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Carta para Navidad

Carta del publicista Pablo Choca                                      

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14 de diciembre de 2020 a las 05:00

Por Pablo Choca

Este año mi hija Agustina cumplió siete y hoy está a un par de zapatos de perder la Navidad. Yo tenía la misma edad que tiene hoy Agustina, cuando un día Giovanni, mi gran amigo de la infancia, se sentó al lado mío en el asiento de atrás de un ómnibus y me dijo así nomás, bien sin anestesia: Papá Noel no existe. Y Giovani se quedó ahí, mirándome, frío, sin hacerse responsable de nada de lo que había dicho. No midió consecuencias. Es lógico, es un niño. Pero en ese momento me había tirado una vida de fantasías a la basura.

Yo era feliz creyendo en Papá Noel. No me preguntaba si ese gordo vestido de rojo no era un producto inventado por el capitalismo. Vivía mi fantasía armando el arbolito el 8 de diciembre, escribiendo cartas para dejar en mi casa, en la casa de mis abuelos y en la de mis tíos, y soñaba viéndome jugando con esos regalos que llegaban en una bolsa mágica infinita.

Siempre lo escuchaba llegar pero siempre me engañaba, un poco, porque lo veía irse en una luz roja que encontraba entre los fuegos artificiales. Con mi esposa, Gimena, dejamos que Agustina y Santiago vivan la misma fantasía. Cada año nos alineamos con los abuelos y los tíos en las historias que vamos a contar, nos organizamos viendo qué regala cada uno.

A las 12 el tío Nicolás sale a tirar cañitas voladoras para entretener a los niños mientras nosotros, con la total precaución para que no nos descubran, corremos con los regalos del maletero del auto al árbol de Navidad. Al grito de "vino Papá Noel" todos los niños salen corriendo a abrir sus regalos. Y Agustina, como cuando yo era niño, me cuenta que lo vio a Papá Noel yéndose en una luz roja entre los fuegos artificiales.

Hoy los publicistas, las marcas y los adultos tenemos la responsabilidad de seguir cuidando la fantasía. De ser cuidadosos en nuestras maneras de contar las cosas. Porque los niños nunca se preguntaron si sus regalos vienen de una tienda postal ubicada en Miami o si Papá Noel pasó por el shopping porque descontaban el IVA. No se lo preguntaron ni les importa. Pero cada día que enciendo la radio y la televisión tiemblo, de verdad. Escuchando publicidades frías, matemáticas, sin contenido y sin intención de mantener vivas las tradiciones. Tiemblo... Porque veo a Giovanni, esta vez sentándose frente a mi hija y diciéndole: "La navidad no existe".

 

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