Se sabe que una mudanza sirve sobre todo para tirar basura y más basura que uno se negaba a considerar basura hasta entonces. La presión del espacio y del orden obliga en esa situación a deshacerse de un sinfín de papeles y objetos que en algún momento fueron calificados objetiva o sentimentalmente de “imprescindibles”. En mi última mudanza encontré un floppy disk (disco flexible) que por alguna razón había sido clasificado en esa nebulosa categoría de imprescindible. Dentro había una monografía de mis años de facultad. Imprescindible o no, la realidad es que no tenía forma de confirmar si de verdad quería guardar esa monografía de Arte, escrita en los 90 en una notebook con disco flexible.
Es decir, no tenía dónde leer ese disco. La Texas Instruments de aquellos años ya no estaba en casa y ninguna de las dos notebooks viejas, que no me animaba a tirar pero que nadie quería, tenían lector de discos flexibles. El hallazgo me hizo pensar en cómo han evolucionado las formas de almacenamiento. En el correr de dos o tres cortas décadas pasamos de archivar papeles y documentos de importancia en carpetas “reales” a hacerlo en otras “virtuales”.
Se agrandó la cajonera A medida que aprendimos a almacenar (Save/Guardar) documentos (imágenes, textos, música) en las computadoras, disquetes, discos portables, pen drives y algunos otros aparatos, también comenzamos a perder la conciencia de cuán seguro o inseguro es este tipo de almacenamiento. Cuando las PC tenían una memoria limitada –ahora el estándar supera los 3GB de memoria, mientras que hace cinco años atrás no pasaba de los 512–, éramos muy cautos a la hora de guardar cualquier cosa.
Luego comenzamos a utilizar otro tipo de dispositivos externos que nos permitían o bien extender la cantidad de memoria disponible o bien respaldar la información de mayor valor que guardábamos en la computadora. Primero fueron los floppy, luego los disquetes de carcasa dura, más tarde los CD y DVD, seguidos de las memorias USB y de los discos externos. La evolución se produjo de la mano de un mayor poder de almacenamiento, así como más facilidades de uso.
Se sacudió la estantería
El último paso de este veloz desarrollo del almacenamiento virtual se encuentra en la “nube”. El concepto tiene varias puntas, pero para definirlo “a lo dummie”, basta con saber que permite al usuario disponer de un servicio sin necesidad de almacenar contenido en su computadora. Nuestros correos de Gmail, Hotmail o cualquier otro proveedor, quedan almacenados “en la nube”, lo que significa que Google y Microsoft hacen que se guarden en sus servidores ubicados en algún lugar escondido del mundo. Muchos ya usan otros servicios en la nube tales como Google Docs, o el Office virtual, entre tantos.
La lista de opciones en la nube es casi interminable. Muchas nos permiten almacenar nuestros tesoros virtuales sin grandes complicaciones, e incluso gratis. Aquí algunas opciones.
Drobpox
En materia de usabilidad y sencillez, se lleva todos los lauros (al menos eso opino yo, seguro que hay quien disiente). Este servicio de almacenamiento online se comporta como un disco portable que puede consultarse desde cualquier computadora, iPad, iPhone, tableta en general y desde prácticamente todos los teléfonos inteligentes. Dropbox es la causa de que casi haya abandonado a mi fiel pen drive de 8GB. Está por ahí en mi cartera, pero se siente solo y abandonado ahora que ya no lo tengo más colgado al cuello. Para definir a este servicio en pocas palabras, basta explicar que sincroniza documentos, imágenes, videos y música para que puedas ver esos archivos en cualquier aparato.
Si en los 90 hubiéramos querido guardar 1GB de memoria –algo así como unas 250 canciones en MP3– tendríamos que haber comprado discos flexibles al por mayor, unos 900
Más cajas
No vale la pena siquiera intentar disimular que mi corazón le pertenece a Dropbox, pero aún así debo ser lo suficientemente honesta intelectualmente como para reconocer que existen otros muchos servicios que sirven para almacenar o enviar archivos virtualmente. Como siempre, cada uno deberá probar y elegir su favorito.
