El politólogo Antonio Cardarello dijo este jueves a El Observador que la renuncia del senador Jorge Larrañaga al Directorio del Partido Nacional obedece a la necesidad de sentir mayor libertad para poder actuar políticamente de acuerdo con su convicción del rumbo a seguir.
Esa estrategia y ese rumbo tienen dos referencias históricas, según se desprende del análisis realizado por Cardarello. Una de ellas es la estrategia de Luis Alberto de Herrera, de desmarcarse del Directorio para poder actuar en forma más independiente, y la otra es la de Wilson Ferreira Aldunate, en cuanto al ideal de gobernabilidad propulsado tras la salida de la dictadura y en la que pretendió retornar a “una vieja tradición” nacionalista de coparticipación en el poder.
“La renuncia de Larrañaga tiene que ver con la estrategia y el tipo de oposición que pretende llevar adelante desde el Partido Nacional, apuntando al diálogo y a la búsqueda de acuerdos en los temas importantes”, dijo Cardarello.
En este sentido, el politólogo se remontó al año 1984 y a la “línea fundada por Wilson Ferreira, acerca de que el Partido Nacional tiene que dar gobernabilidad, idea que surgió tras la crisis de falta de entendimiento entre los políticos, que desembocó en el golpe de Estado de 1973”.
Larrañaga, líder de la minoría nacionalista Alianza Nacional, marcó desde el inicio del presente gobierno una línea de permanente diálogo con el presidente de la República, José Mujica, aduciendo la necesidad de entendimiento y de evitar las confrontaciones para llegar a acuerdos nacionales en los temas centrales del país. Ejemplos de ello son el impulso por hallar un camino consensuado en seguridad y educación. Basta recordar las reuniones de ambos en la chacra del presidente. El último encuentro fue la semana pasada. En ambos casos las reuniones generaron polémica en la interna del Partido Nacional.
En lo que respecta a esa idea de diálogo, Cardarello no duda en decir que “Larrañaga siempre se ha presentado como el heredero de Wilson, aludiendo a que el acuerdo es mejor que la confrontación y que no hay que interponer los intereses partidarios a los del país”.
En cambio, según el politólogo, la mayoría blanca conformada por Unidad Nacional (UNA) tiene una línea más de confrontación, “más cerca de lo que es la línea del Partido Colorado”.
“La UNA piensa que desmarcarse del gobierno es presentarse como lo diferente y que es lo que le va a dar mayor rédito electoral; es decir, mostrar que el gobierno es una cosa, y la UNA otra. En cambio, la postura de Larrañaga es la de mostrar que su sector no es una oposición total simplemente por el hecho de no ser gobierno. Trata de mostrarse como una fuerza más madura diciendo: ‘lo que el gobierno hace bien, nosotros somos capaces de reconocerlo y de buscar soluciones en temas importantes como, por ejemplo, la seguridad o la reforma educativa’”, añadió Cardarello.
Justamente, esa postura de Larrañaga es la que “necesitaba la renuncia al directorio para tener las manos libres como para seguir la estrategia de relacionamiento” con el gobierno. En ese sentido, Cardarello agregó que “al estar en el directorio, la mayoría es la que tiene la voz cantante y la que define la estrategia”.
Esta táctica política puede tener un paralelismo con la aplicada por Herrera y hasta por Aparicio Saravia, según Cardarello.
“Esto no es nuevo en el Partido Nacional. Muchas veces Herrera lo ha hecho, ya que no siempre fue el presidente del Directorio. Muchas veces ponía a uno de sus seguidores más leales y él actuaba desde afuera porque le convenía de esa manera. Esto está dentro de lo que es el juego de la política. Yendo más para atrás, Aparicio Saravia tampoco integraba el Directorio del Partido Nacional. Dejaba que el órgano se contaminara negociando, por ejemplo, cuando la primera elección de José Batlle y Ordóñez, y él daba su opinión desde afuera. Si las cosas salían mal para el Partido Nacional la culpa terminaba siendo del Directorio y no de Saravia. Si bien las decisiones las tomaba el Directorio, siempre iba algún emisario, incluso del gobierno Colorado, a reunirse con Saravia”, explicó el politólogo.
De esta manera, queda claro que lo de “tener un caudillo o un líder que no forme parte del Directorio se ha visto varias veces en el Partido Nacional”.
Puja interna
La estrategia política no solo es de puertas hacia afuera del partido, sino que en la interna también se juegan distintas cartas.
“Al interior del Partido Nacional, la UNA tiene estrategia similar a la del Partido Colorado y quiere mostrar que la victoria nacionalista va por ese lado. En cambio, Alianza Nacional entiende que el partido tiene que mostrar algo diferente de los colorados, entonces exhibe a Larrañaga como capaz de dialogar con todos y no oponiéndose a cada cosa que hace el gobierno, como lo hace la mayoría del Partido Colorado”, subrayó Cardarello.
La de Larrañaga es la segunda renuncia de un líder nacionalista luego de las pasadas elecciones nacionales (noviembre de 2009). El primer caso fue en junio de 2009 cuando Luis Alberto Lacalle dejó su cargo de presidente del Directorio y fue sucedido por el actual titular, Luis Alberto Heber. El reemplazo de Larrañaga será el actual intendentte de Río Negro, Omar Lafluf.