Hay quienes dicen que los montevideanos son unos ingratos, porque caminan mirando para abajo cuando lo interesante de la ciudad está arriba, en sus edificios. Además de observar hacia arriba otra forma de apreciar la ciudad es mirando hacia atrás, hacia el pasado. Esto hizo Alejandro Giménez Rodríguez, profesor de historia y asesor del Ministerio de Turismo y Deporte, al reeditar su libro Breve historia de Montevideo, donde realiza un repaso de algunos hechos fundamentales de la capital uruguaya.
Este libro se había publicado originalmente en 2003, cuando casualmente se cumplían los 500 años de la llegada de la expedición del navegante italiano Américo Vespucio, o sea los primeros ojos europeos que apreciaban la bahía de lo que luego se denominaría como Montevideo.
“La idea la habíamos conversado entonces con el editor, Roberto Cataldo, y ahora surge la posibilidad de esta reedición con motivo de que Montevideo es de nuevo Capital Iberoamericana de la Cultura”, dijo Giménez en diálogo con El Observador.
Además, el historiador encontró que, a pesar de muchos estudios e investigaciones sobre la historia del país, no existen demasiados volúmenes dedicados de forma exclusiva a la ciudad de Montevideo. “De alguna manera, este libro pretende llenar un vacío en la materia, agrupando información de diversas fuentes anteriores y reuniéndolas en este libro”, dijo Giménez.
Cuatro grandes etapas
El libro se divide a grandes rasgos en cuatro capítulos. El primero se refiere a lo que Giménez Rodríguez llama la “prehistoria” de la ciudad y luego al proceso fundacional que determinó la ubicación de Montevideo.
Se habla de las polémicas discusiones sobre la etimología y el origen del nombre, una materia que hasta hoy genera interpretaciones diversas en el ámbito académico. La fundación por parte de Bruno de Zabala le dio al puerto una impronta militar, donde lo que predominó fue la piedra.
El segundo capítulo toma el siglo XIX como una etapa de crecimiento y expansión, con una ciudad objeto de los urbanistas y con predominio en su estructura de los empresarios como Emilio Reus y Francisco Piria.
El tercer capítulo se centra en el siglo XX y la superposición de estilos, con destaques especiales de creadores urbanos uruguayos, como Julio Vilamajó y Eladio Dieste. El último tramo del libro avanza sobre el presente de la ciudad, “que intenta modernizarse mientras soluciona asuntos públicos como el transporte, la limpieza y la calidad de vida”, dijo el autor, quien destacó que la vida de una ciudad no está solo expresada en el aspecto edilicio, sino en sus habitantes.
“Me gusta decir que este libro presenta una visión rápida desde Américo Vespucio hasta el Mercado Agrícola”, resumió Giménez, quien destacó el espíritu tranquilo de la ciudad, porque mantiene una escala humana que otras urbes han perdido