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Cine vs series: ¿quién gana en la pelea por el espectador?

La fragmentación de "El irlandés", la última película de Martin Scorsese, en una serie de cuatro capítulos encendió la disputa sobre cuál es el formato que domina hoy 

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07 de diciembre de 2019 a las 05:03

Llegó la televisión y el cine aguantó. El VHS apareció, alcanzó su auge, multiplicó los videoclubs y se murió, pero el séptimo arte siguió firme. Vino el DVD con sus avances y chiches y materiales extras, pero no hubo con qué darle a la pantalla grande. Y con el Blu-ray, ya mucho más próximo en el tiempo, casi que no tuvo que esforzarse: ni siquiera le hizo cosquillas y lo descartó de plano. Directo a las estanterías de algunos pocos coleccionistas. Pero algo pasó después, cuando llegó el streaming. La forma de consumir contenidos cambió radicalmente y el cine lo sintió. No es, los números lo dicen, un tema de entradas. Hay películas enormes que compiten por cuál recauda más millones de dólares y eventos –la última de Pedro Almodóvar, la última de Quentin Tarantino– que siguen congregando a muchísimo público fiel a las salas. No, eso no es. Pero hay un cambio, algo se modificó en la matriz del consumo audiovisual. Hoy el formato serie se adueñó de las preferencias del espectador hogareño. Las conversaciones en los trabajos son siempre sobre series, los podcast más populares giran en torno a ellas –y hasta hay series con podcast oficiales– y cuando aparece una verdaderamente gigante, una del tamaño de Game of Thrones, su narrativa se cuela en cada sobremesa, cada charla de ascensor, cada rincón perdido de la interacción humana. El cine sobrevive, goza de buena salud, sí, pero en un mundo híper serializado. 

Hace algunas semanas en Twitter hubo un pequeño revuelo. Más que pequeño, fue minúsculo, porque esa red social y sus usuarios representan una porción ínfima del universo real. Pero el caso es que el encontronazo existió y hubo gente que se indignó. ¿Qué fue lo que pasó? A un sueco de nombre Alexander Dunerfors Kardelo se le ocurrió dividir El irlandés –la película de Martin Scorsese que financió, impulsó e hizo realidad Netflix– en cuatro episodios. Dicho de manera simple: convirtió una obra pensada y filmada para verla de forma unitaria en el cine, en una mini serie de televisión.

Su excusa fue la siguiente: “Fabriqué una guía para todos aquellos que piensan que El irlandés es demasiado larga para una sola noche. ¡De nada!”. A continuación, especificó los minutos en los que había que cortar la película y hasta le puso nombres a los capítulos. Mucha gente se lo tomó bien y otros tantos quisieron, por utilizar jerga acorde a la película, mandarlo a dormir con los peces.

No es la primera vez que sucede algo así y de hecho ya ha pasado con otras obras previas a la irrupción del streaming –Fanny y Alexander de Ingmar Bergman, por ejemplo, que fue concebida como una película para la tv en cuatro partes– pero acá el tema fue distinto. Con el imperio del audiovisual on demand cada vez más preponderante y con la amenaza que, para muchos, este representa, el corte se sintió como un ataque directo. Más cuando Scorsese se ha encargado de dejar en claro cómo le gustaría a él que vieran su obra.

Ante casos como este, en el horizonte parecería vislumbrarse una especie de “grieta” en el consumo. Más asociada al mundo sociopolítico, hoy podríamos decir que esta palabra en el contexto audiovisual divide a dos bandos bien diferenciales: por un lado, los que reniegan de ver series y prefieren abocar su tiempo al cine, y por el otro aquellos que rechazan una película de tres horas pero se zambullen en maratones de cinco o seis episodios de una hora. ¿Esto es tan así? ¿Ambos formatos están chocando en una especie de guerra por los consumidores? Y, sobre todo, ¿el cine se va a volver a imponer? 

Idas y vueltas

Hay preguntas. Las anteriores son algunas. Y esta es otra. ¿El streaming se está llevando el público del cine? Para Christian Font, periodista, crítico y cinéfilo empedernido, está claro que no. 

“No creo que haya ocurrido un corrimiento del público, porque de hecho a nivel mundial la venta de entradas de cine sigue aumentando año a año. Creo que el espectáculo colectivo y a gran escala sigue teniendo algo que el confort doméstico no tiene, y en ese sentido hay grandes eventos que están hechos para el cine. Hasta no hace mucho tiempo solía decirse que aquellas películas de cine eran las que visualmente podían sorprender, y no es necesariamente así. Creo que El irlandés es el caso de una película que, por supuesto, se sostiene muy bien en streaming porque su materia prima es muy noble, pero tiene un impacto mucho mayor en cine porque está pensada y filmada para eso”, dice Font, que luego concede que sí, que la masificación de las series en algún punto ha cambiado la forma de consumo y el nivel de atención de los usuarios. 

