro” una mujer a quien la edad no le parece un problema para seguir en activo: “es una cuestión de sentirse bien físicamente, tener salud” y una energía para seguir en los escenarios que -otra vez con ironía- dice sacar “de comer kimbombó”, un vegetal típico en la mesa cubana.
Tras 17 años como embajadores de los ritmos tradicionales cubanos, Buena Vista Social Club afronta Adiós Tour, una última gira internacional que ni Omara Portuondo ni sus compañeros plantean como una despedida definitiva.
“Decir ‘la despedida’, eso yo no lo digo nunca. Digo: esto es una actuación especial. Pero despedida no quisiera que fuera, porque nuestra música es nuestra música”, señala la “diva” del grupo.
Y es que la música “nunca se despide”, coinciden la intérprete y sus compañeros el laudista Barbarito Torres (58 años), el trompetista “Guajiro” Mirabal (81) y Jesús “Aguaje” Ramos (63), trombonista y director musical de la formación.
Cuatro miembros de gran importancia de la agrupación, Compay Segundo (músico y compositor, el más venerado de Buena Vista Social Club), Ibrahim Ferrer (cantante), Rubén González (pianista) y Pío Leyva (cantante y compositor) fallecieron entre 2003 y 2006 a edades avanzadas.
“Los músicos del Buena Vista están todos en plenas facultades. No es que vayamos a parar definitivamente. Vamos a hacer un pequeño receso, cada cual tiene su trabajo, sus propios proyectos. Y cuando haya que unirse nos unimos de nuevo. Estamos ya unidos de por vida”, explica Torres.
La amistad, el respeto y la admiración que se profesan estos artistas es una de las claves, según señalan, del éxito de Buena Vista Social Club, unido a la pasión por la música cubana “que gusta en todo el mundo”.
Por eso Portuondo no se sorprende de la repercusión que ha tenido Buena Vista: “A nivel mundial la música cubana siempre tuvo un puesto, un lugar. Todo el mundo ha estudiado nuestra música. Es uno de nuestros baluartes, una carta de presentación”.
“Buena Vista se convirtió también en una moda aquí en Cuba. En las calles se volvieron a ver jóvenes tocando contrabajo, a un septetico o un cuartetico tocando el repertorio nuestro. Vienen los turistas y lo que oyen es El Cuarto de Tula o el Chan Chan. Eso es a partir de nosotros”, apunta Torres.
Portuondo y sus compañeros creen que la singularidad de la música cubana tiene que ver con la creatividad, su ritmo y “sabor”, la capacidad de integración o la fusión con otros géneros, entre ellos el jazz.
“El jazz ya existía (fuera), pero donde empezó a tener mucha fuerza fue aquí. Los músicos norteamericanos venían a Cuba. Aquí, el ‘filin’ (expresión castellanizada de feeling), la improvisación sobre la melodía siempre se ha hecho, ha sido normal”, según Portuondo.
“Es que hay una mezcla -interviene Torres- Nosotros mismos, que hacemos música tradicional a la hora de improvisar, aunque no queramos, hacemos cosas ‘jazzísticas’. Porque el jazz tiene idas y vueltas. Se alimentó aquí también de las raíces del son cubano”.
Sus colegas elogian de Portuondo -a quien se ha comparado con grandes del blues y el jazz como Sarah Vaughan o Ella Fitzgerald- esa capacidad de improvisación y su versatilidad.
La cantante no tiene sin embargo predilección por un género concreto porque “todo tiene su corazoncito: el bolero, la rumba, el cha cha cha... me gusta todo”.
Se siente satisfecha de una vida donde ha triunfado en la música y en otras facetas personales aunque confiesa que hubo un sueño que no pudo cumplir: el ballet
“Ahora sí podría haber sido bailarina de ballet clásico porque ahora aceptan el color de la piel (ella es mulata)”, a diferencia de otras épocas donde el hecho racial suponía un impedimento para esa disciplina.