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Caetano lleva al límite a Sbaraglia y Hendler en El otro hermano

En su nueva película el director construye un relato provinciano de violencia masculina impulsada por actuaciones estupendas

El actor Leonardo Sbaraglia y Adrián Caetano durante el rodaje del último filme del uruguayo, <i>El otro hermano</i>

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20 de abril de 2017 a las 05:00

Al director de cine Israel Adrián Caetano le alcanzan un puñado de escenas en el comienzo de su nueva película, El otro hermano –que se estrena hoy–, para darle a entender al espectador que le espera un relato perturbador. En los primeros cinco minutos del filme –que representa el regreso a la pantalla grande del cineasta uruguayo radicado en Argentina después de Mala (2013)– se ven cuerpos mutilados, vómitos y –sobre todo– mucho sudor corporal.

Ambientado en Lapachito, un pueblo de la provincia argentina del Chaco, el guión de El otro hermano está inspirado en la novela Bajo este sol tremendo del escritor argentino Carlos Busqued.

El actor uruguayo Daniel Hendler interpreta a Cetarti, un desempleado que viaja desde Buenos Aires para hacerse cargo de los cadáveres asesinados de su madre y su hermano. Motivado por la idea de cobrar un seguro de vida, Cetarti acepta la ayuda en esa tarea de Duarte, un hombre con múltiples trampas dentro del pueblo, que es interpretado por Leonardo Sbaraglia.

Como las dos piezas principales de un tablero de suspenso narrativo, los personajes de Sbaraglia y Hendler se debaten –por momentos sin intenciones, en otros de forma consciente– su inteligencia y viveza criolla.

Mientras esa relación se intensifica, Caetano recorre la vida de otros personajes secundarios dentro del paisaje humilde a la vez que muestra cómo ha sido afectado por el doble asesinato de los familiares de Cetarti y las constantes tratas por parte de Duarte.

Entre ventas de posesiones ajenas, negociaciones permanentes y el transporte de dos urnas con cenizas de origen humano que brindan ciertos momentos de comedia, Duarte y Cetarti recorren un pueblo con personajes fácilmente transportables al trabajo anterior de Caetano como El oso rojo (2002). En medio de una lucha masculina de egos también se encuentra la viuda problemática del asesino de la familia del personaje de Hendler (Ángela Molina), así como su hijo, una especie de pupilo perverso de Duarte interpretado por el joven Alian Devetac.

Detrás de un par de lentes negros, un bigote que sobrevuela una sonrisa constante de dobles intenciones y un timbre de voz más agudo que de costumbre, Sbaraglia construye un personaje siniestro. Cuando uno supone que la esencia malévola de Duarte es motivada enteramente por el dinero, Caetano se encarga de desempolvar algún que otro secreto para presentarnos a un villano hecho y derecho del que el actor se apropia de forma estupenda. Por esta labor, el argentino fue premiado como Mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Málaga.

Hendler, por su parte, resulta ser el perfecto contrario de Sbaraglia. Con sobrepeso, eternamente desarreglado y ausente del carisma que suelen tener usualmente sus papeles, Cetarti logra esconderse debajo de un cascarón de desinterés que lo aleja de lo que uno entendería sería un ser humano afectado por el violento hecho que motiva su llegada al pueblo. De todas formas, esa actitud parece ser por momentos un producto originado por una dirección actoral acentuada más que por la naturaleza verdadera del personaje.

En los créditos del filme, Caetano distingue su labor bajo las palabras "encuadre y dirección". Aunque parezca una nimiedad técnica, vale resaltar que en El otro hermano el trabajo de cámara es tan relevante y logrado como el del guion y sus actuaciones. Ante un diseño de producción muy realista, el director mueve el lente en rincones poco convencionales, detallando detalles como la mugre de un rincón o el rostro impávido de un axolote.

Más allá de la peculiar mascota, El otro hermano trabaja lo animal dentro de lo más crudo de las relaciones humanas, y la película hasta tiene una secuencia casi onírica que involucra a un bóvido topando una puerta. Es un momento extraño dentro de una historia criminal, pero uno que habla de la amplitud temática por parte de Caetano, cuyo esperado e impactante regreso a la pantalla grande es más que bienvenido.

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