El Festival de Cine de Cannes terminó el 24 de mayo, hace casi tres semanas. Directores de renombre presentaron sus películas, las estrellas de fama mundial desfilaron por la alfombra roja y el cineasta francés Jacques Audiar ganó la Palma de Oro por su película Dheepan.
Más allá de la efímera polémica que se quiso suscitar frente a la prohibición de las selfies y los tacos altos, una discusión posterior al cierre del certamen merece más atención. La tendencia de los críticos de cine a publicar sus primeras impresiones de las películas exhibidas en redes sociales como Twitter provocó el enojo de los organizadores Thierry Frémaux y Pierre Lescure. En una entrevista, los franceses se mostraron sorprendidos con la tendencia de "publicar lo primero que les pase por la cabeza".
Esto, según sus palabras, creó una carrera contrarreloj entre los críticos y "neocríticos amateur" por generar más clics y atención en internet. Aunque la adopción de las herramientas digitales ha ayudado a los profesionales de la comunicación a lograr una mayor exposición, Thierry y Lescure tienen razón.
Se necesita más de 140 caracteres para expresar una reflexión desarrollada y el hambre por ser el primero en la carrera maldita que ellos mencionan ha perjudicado a géneros de escritura periodística como la crítica que necesitan, sobretodo, de un poco de ponderación.