28 de enero de 2015 17:55 hs

Cristina Fernández de Kirchner lo hizo de nuevo: retomó el protagonismo político y transmitió a su sector la sensación de liderazgo, mediante un anuncio de alto impacto destinado a superar la crisis generada tras la muerte del fiscal Alberto Nisman.

Con esa estrategia que es la marca registrada de su gobierno, transformó una crisis generada por errores propios en una conspiración que la tiene a ella como víctima principal y subió la apuesta con una medida política a la que se le realizó el “packaging” de reforma estructural.

Por lo pronto, el mensaje parece haber dado resultados: ahora el debate se ha corrido de la muerte de Nisman hacia la conveniencia o no de crear una nueva Agencia Federal de Inteligencia.

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Por otra parte, se dio satisfacción a las demandas –tanto de opositores como de kirchneristas– porque se volviera a escuchar la palabra presidencial. Y, salvo las expresiones de crítica en redes sociales y en los programas políticos, el discurso no generó una reacción en forma de marchas de repudio ni cacerolazos.

Hasta los opositores y críticos acérrimos reconocieron su habilidad para manejar la comunicación.

“La presidenta, con su reconocida habilidad para el discurso, corre el eje de la discusión. Pero acá el centro sigue siendo el hecho gravísimo de la denuncia y de la muerte del fiscal”, apuntó Julio Cobos luego del mensaje en cadena.

“Debe aceptarse que es osada. Estaba en un arco por el asesinato de Nisman y contraataca con la disolución de su Secretaría de Inteligencia”, señaló, por su parte, el influyente analista Jorge Asís. Y agregó que, con esta jugada, Fernández gana tiempo para retomar oxígeno político: “Retoma la iniciativa que inexplicablemente nadie le disputa”.

Mientras tanto, los voceros del kirchnerismo “puro” reaccionaron con cierto alivio ante la constatación de que, una vez superado el golpe inicial, la presidenta volvía a ser la de siempre.

“En las encrucijadas históricas, Cristina Fernández avanza construyendo lo nuevo, desplazando lo viejo. Disuelve la SIDE. Nadie se animó antes”, escribía en su cuenta de Twitter el diputado Fernando Navarro.

Medida oportunista

“Problema de contexto” es la expresión de moda en la política argentina. El término se popularizó cuando, tras el atentado a Charlie Hebdo, una decana de la universidad de La Plata, Florencia Saintout, generó revuelo al afirmar que “los crímenes nunca tienen justificación, pero sí tienen contexto”. Luego, el gobierno francés anunció que había suspendido una reunión presidencial franco-argentina “por problemas de contexto general”.

Y tras el discurso televisado de Fernández, el tema del contexto volvió al tapete, porque la sensación generalizada es que su propuesta para disolver el servicio de Inteligencia no es mala en sí, pero “el contexto” le resta credibilidad y lo hace ver como una medida oportunista

La propia presidenta definió la manera en que percibe la profunda crisis política en que está sumido el país tras la muerte del fiscal Nisman. La calificó de “una magnífica oportunidad” para realizar cambios estructurales.

Y realizó una comparación extraña entre la disolución de la SIDE y otros hitos de su gobierno, como la estatización del sistema jubilatorio.

En definitiva, esa ha sido la gran habilidad de Cristina: ante una crisis generada por las políticas del propio gobierno, culpa a terceros, se ubica en el lugar de víctima y propone una corrección con tono de gesta épica.

Así, la crisis petrolera generada por la mala política energética dio lugar a la expropiación de YPF, que fue aprobada por un contundente 85% de la opinión pública.

De la misma manera, durante la gestión kirchnerista el sistema ferroviario se transformó en una trampa mortal, además de haber generado la sospecha de corrupción en el manejo de los subsidios. Y ahora el gobierno se jacta de la “recuperación” de la gestión y de la modernización de los vagones.

Y, siempre en la misma tónica, el oscuro y costoso sistema de Inteligencia del Estado que fue financiado, consentido y utilizado durante más de una década se transforma, de pronto, en un problema que la presidenta viene a solucionar.

La fórmula sigue vigente, pero ya no da los mismos resultados. La conmoción por la muerte de Nisman es un hecho que parece haber cruzado una línea sin retorno.

Dudosa credibilidad

En definitiva, está en tela de juicio la credibilidad. Porque en otro momento, la iniciativa de disolver la SIDE habría generado una masiva aceptación, pero en este contexto es percibido como una medida oportunista.

“Doce años de gobierno y ahora pide reformar la SIDE. Tragicómico”, afirma la diputada Laura Alonso, una de las personas cercanas al fallecido Nisman.

El analista Asís argumenta: “Disolver la SIDE hubiera sido una idea interesante en 2003. O en 2007. Culpar en 2015 a Jaime hasta de la etapa lazarista es gracioso”.

Por su parte, la diputada Patricia Bullrich criticó con dureza: “Se viene una SIDE propia. Una SIDE de La Cámpora. El tema tiene que seguir siendo Nisman y los atentados”.

Casi todas las argumentaciones de los opositores están en esa tónica y hunden el dedo en la llaga de las contradicciones exhibidas durante el mensaje presidencial. Entre las más importantes, destacan: Primero, que la procuradora Alejandra Gils Carbó se transformará en la autoridad para decidir, libre de todo control del Poder Judicial, a quién se le puede pinchar los teléfonos.

Segundo, que la cruzada depuradora de “los servicios” no alcanza a la Inteligencia militar que sigue bajo la órbita del general César Milani.

Por último, no queda claro si la nueva Agencia Federal de Inteligencia funcionará con fondos reservados en un régimen similar a la SIDE. Tampoco hay garantías de que no vaya a funcionar como un brazo político del Poder Ejecutivo.

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