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Cinco relatos israelíes que quizás desconozca

Israel cumplió 70 años de vida independiente y su historia no se puede entender sin examinar el rol que tuvo el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética

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19 de mayo de 2018 a las 05:00

Israel es un estado joven, de apenas 70 años, pero con una mochila de historias inagotables. Hay algunos episodios poco conocidos que cuestionan relatos hegemónicos sobre los instigadores del conflicto, las alianzas de oro y los enemigos acérrimos. La investigación histórica demostró que no todo es lo que parece.

1. Mandato problemático

La memoria colectiva tiene presente lo que pasó el 29 de noviembre de 1947 cuando la Organización de Naciones Unidas (ONU) votó la resolución 181 según la cual se resolvió la partición de Palestina (en aquel entonces mandato británico) que implicaba la creación de dos estados: un hogar nacional judío y otro para los árabes palestinos con Jerusalén bajo control internacional.

La decisión que fue adoptada no constituía, sin embargo ninguna novedad. Los propios británicos que en el 47 se abstuvieron habían explorado diez años antes la posibilidad de partir el territorio en dos.

En 1936, el enviado de la corona Lord Peel viajó al territorio para elaborar un informe sobre la situación de la colonia británica y para elevarle recomendaciones a su gobierno. El viaje de Peel buscaba hacer un diagnóstico y ofrecer soluciones sobre los múltiples levantamientos árabes que se habían empezado a suceder ese año y que enfrentaban a árabes y judíos en el mandato británico. La revuelta, previa al establecimiento del estado de Israel, se extendería durante tres años.


Peel vio una situación insostenible allí. Los intereses de árabes y judíos respecto a la constitución de un estado propio entraban en colisión. En las décadas anteriores se había dado un movimiento inmigratorio de judíos europeos hacia Palestina que eran resultado de las promesas incorporadas en la Declaración Balfour (1917) y en la flexibilización de las políticas migratorias de los británicos. Peel creyó que el deterioro de la situación política hacía necesaria la finalización del mandato y la división del territorio. Y eso fue lo que recomendó.

La propuesta jamás se concretó. En 1939 los británicos cedieron ante la presión árabe y aplicaron un conjunto de políticas contrarias a los compromisos que habían asumido años antes. No fue la primera ni sería la última vez que la corona británica asumiría compromisos con partes en conflicto. Entender el origen del conflicto entre israelíes y árabes/palestinos significa conocer los manejos del antiguo imperio británico en esa zona. Encendieron la mecha y se fueron.

2. Presiones internas

En la casa de Golda Meir el teléfono sonó una sola vez en la medianoche del 14 de mayo de 1948. Del otro lado le hablaba David Ben Gurion con un toque de exaltación y alegría. Le anunciaba que el presidente Harry S. Truman había decidido reconocer el nuevo estado judío, pese a la posición contraria del Departamento de Estado. Israel nació con el beneplácito de las dos grandes potencias de la época –Estados Unidos y la Unión Soviética- y, en efecto, no se puede entender el desarrollo histórico del Medio Oriente sin considerar la influencia de los dos poderes en la región.

Pero Truman no la tuvo fácil dentro de su propio gobierno y adoptar la decisión de reconocer la legitimidad de Israel lo llevó a enfrentarse con su secretario de Estado, George Marshall, un héroe de guerra reconocido por el famoso plan de ayuda económica que facilitó la reconstrucción de Europa.

Truman había heredado el cargo luego de la muerte de Franklin Roosevelt que, tras ser reelecto presidente estuvo apenas 82 días en la Casa Blanca. Truman no era un presidente fuerte ni tenía una base de apoyo popular que le permitiera soñar con la reelección. Aprovechando esa situación Marshall –quien temía que el apoyo estadounidense a Israel perjudicara las relaciones con el mundo musulmán- le presionó hasta las últimas circunstancias. Dos días antes de la declaración de la independencia Marshall amenazó a su presidente. Le dijo que votaría contra él en las próximas elecciones si hacía el reconocimiento.

Mientas que algunos historiados afirman que hubo un cálculo electoral en la decisión de Truman y que estuvo muy influenciado por los grupos de presión judíos, otros subrayan que el presidente estadounidense sentía el deber histórico de hacer el reconocimiento. Un año después del episodio, Marshall ya no estaba en el Departamento de Estado.

