A fines de mayo, cuando Luis Lacalle Pou retornó a Montevideo, en el gobierno se mostraban satisfechos porque habían logrado introducir modificaciones claves a la primera declaración del Consenso de Brasilia, una iniciativa de Lula, apadrinada por José Mujica, cuyo objetivo es ser “la voz” de América del Sur a nivel mundial.
La complacencia obedecía a que el documento final no hablaba de un “mundo multipolar” ni hacía menciones a un relanzamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) aunque anunciaba la creación de un grupo de contacto que iba a elaborar la “hoja de ruta”.
Inicialmente, ese grupo iba a funcionar con delegados de los presidentes, pero Uruguay logró cambiarlo y que fuera a nivel de cancilleres. Además, quitó un plazo para confeccionarlo que coincidía con la fecha de las elecciones en Argentina, aunque el grupo igual terminó acordando el “mapa de camino” –el nombre que le dieron– antes de esos comicios.
El documento, al que accedió El Observador, consta de 10 puntos y fue adoptado el 5 de octubre en una reunión de “altos representantes” realizada en Brasil que significó el tercer encuentro de integrantes del grupo. El segundo fue protagonizado por los cancilleres en setiembre en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, dijeron desde la Cancillería uruguaya.
El “mapa” establece que los presidentes de los doce países se reunirán “al menos” una vez al año y que se buscará que esos encuentros sean “informales estilo retiro” ya que tendrán el objetivo de fomentar “interacciones abiertas y francas” sobre “temas clave para la región y desafíos comunes”.
Esas reuniones tendrán el fin de establecer “prioridades y lineamientos para profundizar el proceso de integración y cooperación regional”.
La línea de trabajo será continuada por los cancilleres, quienes se reunirán dos veces al año de manera regular aunque podrán hacerlo “las veces adicionales que consideren necesarias para evaluar los avances de la integración y cooperación regional y el estado de implementación del acuerdo”.
A su vez, los países deberán designar coordinadores nacionales que actuarán como “puntos focales” y tendrán reuniones periódicas que podrán ser virtuales.
El documento también establece que la presidencia será rotativa cada seis meses y que todas las declaraciones o decisiones se deberán “tomar por consenso”.
AFP
Presidentes se reunieron en Brasilia en mayo
Considerando los “desafíos” que enfrenta la región, los países acordaron diecisiete temas que serán “foco de atención inicial”. Entre ellos, se encuentra la lucha contra el crimen organizado transnacional, el comercio y las inversiones, la cooperación transfronteriza, conectividad digital, cambio climático y seguridad alimentaria.
“Se acordó priorizar iniciativas concretas con impacto positivo en las condiciones de vida de las poblaciones y que no dupliquen esfuerzos realizados en otros mecanismos institucionales o regiones en los que participen los Estados, para contribuir activamente al seguimiento y consolidación de las iniciativas antes mencionadas”, dice el cuarto punto de la declaración.
El octavo punto, en tanto, agrega que “se propone un mecanismo ágil y flexible, que no implica la creación de nuevas estructuras institucionales rígidas u órganos permanentes”.
De acuerdo con el calendario, la intención es que los cancilleres y ministros de Defensa viajen a Brasilia a fines de noviembre para tener reuniones. Antes, habrá un encuentro virtual de altos funcionarios para abordar el “financiamiento para el desarrollo” y un seminario técnico sobre la “nueva agenda de infraestructura”.
Los cambios exigidos por Lacalle Pou
Tal como ocurrió en mayo, Uruguay volvió a incidir en el contenido del acuerdo, ya que exigió y consiguió modificar varios puntos del “mapa de camino”.
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Lacalle Pou exigió cambios al "mapa de camino"
Fuentes de la Cancillería dijeron que las huellas de las gestiones se observan en el punto que habla de “evitar duplicidades con otros esquemas de integración” y en el señalamiento de que no se creará una “nueva institucionalidad”.
También en el pedido de aprovechar convocatorias de otros esquemas para reunir a los técnicos, en la adopción de la regla del consenso para la toma de decisiones, en que se trabaje con “mecanismos ágiles y flexibles” y en la inclusión de los temas de “comercio e inversiones” dentro de la identificación de asuntos que merecen ser abordados.
La posición de Mujica
Aunque no ocupa ningún cargo, la iniciativa de Lula viene siendo apadrinada por Mujica, incluso desde antes que el brasileño la oficializara.
A mitades de mayo, el expresidente le envió una carta al líder del PT con algunos planteos, los cuales profundizó la semana pasada en un almuerzo con empresarios que tenía como objetivo apuntalar la precandidatura de Yamandú Orsi.
Tal como informó El País, Mujica habló sobre la necesidad de generar una “gobernanza” más allá de los estados a nivel de América del Sur y aseguró que junto a Lula quieren desarrollar una “unión” en el continente “más allá de izquierda y derecha” para generar un “marco propio”.
Además de la "unión", Mujica también impulsa la creación de otros objetos simbólicos como un nombre, un himno y una bandera, algo que –de hecho– le mencionó a Lula cuando el brasileño vino a Montevideo en enero para reunirse con Lacalle Pou.