“La superproducción de series sí puede haber afectado los hábitos de los espectadores, la forma de consumo de personas que no pueden poner todos sus sentidos en juego en una misma obra por más de 45 o 50 minutos. Eso sucede, pero entiendo que no es una grieta. En mi caso, casi no veo series porque mi tiempo libre y ocio recreativo es escaso y hay tanto buen cine para ver y descubrir que no me seduce la posibilidad de bajar temporadas en un fin de semana. Prefiero ver las cinco o seis películas de Hitchcock que me faltan, que verme las cuatro temporadas de la serie de la que todo el mundo habla. Pero es un tema de ecuación tiempo/beneficio. Privilegio la experiencia y la narrativa del cine, me deja más completo”, asegura.

Todo esto, como se dijo, surge por El irlandés, y por El irlandés también hubo otra gran conversación que, para algunos, no tuvo sentido alguno: su duración. “Se habló mucho de eso y se trata de una excelente película. Tres horas y media es una duración adecuada. Hay películas insufribles que a los 45 minutos cuesta seguir viéndolas. Al final terminamos siempre hablando de buenas o malas películas. Y por eso, a nivel personal, siento que lo que me da el cine no me lo va a dar ninguna serie por excelente que sea, porque de hecho las hay y hay realizadores de cine trabajando en ellas”, dice Font. 

La de Scorsese no es la única película que Netflix estrenó o estrenará en estas semanas de fin de año. Este viernes llegó a la plataforma Marriage Story, la última obra del director Noah Baumbach, una de las caras más representativas del indie estadounidense, y en el correr de diciembre se estrenará Los dos papas, la película del director brasileño Fernando Meirelles que cuenta con la fotografía del uruguayo César Charlone.  

El director de El baño del papa es un férreo defensor de las series y de Netflix, compañía para la que ya trabajó anteriormente en la serie 3%, y en entrevistas varias –una de ellas, en estas mismas páginas– ha dejado claro que para él, el mundo de las series por streaming ha llegado para quedarse y para convivir con el cine. “Hay que entenderlo y adaptarse. Hoy la forma en la que se consume hace que repensemos la manera de contar las historias. Ya no importa tanto el ruido de unos pasos en la arena, importa el hecho. La sutileza ya no va tanto”, había dicho en aquel momento. 

Hoy, primera semana de diciembre y a días de que se estrene Los dos papas en Cinemateca, Charlone responde casi lo mismo, pero ahora desde algún set en el estado de Goiás en Brasil, en donde está filmando. “Creo que se ha corrido el público y también los profesionales. Las series tienen ahora excelentes escritores que vienen del cine o del teatro. Tengo a la mayoría de mis colegas cineastas en Brasil trabajando en series, y antes estaban trabajando en cine. Y hay también una nueva generación que apunta hacia allí: el hijo de Fernando Meirelles nunca había dirigido un largometraje y dirigió hace poco una serie para HBO que se llamó Pico de neblina, que es excelente. Así que sí, creo que hay un corrimiento general del público, de la mano de obra, de la narrativa”, dice.

Es curioso, porque Charlone tiene en su legajo algunas de las películas más importantes del cine latinoamericano reciente. Y, sin embargo hoy se podría decir que es un hombre de series, que las consume y que dedica su trabajo a ellas mientras alterna con el cine que lo vio nacer como artista. Él asegura que en el fondo es lo mismo: está, a fin de cuentas, contando historias. Y de eso se trata y se trató siempre.

“Yo encaro una miniserie como si fuera una película larga de ocho horas. Ahora estoy haciendo una serie de cuatro episodios, pero los trabajo como una obra de cuatro horas que quizás la gente lo vea en episodios o no. Porque también sucede que nos siempre ves las cosas en la duración del episodio; de repente ves dos episodios y medio y lo seguís al otro día. O sea, todo esto vino para ayudar. Está bárbaro, no estamos perdiendo nada. Seguimos haciendo buen cine y con variedad. Quizás antes dividías una película en tres actos. Hoy dividís una serie en cuatro episodios. En el fondo, estás contando una historia” explica. 

Pero Charlone lo sabe y lo dice: él sigue amando al séptimo arte y al acto de ir a verlo. En ese punto, aunque los argumentos difieren, Font y él encuentran puntos de contacto: series o películas, streaming o pantalla grande, los eventos cinematográficos siguen convocando, vendiendo entradas, llamando a un momento de comunión colectiva impulsada por el arte y la necesidad de consumir historias, vengan en el formato que vengan. 

“Está probado que el streaming no ha ido en detrimento de la venta de entradas, la gente no dejó de ir al cine por el advenimiento de las plataformas. Al contrario, creo que muchas veces sucede que hay muchísimas plataformas y ofertas que la gente no sabe qué ver. Y cuando aparece algo muy contundente o muy concreto, como Dolor y Gloria, Había una vez en Hollywood o una película avalada por festivales o premios, creo que ahí vuelve operar el sentido colectivo, el formar parte y verla con una audiencia en el momento de su estreno, no a esperarla en plataformas”, dice Font.

Y Charlone, un poco en broma un poco en serio, cierra una de sus alocuciones con una recomendación que termina por impulsar el argumento anterior y que lo conecta con lo mismo que dijo Scorsese sobre El irlandés. Y lo que dice es que a Los dos papas recomienda verla en el cine. Que aprovechemos que, acá, podemos.

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