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Cristina Peri Rossi

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Cristina Peri Rossi, la insumisa que se ganó un Cervantes

La obra de la escritora uruguaya ha resurgido en los últimos años, en los que se revisitó una obra diversa, adelantada en el tratamiento de algunos temas, y que refleja el carácter de su autora

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23 de abril de 2022 a las 05:04

Un barco que venía de Génova trajo a los bisabuelos maternos de Cristina Peri Rossi a Uruguay. Un carguero que tenía al puerto italiano como destino final se llevó a la escritora a Europa, en el comienzo de un exilio político devenido luego en una permanencia voluntaria. La escritora vive desde 1972 fuera de su tierra natal, un evento que ha atravesado temáticamente su obra, al igual que el amor, y su cualidad –como ella misma se define en el título de su autobiografía– de ser insumisa, una faceta de su carácter que se plasma en una honestidad y una irreverencia presente en sus libros, ya sea en sus poemas, sus ensayos, sus cuentos o sus novelas, todos géneros que ha visitado una y otra vez.

A todas esas facetas literarias de Cristina Peri Rossi se le otorgó en noviembre del 2021 el premio Miguel de Cervantes, el galardón máximo de las letras en español, y que recibió este viernes a través de la actriz argentina Cecilia Roth, quien la representó en la ceremonia oficial en la ciudad española de Alcalá de Henares, en la que la escritora no pudo estar presente por cuestiones de salud.

El premio, que le fue adjudicado por el jurado días antes de cumplir 80 años, se le entregó para “reconocer en ella la trayectoria de una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo y la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en una pluralidad de géneros”, según dice el acta del jurado encargado de votar el Cervantes. “La literatura de Cristina Peri Rossi es un ejercicio constante de exploración y crítica, sin rehuir el valor de la palabra como expresión de un compromiso con temas claves de la conversación contemporánea como la condición de la mujer y la sexualidad. Asimismo, su obra, puente entre Iberoamérica y España, ha de quedar como recordatorio perpetuo del exilio y las tragedias políticas del siglo XX”.

Con eso, Peri Rossi se convirtió en la sexta mujer en ganar el Cervantes. Un premio que en cuatro años ganaron dos uruguayas, ya que en 2018 le fue otorgado a la poeta Ida Vitale. El otro triunfo para las letras orientales en la historia del premio fue el de Juan Carlos Onetti, en 1980.

Peri Rossi en 2016, en Barcelona

El premio marca un reconocimiento para una autora que tuvo desde sus inicios en la década de 1960 una presencia permanente en el ámbito literario nacional, pero que hasta hace algunos años estaba relativamente oculta y en el último lustro vivió un redescubrimiento. La llegada a sus textos de nuevas generaciones hizo que más lectores y lectoras encontraran en sus trabajos la presencia de temas que hoy se discuten a nivel social, como el rol de la mujer, las críticas a la sociedad patriarcal o el estigma cargado por las personas homosexuales, y que en su obra estuvieron presentes con precocidad dentro de la literatura uruguaya, y que siguieron acompañando su trabajo toda su vida, al punto que estuvieron presentes en el discurso de aceptación del Cervantes.

 “No se nace mujer, se llega a serlo”

Cristian Peri Rossi recibió este viernes el premio Cervantes

Desde su infancia, Peri Rossi tuvo claro que los libros serían una pieza clave de su vida. Que como escribiría años después, exilios y mudanzas mediante, su hogar sería la escritura. Su identidad se forjó entre el fondo de su casa y la residencia de sus tíos abuelos en Casupá. Correr por el campo, trepar árboles e inventar expediciones eran algunos de sus pasatiempos predilectos, a veces para horror de su familia, que esperaba comportamientos más adecuados para lo que se esperaba de una niña en ese momento.

Pero la futura escritora ya mostraba desde su niñez que no quería quedarse en ningún molde. La lectura de La insumisa muestra a una niña y a una adolescente que no tiene demasiados tapujos en cuestionar el funcionamiento del mundo, los diferentes estándares para evaluar y juzgar a las personas según su sexo, su orientación, su clase social o su lugar de residencia. También muestra a una persona inquieta, con alma de justiciera, que no duda en plantarse ante su padre para defender a su madre de la violencia doméstica. Alguien que luego criticaría en prensa la guerra de Vietnam, o que establecería un comité de apoyo a los exiliados políticos en España.