En mi caso, la ecuación mágica tiene que ver con servicio, funcionalidad, facilidad de uso y precio. Un servicio poco usado pero que sin embargo es el que ofrece más espacio gratuito de almacenaje es Skydrive, el disco virtual que Microsoft creó en la nube; funciona con el mismo paquete de Windows Live que incluye al popular Hotmail y al MSN (para utilizarlo es necesario tener una cuenta activa de Hotmail). Por alguna razón, no es un servicio demasiado conocido para las masas, pero ofrece atractivos 25GB de almacenamiento gratuito. Los archivos se pueden categorizar en carpetas y luego es posible compartirlos públicamente o con personas determinadas. Desde hace poco también existe una aplicación de iPhone (que también funciona bien en iPad) que permite subir y descargar archivos de forma muy sencilla.
Otro servicio interesante es Ge.tt, que permite compartir archivos de forma sencilla. La cuenta básica gratuita, previo registro, es de 2GB, pero aún sin registrarse es posible compartir archivos. Para hacerlo solo hay que arrastrar el archivo al sitio web o presionar el botón “Select file” y buscarlo en la computadora para luego subirlo. Inmediatamente se crea un link que puede ser enviado por mail, o posteado en Twitter o Facebook. Quien recibe ese mail y cliquea en él puede comenzar a descargar el archivo, incluso si éste todavía no terminó de subir en la computadora original. Si el usuario decide no crear una cuenta y registrarse, esa URL será válida por 30 días, luego de lo cual se eliminará. En ese caso el archivo no puede pesar más de 250 MB, aunque con registro puede ser de hasta 2GB. En la versión con registro se tiene acceso a estadísticas de descarga (cuántas personas descargaron el documento en cuestión).
Yousendit permite enviar archivos de no más de 50MB como parte del plan gratuito, pero hay opciones de pago que oscilan entre los 10 y 15 dólares mensuales. Otro sistema de este tipo es Kicksend.
En 2011 se lanzó Amazon Cloud Drive & Player y promete. Por ahora permite guardar hasta 5GB de forma gratuita. Sugarsync es similar a Dropbox; funciona en casi todos los aparatos que hoy nos complican la vida: desde la computadora hasta la tableta, pasando por el teléfono inteligente. Ofrece 5GB de almacenamiento con la versión gratuita, que igual requiere de registro.
El Apple iCloud es el servicio gratuito que viene con la última versión operativa móvil de Apple, el iOS5. Ofrece 5GB de espacio gratuito y permite que lo que se sube en un aparato de la marca (por ejemplo en un iPhone), luego se pueda ver en una computadora, en el iPad o iPod Touch.
La llave del cofre
¿Todo lo que brilla es oro? Casi nunca. Muchos han llamado la atención sobre los posibles problemas de privacidad que se pueden generar con este tipo de servicios, que pueden suscitarse en Dropbox y en cualquier sistema que se base en la “nube” para almacenar datos personales. Si hubiera un problema de seguridad en cualquier de estos servicios, nuestros correos, documentos, fotos o cualquier otro dato que hayamos guardado en ellos, podrían quedar expuestos. Es cierto, también, que esos mismos archivos también pueden quedar expuestos desde nuestra propia computadora personal. Instituciones como el FBI o la CIA han sido atacadas por hackers, así que en teoría cualquiera de nuestros datos podrían ser robados, perdidos o borrados, otro de los peligros de lo virtual, pero no solo en la nube.
Claro que también es posible que alguien –un ser humano, no un enemigo virtual– nos robe la carpeta con los documentos, el álbum de fotos o la colección de CDs de música, además de la propia computadora. En materia de seguridad informática casi todo es posible, para bien y para mal. Como en la vida, si hay algo que usted no quiere que nadie sepa, no lo escriba, no lo guarde en su PC, no lo mande por mail, no lo suba a la “nube”. Y no lo cuente, claro.