"¿Claudia, disculpá, no nos conocemos pero nos podemos sacar una foto?". La que pregunta es una mujer de unos 50 años. Su actitud mezcla el esfuerzo por parecer relajada y el fanatismo de una adolescente. Con torpeza, la mujer saca el teléfono del bolsillo mientras que se acerca y toma con su brazo la cintura de la diva uruguaya. Claudia Fernández –musculosa blanca, enfundada en una pollera de cuero negra, cara lavada, pelo húmedo, preocupada por un herpes en el pómulo– sonríe y acepta. Es la tercera vez que alguien la detiene desde que se bajó del auto en el estacionamiento del Enjoy, en Punta del Este.
Claudia Fernández: "En Instagram no construyo nada. Soy como soy"
El regreso a escena como vedete, la televisión, su imagen y las redes sociales