Esa cuestión estaría también en su obra, al igual que un entendimiento de la literatura como juego. Aunque ya no lo hace, Peri Rossi dedicó varias horas de su vida al Candy Crush, o a su Playstation. Intrigada por lo lúdico, pasó incluso largos períodos adentro de casinos, atraída también por la cuestión social del juego. Derivado de esa percepción, el humor y la ironía tampoco faltan en sus textos.

Aparte de los libros, en su infancia se desarrolló su vínculo cercano con el cine y la música. Lo que el viento se llevó disparó el primero: era habitual su presencia en las funciones continuadas del cine Ocean en el barrio Reducto, y con el tiempo terminaría asentando sus gustos en el cine europeo de las décadas de 1960 y 1970, el drama, o incluso la ciencia ficción. Uno de sus libros de poesía lleva por título Las replicantes, como los androides de Blade Runner, y ha llegado a dedicar poemas a personajes como el Doctor House.

La escritora en 1997

“Durante muchos años hice el amor con el aria de Amor, locura y muerte de Tristán e Isolda cantada por Kirsten Flagstad”, escribió Peri Rossi, apasionada de la música clásica y la ópera, de algunos tangos y de la cantante italiana Mina, a quien veía ocasionalmente en transmisiones que llegaban de la RAI. “Mina era entonces la revolución: se depilaba las cejas, fumaba puros, le gustaba el Che Guevara y el vino tinto antes que el whisky. Y a veces se reía de los poetas”, diría sobre ella la autora.

Pero en el centro siempre estuvieron los libros. La biblioteca de su tío Tito fue el punto de partida definitivo para el comienzo de su romance con la literatura. Ese tío solterón, comunista, ateo y misógino fue el que le acercó autores y clásicos que iban desde la antigüedad al siglo XX. La formación siguió en las salas de la Biblioteca Nacional, donde se topó por primera vez con Dostoievski, Salinger y Simone de Beauvoir.

“Estaba entusiasmada. Había muchos más libros que en la biblioteca de mi tío y podía obtener toda la información que deseaba. Un día, en la Biblioteca Nacional, descubrí El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, que leí minuciosamente y me aclaró definitivamente la cuestión de la identidad femenina y la escritura”, diría luego.

Justamente ese libro es el centro de una de las anécdotas que mejor pintan su carrera y lo que significó para las letras uruguayas. En su prueba de ingreso al Instituto de Profesores Artigas, del que egresaría como docente de literatura, se le pidió que analizara a las mujeres en la novela Eugenia Grandet, del francés Honoré de Balzac. Peri Rossi empezó su texto citando a De Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Cuando los integrantes del tribunal le hicieron su devolución tiempo después, le revelaron que no conocían a la escritora y filósofa francesa.

Peri Rossi es la sexta mujer en recibir el Cervantes en la historia del premio

En 1963 publicó su primer libro, Viviendo, una colección de tres relatos protagonizados por mujeres enfrentadas a un universo femenino rígido y opresivo, con el que marcó la cancha respecto a temáticas que vendrían después. Entre esa década y la siguiente se erigió como una de las plumas jóvenes más destacadas de Uruguay, cosechando premios literarios y elogios de eminencias de la literatura como el crítico Ángel Rama, pieza clave de la generación del 45.

En ese período escribió también algunos textos que reflejaban la convulsa situación política y social de un país que se dirigía cuesta abajo rumbo a una dictadura. Son textos en los que anticipa algunos de los eventos que se sucederían en los años siguientes, como las desapariciones y los secuestros.

También dentro de esa etapa, en 1971, se publicó su primer libro de poesía, Evohé, compuesto por versos de literatura erótica –una relativa rareza dentro de la literatura uruguaya y que en su momento representó un escándalo para propios y ajenos–, que en ese momento se editaron con el punto de vista de un narrador masculino, como forma de ocultar que en realidad se trataba de poesía erótica lésbica. Sería finalmente con la reedición del libro en 2021 que los poemas estarían planteados desde el punto de vista de una mujer.

“Me sentí en medio de una revolución y de una contrarrevolución, asombrada por las reacciones que producía y por las consecuencias que traía. Me convertí, sin haberlo deseado, en la Rimbaud de una ciudad donde, por lo demás, había nacido el conde de Lautréamont”, dice en el prólogo de esa nueva edición de este libro que terminaría prohibido por la dictadura militar.

La situación política del país fue también la causa de su exilio. Su militancia y su afiliación al Frente Amplio la convirtieron en una persona marcada, cuya vida estaba en peligro. Con ese panorama, optó por escapar rumbo a Barcelona, dejando atrás su carrera docente, a su familia, y a una biblioteca de más de tres mil libros que nunca recuperó.

