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Cavani, Bolsonaro, y la palabra cambio

Es la palabra más popular del año y también de las últimas décadas en política

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11 de octubre de 2018 a las 05:01

Neymar es un tipo tan falluto, que ni siquiera sabe disimular. Con el balón en los pies hace un cambio de frente, sabiendo que la pelota pasará por encima de Cavani, para que la pueda recibir al otro lado Mbappé. El sospechoso cambio de frente se repite varias veces en un partido, partido tras partido. A Cavani le cambia el ánimo y quiere un cambio de club. No muy lejos de París, en Madrid, millones de personas quieren que las cosas cambien pronto en su equipo, pues los cambios introducidos esta temporada han sido desastrosos. Tal como están las cosas, el Real Madrid parece estar condenado a terminar el año con depresión anímica y deportiva. Sus hinchas quieren un cambio ya mismo y sueñan con una delantera comandada por Hazard y Cavani a partir de enero.

Cavani y Hazard quieren cambiar de aires, por lo tanto, el cambio beneficiaría a todos. Sincronía de cambios, situación perfecta. La palabra cambio, es la palabra del año. Aunque estamos recién a principios de octubre, ya podemos declararla “la palabra” de 2018. De este año, y de los anteriores. “Cambio” es una palabra cuyas acepciones cambian de acuerdo a las preferencias ideológicas, políticas, estéticas (los cambios en la moda cansan), deportivas, y de ahí en más, todas las otras que pueda haber. Como todos parecen querer cambio, el término ganó omnipresencia. Va camino al desgaste y, lo mismo que en la torre de Babel, va camino también a crear confusión generalizada.

Puesto que la vida está sujeta al paso del tiempo, el ser humano vive en el cambio constante. Es el gran designio de nuestra cambiante condición. Quien no lo entienda, no sabe de qué se trata la milagrosa experiencia de estar vivo. El cambio vive al acecho, obligándonos a estar alerta, a no ser víctimas de la complacencia. Picasso solía decir que creía más en el cambio, que en la quietud asociada a las metas obtenidas, al éxito. De ahí que vivía reinventándose. “Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo”, dice la canción de Julio Numhauser, la mejor del repertorio de Mercedes Sosa. Todos los políticos que aspiran a ser presidentes, senadores, diputados, etc., viven prometiendo cambio, pues la palabra es una eficaz carnada.

A la gente le embelesa tanto, que si la oyen en forma repetida terminan votando por quien proponga cambio, aunque ni el propio postulante sepa a qué cambio se refiere. Si visitamos los archivos de los diarios latinoamericanos de las últimas tres décadas, podemos corroborar el sobreuso en política de la palabra “cambio”. Menem proponía cambio, Tabaré Vázquez proponía cambio, Evo Morales proponía muchos cambios, Chávez proponía cambio, Lula proponía cambio, Rafael Correa proponía cambio, Néstor Kirchner proponía cambio, Mujica no (para no alienar a su antecesor y correligionario), pero Obama sí proponía cambio (el slogan de su primera campaña fue “Change”).

El periodismo, los periodistas, celebraron en su momento la presencia de políticos de izquierda que hablaran de cambio, sin precisar bien a qué se referían cuando utilizaban la palabra con extenuante frecuencia. Pero ahora, la palabra cambio cambió de propietarios, y de bando. Macri, Piñera, Trump, Iván Duque, Bolsonaro, se apropiaron del vocablo y seducen al electorado de igual manera que lo hicieron los de la vereda de enfrente. Los tiempos cambiaron, pero no la palabra cambio. Para los chavistas en Venezuela significaba esperanza. Para los seguidores de Bolsonaro, también. Los uruguayos, tan temerosos del cambio (es parte del ADN nacional), deberán decidir el 27 de octubre de 2019 en las urnas si quieren cambio o siguen con el cambio que ha dejado de cambiar.

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