3. Sin pedir permiso

Aunque la imagen general pone a Estados Unidos y a Israel como aliados con vínculos indestructibles, lo cierto es que no siempre fueron como pan y manteca, sobre todo durante los primeros 20 años de vida de Israel cuando en Washington aún no había un consenso respecto al trato que le darían al nuevo país.

Recién después de 1967, se instalaría la visión de que el estado judío debía ser un aliado de primera linea.


Pero durante esas primeras décadas Israel no contó con el apoyo militar y económico estadounidense –que llegaría recién en 1976-, sino que además ignoró el consejo de Washington en momentos cruciales. Hay varios episodios que así lo demuestran.

Estados Unidos quedó por fuera de la conspiración israelí, francesa y británica para atacar a Egipto ante la decisión de Gamal Abdel Nasser de nacionalizar el Canal de Suez y su decisión de años antes de bloquear el estrecho de Tirán.

Una década después se volvería a tensionar la relación bilateral. Como buen socio minoritario Israel puso bajo consulta estadounidense la posibilidad de hacer un ataque sorpresa a Egipto en los días anteriores a la guerra de junio de 1967, conocida como guerra de los Seis Días. El gobierno israelí tenía información sobre la posibilidad que Egipto –su acérrimo enemigo en esos días- iniciara la ofensiva.

Ante un nuevo cierre del estrecho de Tirán por parte de Nasser -lo cual hacía imposible la navegación israelí en el Golfo de Aqaba- y ante el pedido egipcio de que se retiraran las tropas de paz de Naciones Unidas del Sinaí, el primer ministro Levi Eskol creyó que la guerra sería inevitable. Y por eso envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Abba Eban, a una gira que incluyó París, Londres y Washington a fin de obtener una luz verde -o al menos amarilla- para el caso que Israel iniciara un ataque, lo cual terminó ocurriendo el 5 de junio.

Eban recibió el mismo mensaje de parte de Charles de Gaulle, Harold Wilson y Lyndon Johnson: un llamado a la restricción para que una coalición internacional interviniera de forma pacífica en el asunto. Israel debía evitar las provocaciones egipcias.

"Es una necesidad que Israel nunca se haga responsable a los ojos de Estados Unidos y del mundo por hacer la guerra (...) Israel no estará solo a menos que decida ir solo. No podemos imaginar que tomará esta decisión", le dijo el presidente de Estados Unidos al ministro israelí en la Casa Blanca el 27 de mayo.

Los israelíes no escucharon un "sí" pero tampoco interpretaron un "no" y eso les resultó suficiente. Nueve días después la Fuerza Aérea Israelí ejecutaría uno de los ataque sorpresa más recordados de la historia militar y destruyó prácticamente dos tercios de la fuerza de aire egipcia en los hangares.

En esa guerra la Fuerza Aérea Israelí dejó sin poder de aire a Egipto en apenas pocos minutos. Pero misteriosamente otro estado se vio dañado por las bombas de los aviones israelíes. El USS Liberty, un barco de la Armada estadounidense que estaba en aguas internacionales al norte de la Península del Sinaí, fue atacado por las fuerzas israelíes.

Murieron 34 personas en la embarcación. Si bien los dos países llegaron a la conclusión de que el ataque había sido una equivocación (Israel argumentó que pensó que era una embarcación egipcia), con el correr de los años aparecieron elementos que reavivaron la hipótesis de que fue un ataque deliberado.

Hay quienes han argumentado que ese barco estaba cumpliendo una misión de inteligencia y que los israelíes querían evitar el espionaje estadounidense. El episodio terminó sin consecuencias para el vínculo entre ambos estados pero no dejó de ser un hito curioso en la historia de amistad de ambos países.

Si en 1967, Israel mal interpretó (o desoyó) a su aliado, en 1981 ni siquiera lo consultó. El gobierno de Menachem Begin estaba determinado a mantener su ventaja estratégica sobre sus enemigos en Medio Oriente (lo cual se volvió una política de Estado en Israel). Y por eso planeó un ataque sorpresa al reactor de Osirak en el que Saddam Hussein tenía depositada sus esperanzas nucleares.

