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Cebolla Cebreiro: "La alegría y la parte festiva de La Vela se fue"

El nuevo disco de la banda uruguaya es un recorrido por distintas sensibilidades universales

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04 de junio de 2018 a las 14:30

La Vela Puerca mira con romanticismo a los discos. Por una cuestión generacional siguen apreciando la obra conceptual, el tener el objeto en la mano, leer las letras y valorar el arte. Son hijos de ese formato y no lo pueden dejar ir. Y Destilar, su séptimo disco, lo mantiene. Las reflexiones sobre el mundo contemporáneo y la "ciberlocura", el sonido donde manda el volumen, la distorsión de las guitarras y la simpleza conectan las 13 canciones del álbum.

Fue un disco que la banda trabajó con más velocidad de lo habitual, y la culpa fue del inminente mundial de fútbol, un período que para los artistas suele ser un período muerto. Por eso el grupo se planteó como objetivo sacar Destilar en mayo, y con esa presión terminó de desarrollar las canciones en el estudio Traslasierra, en Córdoba, Argentina. Un lugar aislado donde La Vela se recluyó para trabajar con tranquilidad y apostar a la frescura y la inmediatez. Así lo explicó el vocalista Sebastián "Cebolla" Cebreiro, en entrevista con El Observador.

Destilar se desarrolló y grabó principalmente en Córdoba. ¿Este es el disco argentino de La Vela Puerca?

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Tenemos mucho que ver con la movida del rock argentino; muchísima gente nos toma como si fuéramos una banda argentina, aunque todos saben que somos uruguayos. Ese cariño desmedido que ellos tienen, muy pasional, hace que te sientas parte. Ser receptor de ese cariño está bueno; no nos sentimos manoseados ni nos genera un sentido de pertenencia. Tenemos claro de dónde somos y de dónde venimos. Pienso que La Vela tuvo su auge en Argentina porque éramos parecidos pero diferentes, en las letras, las melodías, la idiosincrasia; tiene el olor de ahí pero viene de otro lado. Y este disco no es argentino, pero tampoco es tan uruguayo. Son canciones bastante universales. Estamos lejos de la idiosincrasia de Chile, México o Ecuador, pero las letras pintan algo parecido. Hay algo en el aire que identifica a gente que culturalmente no es tan parecida a nosotros.

El público uruguayo es menos proclive a aceptar como propio al extranjero y los argentinos te toman como propio. ¿Han notado eso en su trayectoria?


El uruguayo es un público difícil, pero ahora ha tomado otro protagonismo. Hasta hace un tiempo era un público estricto. No jugabas con la cédula, no te aplaudían a la segunda canción porque sos fulano de tal, sino que esperaban que vos dieras algo para devolvértelo. Y eso está buenísimo. Los argentinos y mexicanos se reconocen como parte del espectáculo; no van a ver, van a ser parte. Acá está cambiando.

Ustedes son parte de la generación que instauró el rock de estadio en Uruguay. ¿Se sienten cómodos ahí?

Nosotros como banda no nos sentimos cómodos en los estadios. Tenemos esa convocatoria y no podemos rehusarla, pero vemos que acá pasó el auge de las bandas grandes y quedó una vara muy alta. Acá siempre fue más de nicho. En La Trastienda cuando tocamos en abril vimos eso. Sudás la camiseta diferente, estás en un lugar más común con lo que viviste. Te permite no distraerte y decir "soy fulano, con 22 años de carrera atrás". Ahí te están mirando todos y si pifiás se van a dar cuenta. Si tocás para 20 mil personas, cerrás los ojos, mirás al infinito, y la gente está hablando con el de al lado, tomando cerveza, y todo pasa más desapercibido.

Si bien no es un disco conceptual, hay temáticas y aspectos estéticos que se repiten; ¿eso fue casual o planificado?

No había un concepto como pasó con Érase. Acá fueron naciendo por separado y llenando el alambique. No hubo tiempo para desarrollarlo; hay letras que se terminaron a lo último. Lo único conceptual fue el nombre. Cada uno era una partícula volátil que entraba al alambique y destilaba un puñado de canciones. Cada una tiene su mundo con la frescura y la inmediatez de no haber bastardeado las canciones y de no haber tenido tanto tiempo para buscar solos. Solo hay cinco temas con solos. La nube no tiene estribillo. Pulís la simpleza y encontrás algo que se asemeja a los primeros discos de La Vela.

¿La presencia dominante de las guitarras tiene que ver con eso?

La canción pura y cruda, cuando la traés como compositor, tiene la devolución de los músicos, y cuando todo tiene un tinte rockero y hablás de cosas más duras y escabrosas necesita que las guitarras estén al frente. En la primera época estaban los caños adelante; la gente se iba silbando las melodías de los vientos, no la letra. Hoy en día el asunto se puso más oscuro e introspectivo. Tenemos 40 años y cantamos con más madurez. Tu composición tiene una impronta acorde a lo que querés decir. La alegría y la parte festiva de La Vela se fue. No quedó de lado, pero las temáticas son más escabrosas, más realistas, pero tienen un dejo de esperanza. Vemos la luz del otro lado.

¿Sabían lo que sucede con el entrenador de la selección, Óscar Tabárez, que usa frases de la banda para motivar a los jugadores?


Está buenísimo que usen tus frases para motivar. En el futbol si no ganás sos un perdedor, un
frustrado, y no es así. El camino es la recompensa, como dice el Maestro, está bueno llegar ahí,
competir ahí, salir cuarto es impresionante. Me pareció genial, porque el mundo del futbol no
tiene mucho lugar para el rock, para aprender a pensar, es más banal, entonces cuando entra
una letra con un contenido está demás.

Disco a disco

Deskarado

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"Como primer disco no tenía tanta ambición. Queríamos darle color a la movida de ese momento que venía de las bandas de la postdictadura. Musicalmente ejecutado le pongo un 5, como concepto un 10, así que lo dejo en 8".

De bichos y flores

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"Nos puso en el inconsciente popular de la gente, en Los Ángeles a grabar voces, en el carnaval con El Viejo, una canción muy ambiciosa que hasta hoy nos sigue arrastrando público. Es el disco que más tocamos en vivo. Le pongo 8."

A contraluz

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"Tiene tres de las canciones que no se pueden ir de un show: Zafar, Va a escampar y Llenos de magia. Ese disco es un 9 gigante. Están Haciéndose pasar por luz y Doble filo, canciones muy poderosas que hoy seguimos tocando".

El impluso

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"Le pongo 10 por ser un suicidio artístico. Es el disco que nadie esperaba de nosotros. Nos decían que no teníamos nada para pasar en la radio. No queríamos eso. Veníamos de A Contraluz y queríamos deshacer todo eso. Es un 10 mentiroso, pero es un 10".

Piel y hueso

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"Fue un disco mega atípico. No fuimos a un estudio y nos tomamos 5 meses para grabarlo. Nos hizo dar un paso en Argentina. No tenía grandes hits pero sí un concepto, lo neanderthal y lo pasional. Le pongo un 8".

Érase...

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"Tenía miedo de que el concepto quedara solo en el arte pero se logró la separación musical. Tiene canciones de las que voy a estar orgulloso el resto de mi vida. Es un 8, pero está Jaime Roos, que te lo deja en 9. Y también Juan Casanova y Gabriel Peluffo, dos íconos".

Destilar

"No lo puedo calificar porque es nuevo. Los discos devuelven con el paso de los meses, con lo que dice la gente, con un público que lo escucho una, dos y tres veces y lo tocaste en vivo. Las cosas con el tiempo las ves en retrospectiva".



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