La mujer de los barcos

Junto a Julio Cortázar, Beatriz Podestá y Glauco Capozzoli, en 1974

A Cristina Peri Rossi el mar la fascina, y también los barcos. Los admira, los colecciona, los ama. En todas sus formas, modelos y formatos. De un barco vino su familia y ella se fugó de su país en otro. Se fue de una ciudad que mira al mar, Montevideo, a otra que también lo abraza, Barcelona. “Sólo vivo en ciudades marinas. Si el mar no está, yo me siento encerrada”, escribió Peri Rossi, que interrumpió esa existencia acuática en un período en el que se estableció en París.

Allí llegó luego de sus dos primeros años en España. La ascendente dictadura uruguaya se negó a permitirle renovar su pasaporte, y la moribunda dictadura franquista la persiguió por haberse convertido en inmigrante ilegal. Como un exilio dentro del exilio, se refugió en la capital francesa, a donde llegó motivada por su colega, el argentino Julio Cortázar, que la descubrió luego de toparse con una de sus novelas de casualidad en una librería parisina y quedar encantado con ella. Se terminaría convirtiendo en un amigo cercano.

Beatriz Podestá, Roberto Gimeno, Julio Cortázar y Cristina Peri Rossi en 1976

Establecida definitivamente en Barcelona desde 1975, Peri Rossi trabajó para editoriales, realizó traducciones, recibió más premios, becas y fue seleccionada para intercambios creativos, incursionó en el periodismo y prosiguió su carrera literaria, ahora con la temática del exilio, el desarraigo y la sensación de ser ajena en todas partes como parte de su obra, algo que también se prolongaría en el resto de su bibliografía.

El ejemplo cumbre de esa línea está en La nave de los locos, una de sus novelas más celebradas, publicada en 1984, y que tiene a un barco como uno de sus escenarios principales, una nuevo eslabón en esa conexión con las embarcaciones y los mares, que se refleja incluso en el nombre de la muestra establecida en Alcalá de Henares con motivo de la entrega del Cervantes: La nave de los deseos y las palabras.

La ley del deseo

En las cinco décadas que pasaron desde su marcha hasta ahora, los regresos de Peri Rossi a Montevideo fueron periódicos, por lo que más allá de tener una relación intermitente con su ciudad natal, no se cortó del todo. Su obra fue analizada e investigada en ese período, aunque en cuanto a lo que estaba disponible en su país natal, las ausencias eran mayoría.

Más allá de lo que había editado previo a su exilio, de sus nuevas publicaciones solo se encontraban algunos de sus libros de poesía. Su recelo a ser publicada por editoriales transnacionales y una relación algo ambigua con Uruguay –enojada por la negativa a reconocerle sus años de trabajo docente, o por no ser contemplada por las leyes de pensiones para exiliados políticos– impulsaron también esa ausencia, que comenzó a revertirse en el último quinqueño, acompañando un proceso de reparación de esa conexión con el país.

En 2016, la editorial Estuario publicó el libro de cuentos Habitaciones privadas, iniciando así una serie de ediciones y reediciones de la obra de Peri Rossi, con la idea de acompasar los nuevos lanzamientos con su salida en España. Incluso la tendencia se revirtió con la edición de La insumisa, que a causa de la pandemia se publicó antes en Uruguay que en el país europeo. Fue la primera desde 1971 que eso pasaba con una obra de la flamante receptora del Cervantes.

Estuario editó por primera vez en Uruguay libros como La nave de los locos, que nunca había tenido hasta entonces una edición local, la nueva versión de Evohé, y la próxima semana, con la excusa del premio, publicará el libro de relatos Desastres íntimos. También está previsto editar otras de sus novelas, aunque todavía no hay fecha de publicación, con la intención de recuperar su obra. Todo esto la devolvió al primer plano y se conectó también con algunos reconocimientos como su incorporación a la Academia Nacional de Letras como miembro correspondiente en Barcelona, o la entrega en 2021 del título de Ciudadana ilustre de Montevideo.

Con estas reediciones su obra y su figura volvieron al primer plano, sobre todo para una generación que no conocía quién era Cristina Peri Rossi, y se encontró con una autora capaz de explorar el deseo y el erotismo como pocas otras voces, y también de ser contestaria, dar cuenta del mundo que la rodea –incluso siendo adelantada en el tratamiento de ciertos temas– y tener un gran manejo de la palabra. Un redescubrimiento que ahora se afirma con la entrega del premio Cervantes, y que resalta el periplo de ida y vuelta de una autora que escapó a clasificaciones y a las etiquetas.   

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