Ronald Reagan se despertó un buen día y Osirak estaba ardiendo. Tras ese episodio los dos gobiernos pasaron una etapa de distanciamiento que volvió a tocar un punto bajo durante la primera guerra del Líbano en 1982.

4. El falso informe soviético

Se suele decir que la Guerra de los Seis Días de 1967 cambió a Medio Oriente para siempre. Y ese no es un equívoco: al término del conflicto Israel había cuadruplicado su territorio con la anexión del Sinaí, los altos del Golán y parte de Jerusalén.

Lo que se ignoró durante décadas fue el disparador de esa guerra tan trascendente. Hay causas de fondo y motivos tangenciales que dispararon el conflicto pero lo que se mantuvo en reserva durante años fue el lugar Rusia jugó como instigador.

En el contexto de la Guerra Fría y de una vertiginosa competencia con Estados Unidos, Moscú hizo un movimiento para alterar el balance de poder.

En mayo de 1967 los soviéticos le comunicaron a Egipto que tenían información de inteligencia sobre la concentración de diez brigadas israelíes en la frontera con Siria. El mensaje llegó a través del embajador soviético en El Cairo, quien se lo comunicó de forma directa a Nasser. También llegó a través del vice canciller de ese país, quien se lo dijo a Anwar Sadat, en aquel entonces el segundo del presidente egipcio.

A partir de esa información, Nasser decidió movilizar dos divisiones que cruzaron el Canal de Suez y le comunicó a sus aliados sirios para que estuvieran alertas.

Nasser, además, envió a su jefe de Estado Mayor a Damasco para confirmar la información soviética y coordinar acciones. Pero, para sorpresa de todos, del otro del lado de la frontera no había movimientos ni nada que se pareciera a diez brigadas prontas para la acción.

Los soviéticos habían mal informado de forma deliberada a los egipcios para que la chispa alcanzara el reguero de pólvora. Y así fue: para ese entonces el Medio Oriente se estaba movilizando militarmente sobre la base de una mentira.

5. Ni tan enemigos

La creencia es que los árabes son un bloque monolítico contra Israel. Pero la generación de los nuevos historiadores en Medio Oriente demostró que esa visión puede ser desafiada.

Un episodio que así lo demuestra fue el día que Hussein, el rey de Jordania, bajó en un helicóptero en un refugio del Mossad en la carretera hacia Tel Aviv para tener una reunión secreta con Golda Meir.

Para sorpresa del gobierno israelí, el monarca le contó que Siria y Egipto estaban preparando un ataque.
La ofensiva se concretó el día sagrado de Iom Kipur, en octubre de 1973.

Y aunque el relato popular cuenta que Israel no estaba preparado, en realidad le inteligencia israelí ya tenía en su poder los planes de guerra. Los había conseguido meses antes de la mano de Ashraf Marwan, el yerno de Nasser, quien espiaba para los israelíes.

Fue Marwan que un día se metió en una cabina telefónica en Londres y discó el número de la embajada israelí para ofrecer sus servicios. Además de estar casado con una de las hijas de Nasser, Marwan formaba parte del séquito del presidente. Era un hombre de confianza y tenía acceso directo a la cocina del poder en Egipto.

Durante años cultivó el vínculo con unos pocos oficiales de inteligencia israelíes. En el gobierno de Golda Meir pocos sabían de la existencia de una fuente de información hiper calificada a quienes llamaban "El Ángel".

Marwan le vendió a Israel los secretos más preciados del gobierno egipcio e incluso avisó lo que se venía pocas horas antes del inicio de la guerra de octubre de 1973. En esos días las diferencias entre la inteligencia militar y el Mossad eran grandes y aunque Israel tuvo todas las señales para reaccionar a tiempo, el fuego enemigo lo tomó por sorpresa.

Ese enfrentamiento también culminó con una victoria para Israel aunque, curiosamente, la sensación en Egipto fue que la gloria estaba de su lado. Pocos años después Sadat y Begin negociaban bajo los auspicios de Jimmy Carter en Camp David luego de la histórica visita del presidente egipcio a Jerusalén. No debe haber existido un momento de tanta satisfacción en 70 años como ese día que la palabra paz se volvió una posibilidad concreta.

Después de todo ni siquiera eran tan enemigos.

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